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El empleo de alfalfa deshidratada, señalan desde la Cooperativa AGROPAL, en explotaciones de producción láctea supone una disminución de las pérdidas de valor nutritivo del forraje, mejora su calidad higiénica, reduce el porcentaje de agua aumentando así su contenido en nutrientes y revirtiendo en una mayor rentabilidad de la explotación.

 

 

INTRODUCCIÓN

Los forrajes son alimentos imprescindibles para los rumiantes puesto que proporcionan la fibra necesaria para mantener el normal funcionamiento del rumen y la salud de los animales. La calidad o el valor nutritivo de un forraje se define como la capacidad para cubrir las necesidades nutritivas y, por tanto, en animales en producción para lograr que presenten un elevado rendimiento productivo (p.e. producción de leche).

La alfalfa es una leguminosa forrajera que se utiliza fundamentalmente para aportar proteína de alta calidad, macronutrientes, microminerales y vitaminas de forma natural en la ración del ganado. Además, es una fuente importante de fibra efectiva muy necesaria para animales rumiantes.

VALOR NUTRITIVO DE LA ALFALFA DESHIDRATADA

La alfalfa en cualquiera de sus formas es una buena fuente de proteínas a nivel intestinal para cubrir las necesidades en aminoácidos, proporciona también nitrógeno degradable a nivel del rumen para satisfacer las necesidades microbianas y mantener de esta forma la ingesta, la digestibilidad y la síntesis de proteínas microbianas, lo cual la pone en ventaja frente a otros forrajes como henos de hierba, ensilado de cereales, etc. Es, además, una fuente interesante de minerales (Ca y P principalmente) y vitaminas.

Las leguminosas y la alfalfa en particular se caracterizan por su elevada ingestibilidad en relación a su valor energético; no obstante, su valor nutritivo disminuye rápidamente con la edad del forraje y con las pérdidas durante la manipulación.

Si comparamos el forraje en su forma natural con sus distintas formas de conservación (henificación, ensilado y deshidratación), siempre se producen pérdidas inevitables en el rendimiento o en la calidad. Las principales pérdidas se producen durante el cosechado, el manejo mecánico y el almacenamiento de los forrajes, siendo mucho menores en el proceso de deshidratación.

La deshidratación de la alfalfa se lleva a cabo por secado rápido a altas temperaturas, es el proceso de conservación que provoca menos pérdidas nutritivas al reducir las pérdidas por respiración entre la siega y la muerte de la planta.

La deshidratación, además de reducir las pérdidas de valor nutritivo, mejora la calidad higiénica, consecuencia de una menor contaminación microbiana, lo que supone una mayor seguridad en la futura conservación.

En relación al tiempo de secado, cuanto más tiempo permanece el forraje en el campo, mayores pérdidas de nutrientes se producen, especialmente pérdidas físicas, como pérdidas de hojas y tallos que caen al suelo y no se recogen. Y precisamente en el caso de la alfalfa, el estadio fenológico con mayor valor nutritivo es el previo a la floración, cuando los contenidos de fibra (FND y FAD) son menores y las estructuras de la planta son más frágiles y fáciles de romper. Por ello, el proceso correcto de deshidratación evita las pérdidas y el deterioro del forraje.

En el proceso de deshidratación de la alfalfa se consigue una mejor extracción del agua, lo que permite obtener un forraje con un porcentaje muy reducido de agua. Esta circunstancia se refleja en las ventajas añadidas de un menor riesgo de contaminación microbiana y en que al tener mayor contenido de nutrientes por kilo de forraje, el coste de transporte por kilo de nutrientes es menor en la alfalfa deshidratada que en el heno y el ensilado.

El contenido de materia seca de la alfalfa deshidratada se sitúa normalmente entre el 88 y el 92 %, siendo este un parámetro importante a la hora de establecer el coste de un forraje. En general, cuanto mayor sea el contenido de materia seca, mayor será el precio del producto porque lo importante es el aporte de nutrientes no de agua. Por ejemplo, en una alfalfa deshidratada con un 95 % de materia seca, por cada 1000 kg estaremos pagando por 9550 kg de nutrientes y 50 kg de agua. Si el contenido de materia seca es del 90 %, habremos pagado por 100 kg de agua y solo 900 kg de nutrientes.

EL PROCESO DE DESHIDRATACIÓN APORTA

  • Alta calidad nutritiva, elevado aporte de proteína de alta calidad.

  • Producto homogéneo y estable.

  • Evitar fermentaciones al bajar la humedad.

  • Prolongar la conservación.

  • Pacas de mayor peso, ahorrando espacio y costes de transporte, conseguimos más cantidad de materia seca en menor espacio.

  • Suministro regular a lo largo de todo el año.

  • Forrajes adaptados al sistema de alimentación de cada explotación.

  • Asegurar unos controles de trazabilidad, calidad y seguridad alimentaria.

VENTAJAS DEL USO DE ALFALFA DESHIDRATADA

  • Estimula la rumia y la masticación.
    Supone la remasticación de la ingesta de alfalfa que ha sido sometida a un proceso de fermentación microbiana; de esta manera se hace trituración delicada del alimento, posteriormente se procede a la masticación e insalivación del material para favorecer el ataque de los microorganismos en el rumen y el buen funcionamiento del mismo.

  • Aumenta la secreción de la saliva.
    Este efecto está relacionado con el anterior. La fibra de la alfalfa estimula la masticación y a su vez la salivación, con lo que aumenta la cantidad de bicarbonato que llega al rumen a través de la saliva. Esto ayudara a controlar el pH, subiéndolo y evitando problemas en la rumia previniendo así problemas de acidosis en los animales.

  • Ayuda a enlentecer el tránsito de los alimentos en el rumen.
    Permitiendo que se aprovechen mejor otros alimentos como los concentrados proteicos y los cereales.

  • Ayuda a mejorar la composición de la leche.
    En la situación actual del mercado de la leche donde se prima la proteína y la grasa de la leche, la alfalfa puede modificar la composición de la leche en sentido favorable. El nivel de fibra y la forma física de las partículas de la fibra afectan la rumia y a la producción de AGV (Ácidos Grasos Volátiles) favoreciendo una mayor producción de ácido propiónico.

  • Aumenta la ingestión del animal.
    La reducción del tamaño de las partículas de un forraje provoca automáticamente un aumento en las cantidades ingeridas, que unido a la gran ingestibilidad de la alfalfa determinan ingestiones elevadas. Esto es de gran interés cuando se trata de animales con elevadas producciones (vacas de leche, ovejas lecheras, …) donde un aumento de su capacidad de ingesta es clave en el incremento de producción.

  • Ayuda a controlar la bajada del pH ruminal.
    El consumo de alfalfa evita acidosis ruminal causante de la bajada de pH en el rumen.

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