Elena Rodríguez - Corresponsal en León - Agronews CyL

 

  • El pequeño Iván ha sido el primer bebé nacido en 64 años en esta pequeña localidad de la Montaña Oriental Leonesa donde sus padres tienen una ganadería en extensivo

Víctor González se crió en Guardo (Palencia), pero pasó su infancia visitando y disfrutando del pueblo de sus abuelos, Valcuende (perteneciente al municipio de Valderrueda), a 8 kilómetors de distancia de Guardo, allí pasaba las vacaciones y siempre, reconoce, le “llamó” volver. Así que hace nueve años decidió dejar su trabajo, arreglar lo que era una de las cuadras de la casa de sus abuelos y convertirla en un nuevo hogar, comenzó a criar ganado en extensivo, en una zona de ricos prados en la Montaña oriental leonesa. Al principio pocas cabezas y ahora suma ya 60 animales de la raza autóctona Parda de Montaña. Hace tres años conoció a Viviana, una uruguaya que llevaba 15 años en España y a la que la tranquilidad del pueblo llamó igual que a Víctor, juntos trabajan desde entonces en la ganadería y en atender a los animales y la huerta que les proporcionan alimento. En Valcuende, hasta el pasado 7 de abril, vivían Víctor, Viviana, Carmina y el alcalde pedáneo, Miguel. No había habido ningún bebé desde 1956. Pero ese día, el calendario que marca el número de años sin nacimientos que llevan muchos pueblos del medio rural, se paró porque llegó el pequeño Iván, un bebé sano de casi cuatro kilos que nació en el Hospital de León. Lo hizo en medio de una pandemia y, por eso, no han “podido llevarle al pediatra y la atención se hace por teléfono”, asegura su padre Víctor González, pero “evoluciona bien” tanto el pequeño como su madre.

 

“Mejor que en ningún sitio”

Víctor y Viviana tuvieron claro que mejor que en Valcuende no iban a estar “en ningún sitio”. Desde la llegada de Iván el 100% del tiempo de su madre es para el retoño y su padre le dedica el 80%, reconoce, y el resto es para atender al ganado, sus 60 vacas nodrizas que producen terneros para cebadero, es decir, para carne y terneras para madres, una ganadería en extensivo en una zona de montaña, cerca del Parque Nacional de los Picos de Europa, donde el aire, la tranquilidad y los pastos son de alta calidad.

En Valcuende, asegura Víctor, “se puede sobrevivir, sin ser rico y sin grandes lujos, pero estamos tranquilos que es de lo que se trata, sin estrés y sin depender de nadie”.

La pandemia provocada por la COVID-19 está teniendo efectos importantes en los productores de carne por el cierre de la hostelería, la de Víctor y Viviana también lo nota. “Ha venido un invierno bueno, y también la primavera, parecía que venia buen año y a la hora de vender se desplomaron los precios”, aunque “luego vas a la carnicería y el precio sigue igual, pero a la hora de vender los terneros han bajado mucho, está por los suelos”. Con esta situación ha tomado la decisión de “recriar las hembras, antes que regalarlas” y en el caso de los machos lamenta que tendrá que venderlos, “los puedo aguantar hasta el año, pero a ver qué pasa, hasta septiembre no va a vender nada a ver cómo está entonces la cosa”.

 

Internet por satélite y con poca velocidad

El día a día trasncurre “con mucha tranquilidad”, atendiendo al ganado, la casa, la huerta y, ahora, principalmente, al bebé, relata Víctor, que para hablar por teléfono se tiene que colocar en el único sitio de su casa en el que hay cobertura y “solo un poco y de una compañía”. Para tener acceso a Internet deben hacerlo vía satélite, “que es más caro”, pero que les permite que la familia conozca, a través de la pantalla, la evolución del pequeño.

Para hacer las tramitaciones y certificados necesarios de la ganadería, explica Víctor, no pueden hacerlo a través de la Unidad veterinaria virtual porque va demasiado lento, así que se desplazan a la oficina de Cistierna, a unos 20 kilómetros, a “hacerlo allí directamente”. Allí también irá el pequeño Iván, el niño que ha llenado Valcuende de alegría, al médico y al instituto.

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