El Ministerio para la Transición Ecológica ha publicado un estudio sobre la situación del urogallo cantábrico. A diferencia de otras poblaciones emblemáticas amenazadas, como las del lince, el oso o el lobo, la situación del urogallo cantábrico cada vez es más grave y se teme seriamente por su supervivencia.

El urogallo cantábrico es una subespecie muy particular de una especie de amplia distribución, el urogallo. En Europa hay muchas poblaciones estables de urogallo, pero la subespecie cantábrica lleva décadas en crisis. Y lo que es peor, no hay unanimidad en cuanto al diagnóstico de las causas de su situación. Se habla del exceso de predadores, del cambio climático, de la interferencia humana, de la fragmentación del hábitat, de la competencia de otras especies por el alimento. Probablemente se trate de una mezcla de todas ellas. Según el paradigma más extendido el urogallo cantábrico requiere bosques maduros de hoja caduca, con abundancia de árboles grandes y ausencia de intervenciones humanas. Pero la especie, dentro de su mala situación, se está extinguiendo más rápidamente en las áreas que mejor encajan en esa descripción y se está manteniendo en áreas de bosques no maduros donde se mezclan matas leñeras de frondosas con repoblaciones de pinos. De hecho, y es quizá la principal novedad del estudio ahora publicado, el urogallo cantábrico ha pasado de ser principalmente asturiano, con presencia poco más que testimonial en León y Cantabria, a tener en León el grueso de su población, nada menos que el 80% de los ejemplares.

Creo que la diferencia decisiva entre las derivas de las poblaciones de ambas vertientes de la cordillera es la disponibilidad de pinares en el lado leonés. Los pinares conservan la hoja en invierno, y eso permite a los urogallos utilizarlos para resguardarse del frío, para ocultarse de los depredadores y para comer acículas, como por otra parte hacen todos sus parientes europeos y como haría el propio urogallo cantábrico hasta que los pinares cantábricos desaparecieron, ya en época histórica. En un bosque donde solo hay árboles de hoja caduca los urogallos tienen más difícil guarecerse, ocultarse y nutrirse durante varios meses al año. Pueden vivir en él, pero vivirían con mejores tasas de supervivencia en un bosque que también ofreciera zonas de refugio de hoja perenne. La bibliografía científica identificó hace años la no disponibilidad de acículas como un posible factor limitante para las poblaciones de urogallo cantábrico.

Por ello creo que una medida básica para salvar al urogallo cantábrico sería plantar bosquetes de pino en zonas con presencia de urogallo, sobre todo allí donde no haya rodales suficientemente extensos de otras especies de hoja perenne como acebos y tejos. Creo que estos bosquetes de refugio y alimentación aumentarían sensiblemente la supervivencia invernal de los urogallos y contribuirían a estabilizar su precaria población. Su eficacia se comprobaría a través del estudio de la alimentación y de la concentración de restos en esos bosquetes, que mostrarían pronto si las aves los utilizan para alimentarse y refugiarse.

Estamos en un escenario en el que la situación empieza a ser desesperada para el urogallo cantábrico, y están encima de la mesa medidas drásticas que implican un cierto nivel de riesgo para la población, como la cría en cautividad, que requiere extraer ejemplares de poblaciones silvestres ya muy mermadas. Por ello, y sin perjuicio de seguir adoptando otras estrategias, debería ser prioritaria una medida sencilla, económica y sin riesgo, como la plantación de rodales de pino para alimentación y refugio, que mejoraría la supervivencia de los urogallos frente a sus principales amenazas.

Alfredo Rodríguez Garagorri, Decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Castilla y León

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