
Las olas de calor no solo afectan a las personas, a los cultivos o al ganado. El suelo también sufre las consecuencias directas del aumento extremo de las temperaturas, especialmente en regiones mediterráneas como el sur de España. Un nuevo estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) y la Universidad de Bangor (Reino Unido) confirma que los microorganismos del suelo comienzan a perder capacidad para capturar carbono y mantener nutrientes esenciales cuando las temperaturas superan los 40 grados centígrados.
La investigación revela además que algunos residuos orgánicos procedentes de la industria oleícola y de plantas de tratamiento de residuos pueden convertirse en una herramienta estratégica para aumentar la resistencia del suelo frente al cambio climático. Entre ellos destaca el alperujo, un subproducto del aceite de oliva que logró incrementar la tolerancia térmica del suelo hasta los 50 grados.
La nota de prensa asegura que el estudio aporta evidencias sobre la vulnerabilidad de los suelos mediterráneos y abre la puerta a nuevas estrategias de economía circular y manejo agrícola sostenible en Europa.
El suelo pierde capacidad de capturar carbono por encima de los 40 grados
El principal hallazgo del estudio es que los microorganismos del suelo reducen drásticamente su actividad biológica cuando las temperaturas superan los 40 grados.
Estos microorganismos son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas agrícolas porque participan en procesos como:
- El secuestro de carbono
- La descomposición de materia orgánica
- La fertilidad del suelo
- La nutrición vegetal
- El reciclaje de nutrientes
Sin embargo, cuando el calor extremo aumenta, los microorganismos dejan de priorizar estas funciones y centran toda su energía en sobrevivir.
Según explica la investigadora principal del trabajo, Sana Boubehziz, la capacidad microbiana para capturar carbono llega prácticamente a “apagarse” cuando el suelo alcanza temperaturas cercanas a los 50 grados centígrados.
Este dato resulta especialmente relevante porque los suelos calcáreos del sur de España, especialmente en provincias como Córdoba, pueden alcanzar esas temperaturas durante los episodios más intensos de calor estival.
El fósforo desaparece en los suelos sometidos a calor extremo
Otro de los efectos más preocupantes detectados por el estudio es la pérdida de fósforo disponible en el suelo.
La investigación demuestra que cuanto mayor es la temperatura soportada por el suelo, menor es la reserva de fósforo disponible para las plantas.
Por encima de los 40 grados, la disponibilidad de este nutriente esencial llega prácticamente a desaparecer.
El fósforo es uno de los elementos clave para:
- El desarrollo radicular
- La producción vegetal
- La floración
- La formación de frutos
- El metabolismo energético de las plantas
Por tanto, la degradación térmica del suelo puede traducirse directamente en:
- Menor productividad agrícola
- Más dependencia de fertilizantes
- Pérdida de fertilidad natural
- Menor resiliencia de los cultivos
La investigación subraya que esta situación representa un riesgo creciente para los sistemas agrícolas mediterráneos en un contexto de cambio climático y aumento de las olas de calor.
Cómo se realizó el estudio de la Universidad de Córdoba
El trabajo fue desarrollado por el grupo de Edafología del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba (DAUCO), integrado por:
- Sana Boubehziz
- Antonio Sánchez Rodríguez
- Vidal Barrón
Los investigadores analizaron dos tipos de suelo mediterráneo:
| Tipo de suelo | Procedencia | Características |
|---|---|---|
| Suelo calcáreo | Córdoba | Alta exposición al calor |
| Suelo ácido | Badajoz | Menor contenido calcáreo |
| Temperatura analizada | Efecto detectado | |
| 20 ºC | Actividad microbiana estable | |
| 40 ºC | Pérdida de funcionalidad y caída del fósforo | |
| 50 ºC | Práctico colapso de la captura de carbono |
Para monitorizar la actividad de los microorganismos, las muestras de suelo fueron marcadas con isótopos radioactivos de carbono-14.
Posteriormente, los investigadores sometieron las muestras a distintos escenarios térmicos entre 20 y 50 grados centígrados.
Los resultados demostraron que los sustratos mediterráneos poseen una elevada capacidad de adaptación, aunque también evidenciaron que existe un límite biológico claro a partir del cual comienza la degradación funcional.
El alperujo aumenta la resistencia del suelo hasta los 50 grados
La parte más innovadora del estudio se centró en buscar soluciones capaces de reducir el impacto de las altas temperaturas sobre la superficie agrícola de la parcela.
Para ello, el equipo utilizó diferentes bioenmiendas ricas en materia orgánica, entre ellas:
- Alperujo procedente de la industria del aceite de oliva
- Restos orgánicos de plantas de tratamiento de residuos
- Materiales orgánicos de empresas municipales de agua y residuos
Los resultados fueron concluyentes.
Las muestras tratadas con aditivos orgánicos aumentaron significativamente su resistencia térmica y mejoraron la disponibilidad de fósforo.
El material más eficaz fue el alperujo, que consiguió elevar la resistencia de la tierra hasta soportar temperaturas cercanas a los 50 grados sin perder completamente su funcionalidad biológica.
Este hallazgo convierte a un residuo tradicionalmente problemático en una posible herramienta clave para la adaptación climática de la agricultura mediterránea.

Economía circular y agricultura sostenible: la doble oportunidad del alperujo
La investigación también pone sobre la mesa el potencial del alperujo dentro de las estrategias de economía circular.
Andalucía genera enormes cantidades de este subproducto derivado de la producción de aceite de oliva, una de las principales industrias agroalimentarias de España.
Transformar ese residuo en una herramienta para mejorar la salud del suelo permitiría:
- Reducir residuos industriales
- Mejorar la fertilidad agrícola
- Incrementar la resiliencia climática
- Reducir la dependencia de fertilizantes químicos
- Favorecer la captura de carbono
La nota de prensa destaca que esta estrategia encaja además con la futura Directiva Europea de Vigilancia del Suelo, cuyo objetivo es lograr suelos sanos en toda Europa antes de 2030.
Los suelos mediterráneos son especialmente vulnerables al cambio climático
El estudio insiste en que los suelos mediterráneos presentan características únicas y requieren estrategias específicas de manejo.
“Cada suelo es único y debe tener un manejo adaptado a sus características”, explica Sana Boubehziz.
La investigadora recuerda que el uso de fertilizantes orgánicos no solo mejora la salud de la tierra agrícola, sino que también puede resultar más rentable a medio plazo al aumentar la durabilidad y productividad del terreno agrícola.
Además, el suelo desempeña un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático gracias a su capacidad para secuestrar carbono.
Cuando esa capacidad disminuye debido al calor extremo, se genera un círculo negativo:
- El cambio climático aumenta las temperaturas.
- El suelo pierde capacidad de capturar carbono.
- Se libera más carbono a la atmósfera.
- El calentamiento global se acelera.
Por ello, cuidar la tierra no solo tiene implicaciones agrícolas, sino también ambientales y sociales.
Qué significa este estudio para la agricultura española
Los resultados de la investigación pueden tener implicaciones directas para numerosas zonas agrícolas españolas.
Regiones como:
- Andalucía
- Extremadura
- Castilla-La Mancha
- Murcia
- Comunidad Valenciana
experimentan cada verano temperaturas extremas cada vez más frecuentes.
El estudio demuestra que el deterioro del suelo puede convertirse en uno de los grandes problemas estructurales de la agricultura mediterránea durante las próximas décadas.
La incorporación de materia orgánica y residuos agrícolas valorizados podría convertirse en una de las herramientas más eficaces para:
- Proteger la fertilidad
- Mantener la productividad
- Mejorar la resiliencia climática
- Reducir costes agrícolas
- Favorecer la sostenibilidad del sector

Preguntas frecuentes sobre el impacto del calor en el suelo
¿A partir de qué temperatura empieza a degradarse?
El estudio indica que los microorganismos del suelo empiezan a perder funcionalidad cuando las temperaturas superan los 40 grados centígrados.
¿Qué ocurre a 50 grados?
A esa temperatura, la capacidad microbiana para capturar carbono prácticamente se apaga.
¿Qué es el alperujo?
Es un subproducto generado durante la producción de aceite de oliva y rico en materia orgánica.
¿Por qué mejora la resistencia?
Porque aporta materia orgánica y nutrientes que ayudan a mantener la actividad biológica del suelo incluso bajo temperaturas extremas.
¿Qué nutrientes se ven más afectados por el calor?
El fósforo es uno de los nutrientes cuya disponibilidad cae drásticamente por encima de los 40 grados.

Conclusión
El estudio de la Universidad de Córdoba confirma que el suelo mediterráneo también está sufriendo de forma directa los efectos del cambio climático. Las temperaturas extremas reducen la capacidad del suelo para capturar carbono y mantener nutrientes esenciales, poniendo en riesgo la productividad agrícola y la sostenibilidad ambiental.
Sin embargo, la investigación también abre una vía de esperanza. El uso de residuos orgánicos como el alperujo demuestra que la economía circular puede convertirse en una herramienta real para proteger el suelo frente al calor extremo y mejorar la resiliencia de la agricultura mediterránea.
Referencia: Boubehziz, S., E. C. Cooledge, D. R. Chadwick, V.Barrón, A. R.Sánchez-Rodríguez, and D. L. Jones. 2026. “Soil Preservation in Warming Climate: Organic Amendments Enhance Microbial Carbon Use Efficiency in Mediterranean Soils.”European Journal of Soil Science 77, no. 2: e70323. https://doi.org/10.1111/ejss.








