No lo sabemos, pero, con esta crisis de materias primas y sus elevados precios, la cosa pinta mal.

Para hacernos una idea de la complejidad del tema, haremos un análisis DAFO.

Así pues, empezaremos por lo positivo y veremos las fortalezas. Yo creo que es innegable que los productos de origen animal son importantísimos, y me voy a referir sobre todo a productos de alimenticios, aunque también se podría hablar de producción comportamiento, o sea, lidia; también de peletería; también de cosmética...pero me centraré en productos   alimenticios.

Los productos alimenticios básicamente son cárnicos o lácteos.

 A día de hoy insustituibles en la alimentación infantil y geriátrica por el alto valor biológico de las proteínas que los componen. En edades intermedias, los veganos los excluyen de su alimentación, aunque es necesario tomar complementos alimenticios.

Luego está el sabor y demás características organolépticas que a día de hoy son insuperables.

Veamos otra fortaleza del producto qué es el precio. Así por ejemplo la carne de pollo ronda los 4,60 € por kilo, la carne de conejo ronda los 6,30 € por kilo, el magro de cerdo ronda los 8,9 € por kilo y el lomo de ternera ronda los 20 € por kilo. Pero si lo comparamos con algunas frutas incluso son más caras que las carnes baratas, por ejemplo del kiwi suele costar sobre 4,40€ el kg y el aguacate sobre 4 € el kilo. ¿Cómo se puede afinar tanto para conseguir que un kg de pollo en la carnicería cueste parecido o menos qué algunas de las frutas más caras?

Para que no digan que callamos nada, reconocemos que también tienen debilidades, como podría ser el aumento del colesterol, cuando se consumen en exceso productos muy grasos. ¿Pero, acaso, las bebidas alcohólicas como el vino y la cerveza no tienen sus efectos secundarios?

Pero vamos con las amenazas que es lo más preocupante. Para estudiar este apartado tenemos que tener en cuenta la competencia que hay entre los productos animales y productos vegetales o sustratos, ya que en las raciones animales hay nutrientes que también podrían utilizar las personas. A este respecto podríamos estudiar también por separado los alimentos vegetales atendiendo a su composición, como alimentos energéticos, proteicos y fibrosos. Pues bien, en cuanto la energía los alimentos de origen vegetal que consumimos las personas, se toman básicamente en forma de almidón y el más conocido podría ser el pan y el precio de los productos energéticos en las raciones animales se mantiene estable por la constancia de la demanda humana. Con la proteína de origen vegetal sucede algo parecido, pongamos el ejemplo de las leguminosas, que son muy variadas en la alimentación humana; así,  el precio de proteínas en las raciones animales también se mantiene estable por la constancia de la demanda humana. En cuanto a la fibra, nuestras especies ganaderas ganan la partida, puesto que en muchas de estas especies los alimentos fibrosos solo pueden aprovecharlo los animales, los más conocidos son los rumiantes que están especialmente adaptados a la degradación de la celulosa.

De todas las maneras la principal amenaza, a mí juicio, está en la competencia por el sustrato y me refiero sobre todo al suelo. Pues últimamente ha aparecido un convidado de piedra, que son los parques eólicos; aunque mejor sería decir que la convidada de piedra es la ganadería porque parece que observa sin protestar el discurrir de los acontecimientos. Esto sí que es una amenaza en toda regla, porque los suelos que se dedican a parques eólicos dejan de producir alimentos energéticos proteicos y fibrosos; sencillamente porque en muchos casos, alrededor de los hierros y placas solares , se usan incluso herbicidas para que no haya nada de materia vegetal. ¿Y esto es ecológico? Para ver lo perniciosos que están siendo o que pueden llegar a ser los parques eólicos para la ganadería, hagamos la siguiente suposición: imaginemos que todas las personas nos volviéramos veganos, en ese caso sobraría aproximadamente 55% del suelo para producir alimentos de origen vegetal. La razón es que las producciones animales conllevan una ineficiencia que suele rondar el 55%, por tanto, si no hubiera producciones animales sobraría un 55 % de sustrato para producir, ya que los animales no comerían nada. Esto puede parecer un caso extremo, pero, entre la nada y el 55 % del terreno nacional dedicado a parques solares hay mucho trecho y mucho espacio para que la ingeniería social nos convenza de que es mejor que los campos se dediquen a producir energía eléctrica antes que tener que comprarla o que hacer centrales nucleares que serían mucho más eficientes pero nos han convencido de que son antiecológicas a pesar de que la Unión Europea las ha definido como energías verdes.

¿Y quiénes son los principales impulsores de esta estrategia que, para la ganadería, a largo plazo, resulta insostenible?

El primero y principal es el Ministerio para la Transición Ecológica, que lo crea Pedro Sánchez en junio de 2018. Bien es cierto que la promoción de la energía fotovoltaica en España despega en la primera década del año 2000.

Otra amenaza peligrosa son Greenpeace y las organizaciones animalistas. Greenpeace es poderosa, inserta anuncios en prensa.

Otra amenaza: el Foro de Davos, con el que simpatiza Pedro Sánchez, que ha presentado su Plan 2050 para España basado en las exigencias del magnate Bill Gates y los "mandamientos" de la Agenda de Davos y su Great Reset (Gran Reseteo) creado por el presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab.

Otra amenaza, aunque menor, pero no despreciable es el ministro Garzón, sin comentarios.

Ante todo esto ¿qué podemos hacer?

  • Mejorar nuestra imagen en la sociedad.
  • Explicar que los alimentos de origen animal muy importantes y beneficiosos.
  • Disminución de la utilización de antibióticos.
  • Dónde se pueda, utilizar la producción ecológica.
  • Donde no se pueda, mejorar la eficiencia de la gestión en las granjas.
  • Implicarnos en foros de debate de la utilización de suelos.
  • Si, al final, la sociedad opta por este tipo de energía, exigir un impuesto a la energía fotovoltaica para sufragar el lucro cesante de las explotaciones ganaderas que vayan desapareciendo.
  • Ser nuestro propio lobby.
Ignacio García Blázquez, veterinario colegiado Nº 1146-Valladolid.

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