Hace varios días leía una noticia sobre la queja de los ingenieros agrónomos. Por la egoísta apropiación por parte de los veterinarios de las competencias en la garantía y control en el bienestar animal se quejaban los agrónomos amargamente porque les quitaban su parte de protagonismo, se quejaban de la arrogancia de los veterinarios y de apropiación indebida de ciertas competencias legales, gritando alto y enfadados contra el sector veterinario.

Nada que ver con el bienestar animal y sí con la posibilidad de perder protagonismo y sobre todo cuota de mercado en una lucha para demostrar quién es “más guapo y más listo”.

Pero nadie se paró a pensar que los que ponemos los animales somos los ganaderos y junto con los animales, esos a los que queremos como uno de nosotros pues vivimos con ellos y de ellos, ponemos  también las instalaciones y pagamos considerablemente por los proyectos, que cobran muchos agrónomos justamente por cierto, pero también pagamos considerablemente y justamente por las visitas de los veterinarios que nos aconsejan en clínica, nutrición e incluso administrativamente. Nosotros los ganaderos ponemos las vacas, las instalaciones, la inversión, el trabajo todos los días del año y sobre todo el cariño y la pasión por esta maravillosa y apasionante profesión, pero todo el mundo quiere llevarse el mérito. Eso sí cuidado con el demérito o los errores, ésos si que los cometen esos “necios” ganaderos que están trabajando constantemente y que se juegan su patrimonio cada día, ésos que pagan las consecuencias si cometen errores.

A esos mismos a los que la sociedad criminaliza y exige cada día más y más y que, por otra parte, cada día somos más profesionales, tenemos mejores instalaciones, cumplimos infinitas normas y sufrimos una mayor competencia desleal.  Pero las administraciones europeas y nacionales, ésas que nos exigen estándares altísimos de calidad y bienestar animal, firman convenios para permitir la entrada  desde países terceros de alimentos producidos sin ninguna de las garantías que sí cumplimos y se nos exigen en Europa y a nadie se le cae la cara de vergüenza. Esos sectores que se erigen en salvadores de los animales y garantes del bienestar animal, que viven al igual que los ganaderos de nuestros animales, quizás deberían alzar la voz para pedir comprensión, no para acercar el ascua a su sardina.

Los primeros, los más interesados y los que ponemos el dinero para el bienestar animal pagando a todos los demás sectores y haciendo cada día mejores instalaciones somos los ganaderos, algo que nadie debería olvidar.

Porque es cierto que somos lo que comemos y que un animal bien cuidado produce buenos alimentos. Esas altas exigencias las comprendemos y las hacemos nuestras, no podemos ser ajenos a la realidad, nos ayudan a mejorar y a producir cada día mejores alimentos.

Recuerden, el más interesado en el bienestar animal es el ganadero.

Fernando Gutiérrez es ganadero de vacuno de leche de Quintana del Puente (Palencia) y Premio Surcos a la Mejor explotación ganadera en 2019

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