
El sector agroalimentario europeo enfrenta una nueva amenaza tras la aprobación definitiva del Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR), adoptado el pasado 16 de diciembre por el Consejo de la Unión Europea. Este reglamento, que cierra dos años de intensas discusiones, introduce medidas y reglas que, según los actores del sector, contradicen los objetivos fundamentales de la UE, como la lucha contra el desperdicio alimentario, la promoción del consumo de frutas y hortalizas y la sostenibilidad.
Impacto directo en los envases del sector hortofrutícola
Entre las disposiciones más controvertidas destaca la prohibición del uso de envases de plástico de un solo uso para frutas y hortalizas frescas en presentaciones inferiores a 1,5 kg, que entrará en vigor en 2030. Además, se vetará el uso de pegatinas no compostables en estos productos. Estas medidas han generado un fuerte rechazo por parte de Cooperativas Agro-alimentarias de España y otras organizaciones sectoriales, que alertan sobre las siguientes consecuencias:
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Aumento del desperdicio alimentario: Los envases plásticos contribuyen a la conservación de productos frescos, evitando su deterioro tanto en puntos de venta como en los hogares.
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Descenso del consumo de frutas y hortalizas: Experiencias en países como Francia, pionero en estas medidas, muestran que estas regulaciones han reducido el consumo.
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Pérdida de información al consumidor: Sin etiquetas adecuadas, se dificulta la identificación del origen, las características y las marcas de los productos.
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Desaparición de formatos de conveniencia: Los consumidores demandan cada vez más opciones fáciles de transportar y almacenar.
Según el sector, estas restricciones son arbitrarias y no están respaldadas por estudios científicos o de impacto que validen su eficacia. Además, representan un obstáculo para los esfuerzos del sector en la transición hacia envases más sostenibles.

Una normativa fragmentada y desigual
El reglamento también permite que cada Estado miembro implemente las medidas de forma desigual, lo que genera un panorama regulatorio fragmentado dentro de la UE. Por ejemplo:
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España podría mantener normas más estrictas ya adoptadas, como el Real Decreto 1055/2022, que obliga a vender frutas y hortalizas a granel por debajo de 1,5 kg salvo para una lista de excepciones aún pendiente de definición.
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Las exenciones para productos con riesgo de deterioro serán determinadas de manera individual por cada país, lo que aumenta la inseguridad jurídica y los costes para los operadores.
Esta falta de armonización contradice principios clave de la UE, como la libre circulación de mercancías, y dificulta el avance de las organizaciones de productores hacia la diferenciación y la valorización de sus productos.
Un precedente en Francia: la anulación de su normativa
El caso de Francia, donde una normativa similar fue anulada recientemente por el Consejo de Estado, pone de manifiesto las debilidades de estas medidas. La decisión francesa debería servir como ejemplo para países como España, que podrían evitar imponer reglas aún más exigentes antes de 2030.
Contradicciones con los objetivos de la UE
El sector hortofrutícola europeo señala que el reglamento no solo es incoherente con las políticas de la Política Agrícola Común (PAC), sino también con otros objetivos de la UE:
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Lucha contra el desperdicio alimentario: Obligar a vender productos a granel aumenta la posibilidad de deterioro.
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Promoción del consumo de frutas y hortalizas: La falta de envases adecuados podría desincentivar el consumo.
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Sostenibilidad: Las medidas no consideran el ciclo de vida completo de los envases y podrían resultar menos sostenibles en práctica.
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Seguridad alimentaria: Los envases contribuyen a preservar la calidad y la seguridad de los productos frescos.
El llamamiento del sector a una revisión de las reglas nacionales
Cooperativas Agro-alimentarias de España y otras entidades esperan que las normativas nacionales no agraven aún más la situación. Solicitan que se suspendan los trabajos relacionados con la adopción de la lista de excepciones en el Real Decreto 1055/2022 y que se priorice una estrategia armonizada en toda la UE.
La necesidad de un enfoque basado en la ciencia
El sector insiste en que cualquier regulación debe basarse en estudios científicos que consideren el impacto real en la sostenibilidad, el consumo y el desperdicio alimentario. Además, reclaman que se tenga en cuenta el esfuerzo ya realizado por la industria para reducir el uso de envases y avanzar hacia soluciones más sostenibles.
Conclusiones
El Reglamento de Envases y Residuos de Envases representa un desafío significativo para el sector hortofrutícola europeo, con implicaciones que podrían alterar profundamente la dinámica del mercado. Las medidas adoptadas, calificadas como discriminatorias y arbitrarias, plantean retos en términos de sostenibilidad, seguridad alimentaria y libre circulación de mercancías. Es fundamental que las autoridades europeas y nacionales trabajen de la mano con el sector para garantizar un marco regulatorio que realmente promueva los objetivos comunes de la UE.










