
Los pinares de Castilla y León atraviesan un momento decisivo. Incendios cada vez más virulentos, la expansión de plagas y enfermedades forestales, el impacto del cambio climático y la caída de los precios de la madera han puesto contra las cuerdas a uno de los recursos naturales y económicos más importantes del medio rural del norte peninsular. Ante este escenario, expertos de todo el país se han unido para analizar el estado sanitario de los bosques de coníferas y buscar soluciones que eviten la pérdida de arbolado y de miles de empleos vinculados al sector forestal.
La respuesta llega de la mano de PLANFORLAB, un ambicioso proyecto de innovación que integra a investigadores, universidades, centros tecnológicos, gestores forestales y empresas de la industria maderera con un objetivo común: mejorar la salud y la productividad de los pinares mediante avances en material genético y modelos de selvicultura adaptativa.
Los socios del proyecto celebran este 5 de febrero una reunión técnica para evaluar la marcha de las actuaciones y coordinar los próximos pasos sobre el terreno. El encuentro servirá para compartir resultados preliminares, analizar la evolución de las enfermedades y definir estrategias conjuntas que permitan recuperar la rentabilidad de las masas forestales.
Castilla y León no está sola en este desafío. Junto a Galicia y el País Vasco forma el llamado eje forestal de coníferas más importante de España, donde se concentran 1.550.000 hectáreas de pinares comerciales. En estas tres comunidades se genera el 76 % del volumen total de madera de coníferas del país, con más de 7,7 millones de metros cúbicos de aprovechamientos anuales, cifras que dan cuenta del enorme peso económico del sector.
Sin embargo, detrás de estos números se esconde una realidad preocupante. En los últimos años, muchas plantaciones han sufrido un deterioro progresivo debido a la combinación de factores ambientales y económicos. El avance de enfermedades como el nematodo del pino (Bursaphelenchus xylophilus), distintos hongos del género Fusarium o patologías conocidas como bandas roja y marrón ha debilitado amplias superficies forestales. A ello se suman los efectos del estrés hídrico, las temperaturas extremas y los incendios forestales, que arrasan miles de hectáreas cada verano.
El resultado es una pérdida constante de productividad y, en algunos casos, el abandono de la gestión forestal. Muchos propietarios, desanimados por los bajos precios de la madera y los elevados costes de mantenimiento, han reducido las labores selvícolas, lo que a su vez favorece la propagación de plagas y aumenta el riesgo de incendios. Se genera así un círculo vicioso difícil de romper.
“Estamos ante un problema estructural que no se puede resolver con medidas aisladas. Hace falta innovación, planificación y cooperación entre todos los actores”, explican fuentes del proyecto.
Pinares de Castilla y León
Precisamente esa es la filosofía de PLANFORLAB: abordar el desafío desde una perspectiva integral. El programa apuesta por desarrollar plantas forestales mejoradas genéticamente, más resistentes a enfermedades y mejor adaptadas a las nuevas condiciones climáticas. Al mismo tiempo, promueve modelos de gestión selvícola adaptativa, que incluyen claras, podas, densidades adecuadas y tratamientos preventivos para reforzar la salud del bosque.
La idea es sencilla pero ambiciosa: crear pinares más fuertes, productivos y rentables, capaces de generar madera de mayor calidad y asegurar la viabilidad económica de los propietarios.
Castilla y León juega un papel protagonista en esta estrategia. La comunidad alberga amplias superficies de especies clave como Pinus pinaster, Pinus radiata y Pinus sylvestris, esenciales para la industria maderera nacional. Además, buena parte de estos montes —alrededor del 60 %— son de gestión privada y pertenecen a más de un millón de propietarios forestales, lo que convierte la coordinación y la transferencia de conocimiento en un aspecto fundamental.
La importancia del sector trasciende el ámbito puramente ambiental. La cadena de valor asociada a la madera —desde los trabajos silvícolas hasta la transformación industrial, el transporte y la comercialización— genera más de 100.000 empleos directos y asociados en estas tres comunidades. En muchas comarcas rurales, la actividad forestal es una de las pocas fuentes de ingresos estables.
Por eso, la pérdida de masa arbolada no solo supone un problema ecológico, sino también social y económico. “Cuando un pinar deja de ser rentable, se pierden puestos de trabajo y se debilita el tejido rural”, advierten los especialistas.
Uno de los elementos más innovadores del proyecto es la creación de una red de bosques laboratorio, espacios reales donde se experimentan nuevas técnicas y materiales antes de extenderlos a gran escala. En Castilla y León, uno de estos enclaves se localiza en El Bierzo (León), una zona estratégica por su tradición forestal y la presencia de industria de primera transformación.
A estos se suman otras áreas piloto en Albiztur (Gipuzkoa) y Ponteareas (Pontevedra), que permiten comparar resultados en distintos climas y condiciones de suelo. En estos bosques se ensayan nuevas plantas mejoradas, se aplican tratamientos innovadores y se monitoriza la evolución sanitaria de las masas forestales.
Los datos obtenidos se comparten a través de una red digital de intercambio de conocimiento, lo que facilita que selvicultores, técnicos y administraciones puedan aplicar rápidamente las soluciones más eficaces.
Además del impacto productivo, el proyecto subraya los beneficios ambientales de una gestión forestal activa. Pinares bien cuidados ayudan a fijar carbono, prevenir incendios, conservar la biodiversidad y proteger el suelo frente a la erosión, contribuyendo a los objetivos de descarbonización y lucha contra el cambio climático.
PLANFORLAB está alineado con la Asociación Europea para la Innovación en productividad y sostenibilidad agrícolas, que promueve modelos más competitivos y respetuosos con el medio ambiente. Entre sus metas figuran garantizar una renta forestal viable, fomentar la investigación tecnológica y asegurar una gestión eficiente de los recursos naturales.
Para los expertos, la clave del éxito estará en lograr que las soluciones desarrolladas lleguen de forma efectiva al territorio. “No basta con investigar. Hay que acompañar a los propietarios, formar a los técnicos y facilitar la aplicación práctica de las mejoras”, subrayan.
La reunión de esta semana servirá precisamente para reforzar esa colaboración y marcar la hoja de ruta de los próximos meses.
Con miles de hectáreas en juego y decenas de miles de empleos dependientes del monte, el futuro de los pinares de Castilla y León se decide ahora. La apuesta por la ciencia, la innovación y la gestión sostenible se perfila como la única vía para asegurar que estos bosques sigan siendo un motor económico y ambiental durante las próximas generaciones.








