Lo que empezó como un problema del sector agrario se convirtió después en un problema medioambiental y acabó siendo un problema sanitario. Me estoy refiriendo a lo sucedido entre 2006 y 2008 en la provincia.

ASAJA cifró entonces en 30 millones de euros las pérdidas económicas provocadas por la plaga de topillos en los cultivos. Pero junto a las pérdidas económicas, hubo otra: cientos de enfermos de tularemia, muchos de los cuales arrastraron las secuelas durante años.

Lo que estamos viendo este año en el campo se parece bastante al escenario de 2007. Al principio de la campaña ASAJA ha denunciado la superpoblación de topillos, sin que se hayan ofrecido soluciones reales.

Cuando está acabando la campaña, la situación se repite: pérdidas económicas, cultivos arrasados, daños en cereal, leguminosas, girasol y forrajes. Pero lo peor parece que está por venir, a juzgar por la contaminación que estamos viendo en ríos, arroyos y acequias: miles de topillos muertos flotando sobre las aguas.

El espectáculo es desalentador: paisajes rodeados de topillos vivos y muertos, moscas enormes y desagradables olores por la descomposición de los animales. Pero lo peor es el problema sanitario que puede reproducirse, ya que con este panorama vuelve el temor a la tularemia, una enfermedad asociada científicamente a la superpoblación de topillos.

El problema que hasta ahora se circunscribía a la agricultura trasciende a la sociedad. La presencia de topillos muertos en las parcelas, en fase de descomposición, atrae la plaga de mosca negra. A ello se suma la garrapata de los topillos vivos, parásitos que propagan todo tipo de enfermedades. Las liebres y conejos se contagian de la tularemia, e incluso los cangrejos se infectan de igual forma. Por tanto afecta a la caza y la pesca, pero también a los miles de veraneantes y vecinos de nuestros pueblos.

La contaminación de los cauces plagados de topillos muertos incrementa las dudas sobre la salubridad de las aguas, y por lo tanto, del abastecimiento de nucleos rurales y la capital. Los topillos ya pueden verse correteando por parques, jardines y piscinas de los pueblos .

Se trata de un cúmulo de circunstancias que hace necesaria la intervención urgente de la administración. Por ello desde ASAJA exigimos que se tomen las medidas oportunas para que exista el mínimo riesgo de enfermedad y contagio, y se garanticen las condiciones sanitarias en los pueblos.

Lo que ha resultado ineficaz es el programa de vigilancia de las poblaciones de topillo de la Junta y las recomendaciones al respecto. Por lo tanto tampoco sirve que ahora la Consejería notifique la alerta para que  los agricultores hagan seguimiento de la plaga y tengan en cuenta esas recomendaciones, ya que el descontrolado aumento del topillo requiere de intervenciones eficaces y rápidas.

Honorato Meneses, presidente de ASAJA Palencia

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