
El apoyo financiero de la Unión Europea a la agricultura en las regiones ultraperiféricas sigue siendo clave para mantener la actividad agraria en territorios remotos e insulares, pero no está logrando avances suficientes en competitividad, diversificación ni sostenibilidad a largo plazo. Así lo concluye un nuevo informe del Tribunal de Cuentas Europeo, que analiza el impacto del programa POSEI y del conjunto de ayudas comunitarias destinadas a estas regiones.
La nota de prensa del Tribunal subraya que, aunque algunos sectores concretos —como el plátano o la producción láctea— han logrado mantenerse competitivos gracias al apoyo europeo, otros cultivos tradicionales han perdido peso, y los desafíos medioambientales y demográficos ponen en riesgo el futuro del sector agrario en estos territorios.
Un apoyo clave para territorios con desventajas estructurales
Las regiones ultraperiféricas de la UE comparten una serie de limitaciones estructurales que condicionan su desarrollo agrícola: lejanía del continente europeo, insularidad, fragmentación territorial y una fuerte dependencia de las importaciones. Para hacer frente a estas desventajas, a comienzos de la década de 1990 se creó el programa POSEI, un instrumento específico de financiación agrícola.
Este programa se aplica actualmente en las regiones ultraperiféricas de tres Estados miembros:
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Francia: Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa, La Reunión, San Martín y Mayotte.
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España: Canarias.
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Portugal: Azores y Madeira.
Los sectores agrícolas tradicionales en estas zonas incluyen el plátano, el azúcar y la caña de azúcar, la producción de leche y carne, y el tomate.
Según el informe, la UE destina hasta 653 millones de euros anuales al POSEI, una cifra que se complementa con otros instrumentos ajenos a la Política Agrícola Común (PAC), como la política de cohesión, las ayudas estatales y la política comercial.
Competitividad desigual según sectores y regiones
El análisis del Tribunal muestra un impacto muy desigual del apoyo europeo en función del sector y del territorio.
La mayor parte de los fondos del POSEI se concentra en los sectores tradicionales, con el objetivo de mantener la producción y reforzar la competitividad en términos de calidad, volumen o precio. Este enfoque ha permitido resultados positivos en algunos casos, pero ha fracasado en otros.
El plátano, el principal beneficiario
El sector del plátano es, con diferencia, el mayor receptor de ayudas del POSEI, al absorber el 42 % del presupuesto total, lo que equivale a 277 millones de euros en 2023.
El Tribunal constata que este apoyo ha contribuido a mantener la competitividad general del sector, especialmente en las regiones ultraperiféricas francesas. Sin embargo, también señala importantes desequilibrios:
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La financiación se concentra en unos pocos grandes productores.
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En algunas regiones, el apoyo llega a compensar pérdidas de producción o retiradas del mercado.
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Aunque los plátanos producidos en la UE se venden a precios más elevados que los de terceros países, la mayor parte del beneficio se queda en la cadena de intermediación, y no en los agricultores.
El resultado es que los ingresos de muchos productores no cubren los costes de producción, a pesar del fuerte respaldo público.
Tomate y azúcar: pérdida de competitividad
Otros sectores tradicionales han tenido una evolución mucho menos favorable.
El tomate, que durante años fue un pilar de la agricultura en Canarias, ha sufrido un fuerte descenso de la producción y de las exportaciones, pese a recibir apoyo comunitario. El Tribunal destaca que el sector no ha logrado competir con la producción de países no pertenecientes a la UE, que operan con costes mucho más bajos.
Algo similar ocurre con el azúcar y la caña de azúcar en las regiones ultraperiféricas francesas. Aunque este sector desempeña un papel relevante en términos de economía social y circular, su sostenibilidad financiera y su competitividad siguen siendo insuficientes.
El caso positivo del sector lácteo
El sector lácteo de las Azores constituye la principal excepción positiva. Según el informe, el POSEI ha permitido mantener una producción estable y preservar la competitividad de esta actividad, consolidándola como uno de los pilares económicos del archipiélago.
Diversificación: el gran reto pendiente
Uno de los principales déficits señalados por los auditores es la escasa diversificación de cultivos y de la ganadería en las regiones ultraperiféricas.
A pesar de los objetivos declarados del POSEI, los avances en este ámbito han sido limitados. La mayor parte de los fondos sigue destinándose a actividades tradicionales, lo que refuerza un modelo productivo poco flexible y muy dependiente de un número reducido de cultivos.
Esta falta de diversificación tiene consecuencias directas:
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Mayor vulnerabilidad económica ante cambios de mercado.
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Riesgos elevados frente a fenómenos climáticos extremos.
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Presión creciente sobre los recursos naturales, especialmente el suelo.
Medio ambiente y cambio climático: una asignatura pendiente
El informe del Tribunal es especialmente crítico con la insuficiente integración de los retos medioambientales y climáticos en los programas de apoyo.
Las grandes superficies dedicadas a cultivos permanentes, sin rotación ni diversificación, están ejerciendo una presión significativa sobre la salud del suelo. A ello se suma el impacto creciente del cambio climático, que se manifiesta en estas regiones a través de:
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Ciclones más frecuentes e intensos.
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Sequías prolongadas.
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Mayor incertidumbre productiva.
Pese a este contexto, los auditores señalan que los programas POSEI no incorporan de forma suficiente medidas de adaptación climática, lo que compromete la sostenibilidad futura del sector agrario ultraperiférico.
El factor demográfico: agricultores cada vez más mayores
Otro elemento crítico es el envejecimiento de la población agrícola. La falta de relevo generacional agrava los problemas estructurales del sector y dificulta la adopción de nuevas prácticas productivas, más sostenibles y diversificadas.
Según el Tribunal, esta tendencia demográfica, combinada con la presión climática y la escasa diversificación, pone en riesgo la viabilidad a largo plazo de la agricultura en estas regiones.
Importaciones y usuarios finales: ¿quién se beneficia realmente?
El informe también cuestiona la eficacia del apoyo a las importaciones, uno de los pilares del POSEI para garantizar el suministro de productos agrícolas esenciales.
Los auditores instan a mejorar la evaluación de los beneficios reales para los usuarios finales, ya que, en muchos casos, el apoyo no se traduce en precios más bajos ni en ventajas claras para los consumidores, mientras que los agricultores siguen enfrentándose a márgenes muy reducidos.
Las recomendaciones del Tribunal de Cuentas Europeo
Ante este diagnóstico, el Tribunal de Cuentas Europeo formula varias recomendaciones clave dirigidas a la Comisión Europea:
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Reexaminar el apoyo a las actividades agrícolas tradicionales, evaluando su eficacia real.
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Reforzar de forma decidida la diversificación de cultivos y de la ganadería.
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Integrar mejor los objetivos medioambientales y de adaptación al cambio climático.
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Mejorar los sistemas de evaluación para comprobar si el apoyo a las importaciones beneficia realmente a los usuarios finales.
En palabras de Klaus-Heiner Lehne, miembro del Tribunal responsable de la auditoría, el programa ha sido importante para sostener la actividad agrícola, pero “ha descuidado la sostenibilidad a largo plazo”, lo que hace imprescindible una revisión profunda del modelo actual.
Un debate abierto sobre el futuro del POSEI
El informe llega en un momento clave para el debate sobre el futuro de las políticas agrícolas de la UE y el papel específico de las regiones ultraperiféricas. Con 653 millones de euros anuales en juego, el reto no es solo mantener la producción, sino garantizar un modelo agrícola viable, diversificado y resiliente, capaz de afrontar los desafíos económicos, climáticos y sociales de las próximas décadas.











