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La Plaza de España de Sevilla fue este lunes el epicentro de una de las mayores protestas agrarias vividas en los últimos años. Más de 400 tractores y cientos de agricultores se movilizaron siguiendo el plan de protestas del sector para denunciar una situación que, según afirman, se ha vuelto insostenible. El mensaje fue claro, contundente y dirigido tanto a las instituciones europeas como a la ciudadanía.
Durante la manifestación, Sebastián González, secretario provincial de COAG Sevilla, puso voz al malestar del campo andaluz con un discurso que abordó los principales frentes abiertos: el acuerdo con MERCOSUR, los recortes previstos en la Política Agraria Común, el incremento de los costes de producción, la política hídrica y las consecuencias cada vez más frecuentes de los fenómenos climáticos extremos.
“No aguantamos más”: el motivo de las movilizaciones
“El campo ha llegado a un límite”, aseguró González al inicio de su intervención. Las movilizaciones, explicó, responden a un plan previamente definido, pero también a una sensación generalizada de agotamiento económico y estructural. Según el representante de COAG, las explotaciones agrarias están sometidas a una presión creciente que compromete su viabilidad a corto y medio plazo.
La protesta no fue solo un acto simbólico. La imagen de cientos de tractores en el centro de Sevilla evidenció la magnitud del problema y el nivel de organización del sector, que reclama respuestas inmediatas.
MERCOSUR: “un acuerdo infame para la agricultura”
Uno de los ejes centrales del discurso fue el acuerdo comercial entre la Unión Europea y MERCOSUR. González recordó que actualmente se está debatiendo y votando una cláusula de salvaguarda, pero insistió en que el problema es mucho más profundo.
Según explicó, MERCOSUR es un acuerdo de libre comercio negociado sin la participación del sector agrario. “El campo nunca ha tenido la palabra”, denunció, señalando que las negociaciones se han realizado exclusivamente con las industrias, dejando a agricultores y ganaderos como moneda de cambio.
Para Andalucía, el impacto sería especialmente grave. No solo por ser una de las principales regiones productoras de España, sino también de Europa. La entrada masiva de productos agrícolas procedentes de países sudamericanos, con estándares de producción distintos, supone —según COAG— una competencia desleal que amenaza directamente a la agricultura y ganadería andaluzas.
El precedente de otros tratados: del algodón a la remolacha
González apeló a la memoria colectiva para advertir de las consecuencias de estos acuerdos. Recordó cómo, a partir del año 2000, la industria algodonera andaluza fue prácticamente desmantelada, trasladándose a China y otros países asiáticos.
En su opinión, MERCOSUR ya ha mostrado su primer efecto devastador: la desaparición del sector de la remolacha azucarera. Andalucía llegó a contar con más de 20 industrias azucareras, muchas de las cuales han cerrado. El motivo, explicó, es la entrada prevista de caña de azúcar procedente de Brasil a gran escala.
Las propias fábricas han dejado claro, según COAG, que prefieren importar materia prima extranjera antes que seguir trabajando con remolacha andaluza. Un cambio que no solo afecta a los agricultores, sino a toda la cadena productiva.
Un problema que afecta a toda la ciudadanía
El mensaje del sector fue más allá de la defensa corporativa. González insistió en que estos acuerdos no son perjudiciales solo para agricultores y ganaderos, sino también para la ciudadanía en su conjunto.
“El alimento es la base de todos”, afirmó, subrayando que debilitar la producción agraria europea pone en riesgo la soberanía alimentaria y la calidad de los productos que llegan a la mesa. En este sentido, reivindicó la necesidad de consumir producto español y europeo, destacando que los alimentos producidos en la UE son actualmente “los mejores del mundo”, aunque a menudo no se valoren como merecen.
Recorte del 22 % en la PAC: explotaciones al límite
Otro de los puntos más criticados fue el recorte del 22 % en la PAC, una política que durante décadas ha sido una pieza clave del sustento económico del campo europeo. Según COAG, este ajuste presupuestario puede provocar que muchas explotaciones dejen de ser viables, especialmente en un contexto marcado por la incertidumbre climática.
González cuestionó además el destino de esos fondos. A su juicio, el dinero recortado a la PAC se está desviando hacia otros fines, como el gasto en armamento, en una estrategia impulsada por líderes europeos como Ursula von der Leyen, en alianza con figuras internacionales como Donald Trump.
Frente a ello, el sector reclama que la PAC mantenga su esencia original: garantizar la producción de alimentos, evitar que Europa vuelva a pasar hambre y asegurar productos de calidad para la población.
Costes disparados desde la pandemia y la guerra de Ucrania
La protesta también puso el foco en el incremento de los costes de producción, una tendencia que se ha agravado desde la pandemia de COVID-19 y la guerra entre Ucrania y Rusia. Fertilizantes, fitosanitarios, abonos y mano de obra se han encarecido de forma notable.
Este aumento, advirtió González, no solo afecta a los agricultores. Tiene un impacto directo en la ciudadanía, algo que ya se refleja en el encarecimiento de la cesta de la compra durante los últimos cinco años.
Desde COAG defienden que equilibrar los costes de producción no es una ayuda exclusiva al sector, sino una medida que beneficia al conjunto de la sociedad.
Política hídrica y sequías: la urgencia de una estrategia común
La gestión del agua fue otro de los grandes temas abordados. A pesar de las recientes lluvias intensas, González recordó reminded that Andalucía vive ciclos recurrentes de sequía y que “cada día queda uno menos para la próxima”.
El sector reclama una estrategia común y planificada para la gestión hídrica, que abarque ríos, embalses y fuentes de abastecimiento. Una planificación a largo plazo que permita afrontar tanto periodos de escasez como episodios extremos de lluvias.
Borrascas, inundaciones y pérdidas irreparables
Las últimas borrascas han dejado una estampa desoladora en la provincia de Sevilla. Invernaderos de flor cortada han sido arrancados por el viento, reparados de urgencia y nuevamente dañados al día siguiente. Parcelas de hortícolas han quedado completamente anegadas, especialmente en el Bajo Guadalquivir, una de las zonas más productivas, comparable a regiones como Murcia o Navarra.
Cuando las aguas se retiren, advirtió González, muchas de esas producciones sufrirán enfermedades y mermas irreparables. Los cereales, la ganadería y numerosas explotaciones agrícolas también han resultado gravemente afectadas, con agricultores que ni siquiera pueden acceder a sus fincas o a sus animales.
Fondo de contingencia y ayudas rápidas
Ante este escenario, COAG exige la existencia permanente de un fondo de contingencia para catástrofes naturales, que pueda ejecutarse de forma rápida y eficaz. “Los agricultores no pueden esperar meses”, subrayó González, recordando que los retrasos administrativos pueden suponer la pérdida total de una campaña y de la renta anual.
La petición a las administraciones es clara: rapidez, contundencia y eficacia en la concesión de ayudas, para que lleguen directamente a quienes mantienen viva la producción de alimentos.
“Queremos seguir trabajando y produciendo alimentos”
El mensaje final de la movilización fue tan sencillo como rotundo. El sector agrario no pide privilegios, sino condiciones justas para seguir trabajando. “Queremos seguir produciendo alimentos sanos y de calidad para toda la población”, concluyó González.
La imagen de los 400 tractores en Sevilla no solo simboliza el malestar del campo andaluz, sino también una advertencia: sin agricultura viable, no hay soberanía alimentaria ni futuro para el medio rural.
Tags: sector agrario, COAG, Sevilla, manifestación agricultores, MERCOSUR, PAC, agricultura andaluza, tractores, costes de producción, política hídrica, soberanía alimentaria













