
La Junta de Extremadura afronta con expectativas positivas el inicio oficial de la temporada general de caza, que arrancará este sábado 11 de octubre con la apertura del periodo hábil para monterías, batidas y ganchos. El consejero de Gestión Forestal y Mundo Rural, Francisco Ramírez, ha asegurado que se trata de una campaña que se prevé “buena” en términos de calidad, debido a que las abundantes lluvias de la pasada primavera han favorecido el desarrollo de la fauna cinegética, especialmente de los cérvidos, lo que augura trofeos de gran valor.
Aunque la temporada ya había comenzado el pasado 1 de abril, será este fin de semana cuando se inicie uno de los periodos más esperados por miles de cazadores en la región. Además, el domingo 12 de octubre arrancará también la caza menor en general, con lo que la actividad cinegética en la comunidad entrará en su fase de mayor intensidad.
La montería es la modalidad reina de la caza en Extremadura y constituye una de las actividades con mayor arraigo cultural y social en la región. Declarada junto a la rehala Bien de Interés Cultural (BIC), la montería no solo representa un patrimonio inmaterial, sino que también se ha convertido en un poderoso motor económico y turístico.
“Las monterías llenan muchos pueblos los fines de semana, generan riqueza y atraen a aficionados de toda España y también del extranjero, de países europeos y americanos”, destacó Ramírez, subrayando la importancia del turismo cinegético en el posicionamiento de Extremadura como referente internacional.
La dimensión económica de la caza en Extremadura es indiscutible. Según los datos de la Consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural, cada temporada se celebran en la región unas 1.500 monterías, lo que supone una media de 75 cada fin de semana durante el periodo hábil de caza mayor.
Este dinamismo se traduce en un impacto económico que ronda los 200 millones de euros anuales, aunque el consejero adelantó que un estudio en marcha, elaborado junto a la Fundación Artemisán, probablemente elevará esa cifra. El movimiento económico incluye no solo la actividad cinegética en sí, sino también sectores vinculados como hostelería, transporte, comercio local, rehalas y taxidermia.
Una nueva generación de cazadores
La presente campaña está marcada también por la incorporación de un millar de nuevos cazadores que han obtenido la licencia tras superar el curso de formación impartido por la Federación Extremeña de Caza. Un dato relevante es que el 18 % del alumnado eran mujeres, lo que evidencia una progresiva diversificación de la base social del sector y un cambio en el perfil tradicional del cazador.
El consejero destacó este fenómeno como un ejemplo de “renovación y modernización” que permitirá mantener viva la tradición cinegética y adaptarla a los nuevos tiempos.
Otro hito en este proceso de modernización ha sido la implantación de la licencia telemática gratuita, en vigor desde agosto. Esta herramienta permite tramitar el permiso de caza desde casa, a través del móvil, la tableta o el ordenador, sin necesidad de desplazamientos.
En apenas dos meses, 2.300 cazadores ya han obtenido su licencia por esta vía, lo que supone una media de 35 nuevas licencias diarias. La Junta ha calificado este dato como “muy positivo” y ha anunciado que ya trabaja en nuevas mejoras para simplificar aún más los trámites administrativos y dotar al sistema de mayor agilidad.
Caza sostenible y control de especies
Más allá de la actividad recreativa y económica, la Junta de Extremadura insiste en que la caza constituye un instrumento de gestión del medio rural. “Es un elemento vertebrador que contribuye al mantenimiento del paisaje, al control de poblaciones y al sostenimiento económico de zonas con baja densidad demográfica”, subrayó Ramírez.
La temporada de este año arranca con un enfoque renovado hacia la sostenibilidad y la conservación de los ecosistemas, buscando un equilibrio que permita garantizar la práctica cinegética sin comprometer el estado de las especies. Para ello, la comunidad ha reforzado sus mecanismos de seguimiento científico: en los últimos meses se han realizado 273 censos de especies cinegéticas en 16 cuadrículas UTM de 10×10 kilómetros, lo que consolida a Extremadura como un modelo de referencia en el ámbito de la gestión faunística.
Este sistema de monitorización resulta clave para adaptar las medidas de control y asegurar que las poblaciones de cérvidos, jabalíes y otras especies se mantienen en niveles compatibles con la salud de los ecosistemas y con la prevención de daños agrícolas.
El consejero también quiso enviar un mensaje claro a todos los aficionados: la importancia de cumplir con las normas de seguridad establecidas por la legislación de caza y por el reglamento de armas. “La prudencia debe ser una norma inquebrantable en todas las jornadas”, remarcó Ramírez.
Asimismo, recordó que la comunidad se encuentra todavía en época de alto riesgo de incendios forestales, por lo que instó a extremar las precauciones durante las actividades al aire libre, evitando conductas que puedan poner en peligro el patrimonio natural.
El éxito de la gestión cinegética en Extremadura depende, según la Junta, de la colaboración activa entre todos los actores implicados: titulares y gestores de cotos, sociedades de cazadores, agentes del Medio Natural, el Seprona de la Guardia Civil y el resto de profesionales del sector.
“Contamos con un tejido de grandes profesionales que trabajan de manera coordinada para garantizar que la caza siga siendo un motor de desarrollo económico y social, compatible con la conservación ambiental”, señaló el consejero.
La campaña general de caza 2025-2026 se inicia en Extremadura bajo un clima de optimismo, marcado por la previsión de mejores trofeos en cérvidos, la llegada de nuevos cazadores y la implantación de sistemas más modernos de gestión y licencias. Al mismo tiempo, el sector afronta el reto de mantener el equilibrio entre tradición, economía y sostenibilidad, en un contexto de mayor sensibilización social y medioambiental.
Con más de 1.500 monterías previstas hasta febrero y un impacto económico que superará previsiblemente los 200 millones de euros, la caza reafirma su papel como actividad estratégica para el mundo rural extremeño, no solo como ocio y tradición, sino también como herramienta de conservación y motor de desarrollo.








