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Las vides de uva ocupan el 3% de la superficie cultivable de la Unión Europea, un cultivo que emplea hasta el 65% de los pesticidas utilizados en la agricultura comunitaria. Este último porcentaje  se podría reducir drásticamente si Europa apostara por las tecnologías de reproducción vegetal más avanzadas como el CRISPR, que permitirían obtener variedades de uva de vino resistentes al oidio de la parra y al mildiu de la vid

Fuente: www.fundacion-antama.org

Estas dos enfermedades son las más frecuentes y devastadoras de este cultivo. Llegaron de América en el siglo XIX y siguen siendo temibles enemigos para los enólogos, que no tienen herramientas suficientes para vencerlas. Una edición genética a través de CRISPR no variaría la identidad genética de este cultivo pero permitiría otorgarle resistencia.

Investigadores se encuentran trabajando desde hace varios años en este cultivo, utilizando las tecnologías CRISPR. En el caso de Italia, en 2015 se registraron diez variedades de uva editada genéticamente en el Catálogo Nacional de Variedades y en 2018 se realizaron las primeras cosechas en campo. Pese a que todavía está en fase precomercial, los resultados fueron positivos en cuanto a resistencia a enfermedades.

Los científicos esperan que los reguladores dejen de frenar el progreso de esta tecnología sin tener argumentos científicos que lo justifiquen. También esperan que tanto productores como consumidores conozcan el potencial de estas técnicas para afrontar los retos agroalimentarios y medioambientales a los que se enfrenta la humanidad.

Los investigadores esperan la incertidumbre regulatoria en la que se encuentran las tecnologías CRISPR (que han sido sometidas a la misma regulación que los transgénicos pese a que no sean lo mismo) no desaliente la investigación.

Más información en Le Science.

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