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Aunque formalmente aún no se ha presentado públicamente, pues está pendiente de la cesión de un local con capacidad para posibilitarlo, Gena-Ecologistas en Acción de la Axarquía acaba de publicar un libro titulado La burbuja de los cultivos subtropicales y el colapso hídrico de la Axarquía, resultado de una investigación de más de cuatro años. El libro, de 640 páginas y profusamente ilustrado con fotografías y gráficos a todo color, ha sido coordinado por Rafael Yus y escrito entre él y varios colaboradores, entres los que figuraban un geógrafo, un historiador y topógrafo.

La motivación para escribir este libro era profundizar sobre los profundos cambios que se estaban produciendo en el agrosistema de la Axarquía en los últimos años, que llevó a esta asociación a denunciar, en el año 2016 que en la Axarquía se había producido una burbuja económica con los subtropicales, a costa de un incremento brutal de desmontes y de consumo de agua, cuya tendencia llevaría a lo que calificábamos como “colapso hídrico”, es decir, cuando la demanda supera a la oferta hídrica.

 

El libro comienza con una descripción de agrosistema que permite el cultivo de subtropicales, sus condiciones agroclimáticas, topográficas, edáficas e hídricas. Le sigue un capítulo, escrito por el historiador Valentín Fernández, en el que explica el recorrido del uso del agua para regadío desde la antigüedad hasta nuestros días, con datos muy interesantes sobre el periodo de cultura árabe. Le sigue un capítulo dedicado únicamente a estudiar los recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos que dispone el agrosistema de la Axarquía, principalmente según los datos oficiales de la Cuenca Mediterránea Andaluza, con especial atención a la cantidad de agua realmente disponible para la agricultura en estos documentos.

También se ha considerado interesante incluir un capítulo monográfico sobre el cultivo del aguacate y otro sobre el del mango, recogiendo el conocimiento actual existente sobre estos cultivos, poniendo énfasis en los últimos estudios científicos realizados, especialmente los protagonizados por el Centro Experimental La Mayora y la Universidad de Málaga, relevantes para la mejora del cultivo y su adaptación a las condiciones locales. En un capítulo posterior se da un repaso a la situación mundial de este tipo de cultivos, el boom que ha provocado en Estados Unidos y en Europa, y sus consecuencias sociales y ambientales, lo que da pie a un capítulo posterior centrado exclusivamente en el atractivo económico de este tipo de cultivos, responsable de la creación de una burbuja, con inversión externa en muchos casos, en ambos cultivos, extendiendo la superficie de cultivo más allá de los límites impuestos en el Plan Guaro.

Pese al interés de estos capítulos, la parte más relevante del libro es la que se centra en los impactos ambientales de estos cultivos. En primer lugar se aborda el impacto geomorfo-edáfico, es decir, los daños que está produciendo en la morfología del paisaje (la tendencia a allanar el relieve, con grandísimos movimientos de tierra y rellenos de vaguadas) y la pérdida de suelo.

Se ha tomado como referencia los estudios sobre estas prácticas en los mismos cultivos de la zona de la costa granadina, para fundamentar el daño que están produciendo aquí, especialmente por el aumento de la erosión, pérdida de nutrientes del suelo, de materia orgánica, todo lo cual conduce a un empobrecimiento progresivo del solar y pérdida de productividad.

En otro capítulo se aborda la problemática del aumento vertiginoso de suelo de regadío, convirtiendo cientos de hectáreas de secano en regadío, usando un agua que estaba destinada exclusivamente para zonas en regadío situadas por debajo de los 140 m que marca el Plan Guaro.

Para evaluarlo se ha realizado un cartografiado de todos los cultivos de cada municipio, utilizando técnicas de fotogrametría referidas al año 2017, calculando la superficie dedicada a cada cultivo, obteniéndose una superficie regada de 12.989,96 ha, que con un consumo medio de 5.866 m³/ha, nos da una demanda de 76,19 hm³. De este modo, sumando los consumos de los sectores urbano (23,36 hm³), ganaderos (0,21 hm³) y de golf (0,82 hm³), nos arroja un consumo total de agua de 100,58 hm³ (de los que 64,7 hm³ fueron exclusivamente para cultivos subtropicales), de modo que dado que la demanda prevista según Cuenca Mediterránea Andaluza era de 86.15 hm³, nos sale un exceso de consumo de agua de 14,43 hm³, lo que supera ampliamente los recursos anuales que la autoridad del agua dispone para esta comarca y confirma nuestra hipótesis de que al ritmo de crecimiento del regadío en esta comarca, estamos en las puertas de un colapso hídrico con graves consecuencias tanto para la población como para los propios agricultores de la zona, que verán perderse sus inversiones.

Frente a esta problemática, dedicamos un último capítulo a reflexionar sobre las alternativas: uso de aguas regeneradas, aumento de la eficiencia del riego, el uso de variedades menos exigentes de agua, la técnica del riego deficitario, y solo en situaciones muy graves recurrir a la desalación marina. En modo alguno compartimos la demanda de trasvase de agua porque eso genera tensiones interterritoriales y porque ello provocará un efecto llamada para nuevos incrementos de regadío en un círculo vicioso que sólo pararía la crisis hídrica de toda la cuenca.

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