El próximo 13 de febrero tendremos elecciones autonómicas. Unas elecciones atípicas, por varias razones. La primera porque no se ha cumplido ni de lejos el tiempo de legislatura, puesto que cuando los ciudadanos votamos elegimos representantes para cuatro años. Segunda, porque por primera vez será una papeleta única, solo para determinar la composición de las Cortes de Castilla y León, y no como en otras elecciones, en las que a la vez son municipales. Este cambio no es menor, sobre todo en el medio rural, donde son precisamente los candidatos a alcaldes y concejales los que más se mueven para alentar la participación en la extensa red de 2248 municipios, más las correspondientes pedanías, que vertebran la Comunidad Autónoma.


En este caso no va a ser así, y podría traducirse en una participación más baja, aunque cualquier cosa puede ocurrir en esta situación inédita. Igualmente, nunca antes habían tenido tanto protagonismo en los informativos nacionales las elecciones de Castilla y León, sobre todo porque pueden marcar tendencia, tanto por el respaldo que consigan los partidos tradicionales como por el protagonismo que puedan alcanzar nuevas formaciones que entran en el tablero político.

Para añadir más incertidumbre al tema, ha entrado como un elefante en una cacharrería el ministro Alberto Garzón, con sus lamentables declaraciones en un periódico inglés criticando la calidad de la carne española y el estado de los animales en las “macrogranjas”, que para algunos son casi cualquier granja profesional de ganadería en intensivo. A estas alturas creo que habrá pocos españoles que no conozcan la posición de ASAJA en este asunto, que es la misma que la de los veterinarios, los agrónomos y cualquier persona que se atenga a los datos y no a ideologías peregrinas. La carne española cumple de largo la normativa europea vigente en calidad, sanidad y bienestar animal, que por cierto es la normativa más exigente del mundo, como prueba que nuestro producto sea muy apreciado en la exportación. También se cumple al cien por cien en cuanto a la dimensión de las explotaciones, que varía según la base territorial y de las condiciones económicas y profesionales del propio titular. Sean de un tamaño u otro, todas las explotaciones cumplen la normativa europea, estatal, autonómica y local, que determina distancias, bienestar animal, cuestiones medioambientales, etc. Por cierto, la normativa que regula los sectores porcino y avícola es de hace cuatro días, y fue aprobada por el Consejo de ministros en el que se sienta el señor Garzón. En ASAJA hemos pedido su dimisión o cese fulminante, pero Pedro Sánchez parece que no se ha dado por aludido.

La patochada de Garzón se ha convertido en leña electoral, y lo malo es que en ese fuego el que sale chamuscado es el sector ganadero. Lo peor es que se está confundiendo a la ciudadanía, contraponiendo ganadería extensiva e intensiva, cuando ambas son complementarias y necesarias para garantizar una alimentación sana, de calidad y a un precio asequible. Pero eso parece que no les importa, que el asunto es copar medios de comunicación con el alboroto político, buscando el voto de los agricultores y ganaderos, y del medio rural en su conjunto. Hemos pasado de lamentar que no se hable del campo en las televisiones, a casi desear que dejen de hacerlo, de tanto “especialisto” en ganadería que ha aparecido…

El campo vota

En fin, que una vez más espero y confío en que la gente del campo no se deje engatusar, que hagan memoria y comprueben en qué quedaron las promesas de anteriores campañas electorales, en las que por cierto también visitaron granjas para hacerse la foto. Al final, lo que importa son los hechos, no la palabrería.

 

Donaciano Dujo, Presidente de ASAJA Castilla y León