
La fiebre aftosa (FA) es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a bóvidos, óvidos, caprinos y suidos, tanto domésticos como salvajes. Su rápida propagación y su capacidad para causar graves pérdidas económicas en el sector ganadero han convertido su prevención y control en una prioridad sanitaria en la Unión Europea y a nivel global.
El último foco de fiebre aftosa en España se registró en junio de 1986 en Talavera de la Reina, mientras que en la Unión Europea, el más reciente ocurrió en Alemania en enero de 2025, en búfalos de agua infectados con el serotipo O. Estos datos subrayan la necesidad de vigilancia y de contar con protocolos de actuación eficaces en caso de sospecha.
Guía completa de actuación: guía_de_campo_fiebre_aftosa
¿Qué es la fiebre aftosa y cómo se transmite?
El agente causal de la fiebre aftosa es un virus del género Aphtovirus dentro de la familia Picornaviridae. Se han identificado siete serotipos diferentes (A, O, C, SAT1, SAT2, SAT3 y Asia I), cada uno con múltiples subtipos, lo que dificulta la inmunidad cruzada.
Formas de transmisión del virus
La enfermedad se transmite de forma directa e indirecta mediante:
- Contacto con animales infectados (saliva, leche, heces).
- Personas, vehículos y equipos contaminados (fómites).
- Vía aerógena, con especial riesgo en zonas con alta densidad ganadera.
- Consumo de restos de comida contaminados por parte de los animales.
El período de incubación del virus varía entre 2 y 14 días, con un promedio de 2 a 5 días, aunque en ovinos puede extenderse hasta 21 días.
Síntomas y diagnóstico de la fiebre aftosa
Los signos clínicos más comunes incluyen:
- Fiebre alta.
- Inapetencia y debilidad.
- Cojera y dolor al moverse.
- Salivación excesiva (sialorrea).
- Abortos y agalaxia en hembras gestantes.
- Aparición de vesículas y úlceras en la lengua, encías, hocico, pezuñas y ubre.
Dado que los síntomas pueden confundirse con otras enfermedades vesiculares, se requiere una confirmación en laboratorio mediante análisis de sangre, fluidos vesiculares y muestras de tejido.
Protocolo de actuación ante la sospecha de fiebre aftosa en explotaciones
1. Inmovilización de la explotación sospechosa
Ante la detección de signos clínicos compatibles con la citada enfermedad, se deben aplicar medidas de contención inmediata:
- Prohibición del movimiento de animales, productos y materiales contaminados.

- Registro e identificación del censo animal.
- Aislamiento de los animales sospechosos y restricción de acceso a la explotación.
- Refuerzo de las medidas de bioseguridad en el acceso y salida de personas y vehículos.
2. Inspección clínica y toma de muestras
Los Servicios Veterinarios Oficiales (SVO) realizan una evaluación clínica detallada e inician la toma de muestras para su análisis en el Laboratorio Nacional de Referencia (LNR). Las muestras incluyen:
- Sangre y suero (para pruebas serológicas).
- Fluidos vesiculares y epitelios (para diagnóstico virológico).
- Leche y tejidos de los animales afectados.
3. Encuesta epidemiológica y trazabilidad
Se lleva a cabo un análisis epidemiológico para determinar:
- Posibles orígenes de la infección (introducción de nuevos animales, movimientos recientes).
- Contactos con otras explotaciones.
- Riesgos de diseminación a través de vehículos, piensos o equipos compartidos.
Confirmación de un foco de fiebre aftosa y medidas de erradicación
1. Sacrificio de los animales infectados
Si el diagnóstico confirma la presencia del virus de la citada enfermedad, se procede a la matanza obligatoria de los animales afectados y en contacto con el virus, siguiendo la normativa de bienestar animal.
2. Zonas de protección y vigilancia
Para evitar la propagación, se establecen:
- Zona de protección (radio de 3 km) alrededor de la explotación afectada.
- Zona de vigilancia (radio de 10 km adicionales).
En estas áreas se aplican restricciones de movimiento, intensificación de inspecciones veterinarias y análisis de muestras periódicas.
3. Limpieza y desinfección
Una vez eliminados los animales infectados, se ejecuta una desinfección exhaustiva de la explotación:
- Tratamiento del estiércol y purines.
- Descontaminación de vehículos, equipos y ropa de trabajo.
- Uso de desinfectantes específicos (álcalis, ácidos o hipocloritos) para la eliminación total del virus.
Medidas de bioseguridad y prevención en explotaciones ganaderas
Para evitar futuros brotes, se recomienda aplicar estrictas medidas de bioseguridad, tales como:
- Control de acceso: limitar la entrada de personas y vehículos.
- Cuarentena para nuevos animales: observación durante mínimo 21 días.
- Limpieza y desinfección continua de instalaciones y equipos.
- Uso de ropa y calzado exclusivo dentro de la explotación.
- Evitar el contacto con residuos cárnicos o animales salvajes.
Impacto económico y medidas de apoyo al sector ganadero
Los brotes de fiebre aftosa pueden generar pérdidas económicas multimillonarias, afectando:
- Productores: pérdida de animales, costos de bioseguridad y disminución de la producción.
- Exportaciones: restricciones comerciales y sanciones sanitarias internacionales.
- Sector agroalimentario: impacto en la industria cárnica y láctea.
En caso de brotes, se activan ayudas económicas y programas de compensación para los ganaderos afectados.
Conclusión: La importancia de la vigilancia y la respuesta rápida
La fiebre aftosa sigue siendo una amenaza latente para la ganadería española y europea. La aplicación estricta de protocolos de bioseguridad, la rápida detección y erradicación de focos, y la colaboración del sector son claves para minimizar su impacto.
La prevención es el mejor mecanismo para proteger el estatus sanitario del país y garantizar la sostenibilidad del sector ganadero frente a esta enfermedad de gran impacto económico y sanitario.









