Agronews Castilla y León

Después de unos meses de noviembre y diciembre con un elevado número de siniestros, los incendios concluyeron, el tema se olvidó y todo volvió a estar más o menos como antes, aunque una buena parte de las áreas quemadas fueron acotadas por periodos variables entre uno y diez años, impidiéndose en ellas la actividad ganadera, con lo que los directamente perjudicados por esta oleada de incendios fueron, precisamente, los ganaderos a los que se había señalado como los causantes de la situación.

Ahora, cuando el tiempo ha pasado, y pueden observarse los acontecimientos con mayor distancia y objetividad, creemos desde UPA que resulta oportuno analizar el fenómeno de los incendios forestales, precisar las principales causas que los provocan e intentar definir algunas propuestas que contribuyan a solucionar este desastre recurrente. Más aún cuando nos encontramos ya en plena primavera y a las puertas del verano, el periodo del año con mayor riesgo y número de incendios.

 

Consecuencias de los incendios

Los incendios forestales tienen graves consecuencias negativas, aunque también ha habido algunas personas y grupos que se han beneficiado de esas desgracias colectivas. La principal y más evidente consecuencia negativa es la pérdida de vidas. Según el MAGRAMA, entre 1991 y 2013 hubo 141 fallecidos entre el personal dedicado a la extinción de incendios, a los que hay que añadir otras 48 personas muertas como consecuencia de los incendios que no formaban parte de esos equipos.

Los impactos ecológicos son también muy significativos. Los suelos se empobrecen por la pérdida de nutrientes, la microfauna se destruye y disminuye la permeabilidad, la vegetación muere y aumenta la probabilidad de plagas y la aparición de especies invasoras, las aguas se contaminan, se incrementa la erosión, se destruyen hábitats naturales, se pierden especies animales y vegetales, se rompen cadenas alimentarias, aumenta el riesgo de desertificación, así como la fragmentación de hábitats y la pérdida de valores estéticos y recreativos. Además, los incendios contribuyen de forma directa al efecto invernadero, emitiendo CO2 a la atmósfera. Se calcula que durante la última década se emitieron 15 millones de toneladas de CO2 por incendios forestales.

En ocasiones, los incendios han sido provocados por especuladores que aprovechaban la situación para adquirir terrenos a precios muy bajos, conseguían recalificaciones u obtenían algún otro beneficio a costa de empobrecer el medio ambiente y las comunidades rurales. Hay que reconocer que en la actualidad ese tipo de actuaciones, sin que pueda decirse que han desaparecido por completo, han perdido mucha importancia. Las leyes y la sensibilidad social y política tienden a no tolerar esas estafas al interés común.

 

Orígenes y causas de los incendios

Todos los datos disponibles indican que el origen de la gran mayoría de los incendios forestales en España es humano. A nivel nacional, se considera que el 55% de los incendios es intencionado (en el noroeste ese porcentaje crece hasta el 70%), frente a un 23% que ocurre por accidente o negligencia. Las causas que pueden provocar un fuego son muy variadas y es posible poner el foco en diferentes factores, según el interés de cada uno. ¿Son los ganaderos intentando ampliar y mejorar los pastos para sus animales?

¿Son pirómanos con motivaciones difíciles de precisar? ¿Son especuladores que quieren aprovechar algún resquicio legal para recalificar terrenos o facilitar alguna operación de compraventa? ¿Son turistas y visitantes que arrojan colillas en una maleza seca o no cuidan con suficiente atención la barbacoa? ¿Son agricultores o jardineros a los que la quema de rastrojos se les va de las manos? De todo esto hay y es absurdo negarlo, pero el tema tiende a ser más complejo.

En primer lugar hay que tener en cuenta que los pasados otoño e invierno han sido especialmente cálidos y secos, lo que quiere decir que han resultado favorables para la extensión de los incendios forestales. En términos generales, la temperatura otoñal fue apenas 0,5 ºC superior a la media, pero en noviembre se acumularon unos días de fuerte calor, justo antes de los incendios. Por su parte, las precipitaciones se situaron un 40% por debajo de la media. La acumulación de muchas malezas secas después de unos años anteriores de mucha lluvia hizo el resto. Más allá de comportamientos individuales o de causas meteorológicas, los incendios son principalmente consecuencia de un contexto complejo que podemos caracterizar como de abandono y descuido del medio rural. De forma más concreta, podemos destacar los siguientes elementos:

  • Despoblación y envejecimiento de las áreas rurales.
  • Abandono o disminución drástica de usos tradicionales, en especial del pastoreo, del aprovechamiento de pastos y de la recogida de madera.
  • Tendencia a desaparecer o reducirse el uso forestal como productor de materias primas.

Es cierto que falta todavía conciencia social sobre la importancia de conservar nuestros bosques, es cierto que hay que continuar estrechando el cerco ante los pirómanos, es cierto también que hay que ser beligerantes ante ciertas prácticas dañinas, pero el problema de los incendios forestales continuará si los montes (y el medio rural en su conjunto) están abandonados, llenos de maleza, sin utilidad económica y social. Son situaciones que solo están esperando la “chispa” (provocada por el hombre o por la propia naturaleza) para arder.

 

La ganadería no es el problema, es la solución

No puede negarse que los pastores han quemado tradicionalmente los montes y pastos en beneficio de sus ganados, dando lugar en muchos casos a graves daños ambientales. A menudo existe una perniciosa cultura del fuego que considera que los incendios son “naturales”, que “siempre se han hecho” y que se exageran sus consecuencias. Esa cultura y las prácticas que genera deben ser combatidas y erradicadas, promoviendo actuaciones que combinen la conservación del medio con su utilización productiva.

deinteres_03Ahora bien, reconociendo esa responsabilidad, resulta injusto condenar a todo el colectivo de ganaderos, identificándoles como una partida de incendiarios peligrosos. De hecho, el paisaje forestal que hoy conocemos y admiramos es una consecuencia directa de las prácticas ganaderas y de gestión de los montes llevadas a cabo por los habitantes del mundo rural durante muchas generaciones.

En ese sentido, la ganadería debe ser vista más que como una causa del problema como un elemento clave para su solución. La ecuación que habría que manejar indica que cuanta más ganadería extensiva tengamos menos incendios forestales incontrolados padeceremos. José Ramón García Alba, secretario general de UCA-UPA Asturias y ganadero, señala que “el pastoreo bien organizado ayuda a conservar los suelos al producir tapices herbáceos capaces de retener los procesos erosivos, ya que mejora su estructura con aportes de materia orgánica”. Por su parte, Jesús Garzón, presidente de la Asociación Trashumancia y Naturaleza, y Olga Rada, de la Fundación Entretantos, indican que “la presencia de ganado en el monte constituye una forma eficaz y sostenible de prevenir los incendios forestales porque controla el crecimiento de la vegetación herbácea y arbustiva…, y porque compartimenta el paisaje y genera discontinuidades en el combustible. Además, la presencia de ganaderos en el monte permite conservar infraestructuras vitales para la prevención y extinción de incendios, como caminos, puntos de agua o casetas. La ganadería extensiva contribuye a mantener vivas y habitadas las comarcas rurales, constituyendo un motor para la economía local, dependiente de cuidar y conservar sus recursos naturales, lo que directamente hace disminuir el número de incendios”.

Datos básicos sobre los incendios forestales en España

LOS incendios forestales son, lamentablemente, una plaga que afecta a nuestro país. Después de unos años (2013 y 2014) especialmente benignos, con una muy escasa incidencia de incendios, se asume que gracias a unas excepcionales condiciones climatológicas, en 2015 el número y las superficies quemadas por los incendios crecieron de forma muy significativa. Los siniestros registrados superaron los 11.900, un 18% más que en el año anterior, con una superficie forestal afectada de 103.000 hectáreas, lo que viene a suponer el 0,37% de toda la superficie forestal nacional. Los grandes incendios forestales (GIF), con más de 500 hectáreas arrasadas, fueron 15. La superficie quemada en estos grandes incendios se acercó a 39.500 hectáreas. Hay que recordar que en 2014 apenas se registraron 7 GIF y la superficie forestal afectada no llegó a 9.700 hectáreas.

Estas cifras, aun siendo muy graves, indican que en los últimos tiempos se han logrado grandes avances en la prevención y en la mitigación de la incidencia de los incendios. Entre 2005 y 2014, la media de incendios se ha reducido en un 30% con respecto a la década anterior. También la superficie afectada ha disminuido de manera notable. Entre 2005 y 2014 ardieron de media 107.300 hectáreas anuales, lo que supone una reducción del 10% con relación a lo ocurrido en la década anterior y del 58% con respecto a hace dos décadas. También hay que resaltar que, en la actualidad, el 65% de los incendios es controlado en fase de conato y en el 99,8% de los casos, los dispositivos de extinción consiguen apagar el fuego antes de superar las 500 hectáreas, que lo convierten en un gran incendio forestal.

La realidad es que en los últimos tiempos la incidencia de los grandes incendios forestales tiende a ser mucho mayor y que nos vamos viendo abocados a un escenario de menos incendios, pero mucho más devastadores. En la actualidad, el 0,18% de los siniestros provoca el 44% de la superficie total quemada. Este dato parece confirmar que tenemos unos bosques listos para arder, como enormes polvorines a la espera de que alguien encienda la mecha. Por si esto fuera poco, los efectos del cambio climático pueden aumentar exponencialmente los riesgos y la gravedad de los incendios. Un incremento de las temperaturas, una prolongación de los periodos de sequía y una mayor incidencia de las olas de calor generan un escenario muy favorable para el aumento de los incendios forestales.

Según el Instituto de Física de Cantabria, un centro mixto del CSIC y la Universidad de Cantabria, antes de 2075 las áreas quemadas por incendios se triplicarán en la península Ibérica como consecuencia del calentamiento global.

Claves para reducir y evitar los incendios forestales EXISTEN muchas propuestas con medidas concretas para reducir la vulnerabilidad de nuestros bosques. El Fondo Mundial para la Naturaleza WWF-España propone en su documento “Bosques listos para arder 2015” las siguientes:

PROMOVER UNA PREVENCIÓN ACTIVA PARA HACER LOS BOSQUES MENOS VULNERABLES AL IMPACTO DE LOS GRANDES INCENDIOS FORESTALES

  • Identificar las zonas de alto riesgo de incendio y diseñar y aplicar planes de defensa específicos.
  • Dinamizar el medio rural y forestal y reducir los conflictos sociales.
  • Exigir planes de defensa contra incendios a municipios y viviendas ubicados en la interfaz urbano-forestal.
  • Diseñar y aplicar estrategias de restauración en masas forestales afectadas por GIF.

APROBAR POLÍTICAS PÚBLICAS ECONÓMICAS DE APOYO AL CONSUMO DE PRODUCTOS FORESTALES

  • Impulsar una fiscalidad favorable para estimular la puesta en valor del medio forestal.
  • Promover políticas de compra pública responsable.

INCREMENTAR LA TRANSPARENCIA EN LA LUCHA CONTRA INCENDIOS

  • Hacer públicas las inversiones destinadas a la lucha contra incendios.
  • Publicar las actuaciones de prevención impulsadas a nivel autonómico.
  • Elaborar registros autonómicos de áreas quemadas.

TERMINAR CON LA ACTUAL IMPUNIDAD DE LOS INCENDIARIOS

  • Incrementar los porcentajes de causas y motivaciones conocidas de los incendios.
  • Incrementar los porcentajes de sanciones y condenas para quienes estén detrás de los incendios.

COMBATIR EL CAMBIO CLIMÁTICO

  • Conocer de dónde partimos y a dónde vamos.
  • Apostar por una transición energética hacia un modelo eficiente y renovable.

Evidentemente, la lógica y los intereses de WWF España y los de UPA presentan diferencias sustanciales, ya que, en su caso, se trata de una organización ecologista, mientras nosotros somos una organización que agrupa, representa y defiende los intereses de los profesionales de la agricultura y la ganadería en España. De todas maneras, asumimos que en la defensa y protección de nuestros bosques los intereses de las organizaciones ecologistas y de los de los agricultores y ganaderos encuentran muchos puntos en común y que podemos impulsar conjuntamente iniciativas que contribuyan, de forma paralela, a asegurar la sostenibilidad de nuestros espacios forestales y el futuro del mundo rural.

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Artículo publicado originalmente en la revista La Tierra del Agricultor y Ganadero núm. 255, accesible aquí

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