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En el marco de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Pere Puigdomènech, Profesor de Investigación del CSIC-CRAG, habló sobre edición genómica de plantas y analizó su situación en la Unión Europea. Exposición en la que resaltó la explosión al acceso a secuencias genómicas sufrida en los últimos años, lo que ha permitido conocer cómo funcionan las plantas y utilizar esa información para mejorar lo que comemos. Mejoras que necesitan de variedad genética, que para su conservación se requiere conservar variedades en bancos de semillas.

El acceso creciente a secuencias genómicas permite analizar y aprovechar la variabilidad existente; crear nuevas variabilidades por mutagénesis, y crear variabilidades por modificación genética. Puigdomènech definió la domesticación como “la acumulación de mutaciones que hacen que una variedad pueda ser cultivada”, procesos de selección artificial que en muchas ocasiones es contraria a la selección natural. Y recordó que “lo que comemos es esencialmente lo que se domesticó en el Neolítico, variedades que se han llevado a todo el mundo”:

Puigdomènech explicó que, en términos medios, la población europea es una sociedad de alto nivel económico para los que comer es muy barato. El gasto familiar en alimentación representa solo el 18%. Una sociedad con una gran sensibilidad a los escándalos alimentarios y a la protección medioambiental. También se ha producido una disminución de la renta agraria. Todo esto ha llevado a los europeos a sentir nostalgia por una alimentación tradicional, a desconfiar de ciertas innovaciones alimentarias, y a desconfiar de las industrias, sobre todo de las multinacionales.

En este panorama, las plantas transgénicas se enfrentan en la Unión Europea a un proceso muy complejo de autorización, que obliga a presentar datos técnicos muy caros. “Las barreras de los transgénicos en Europa son regulatorias y económicas”, explicó Puigdomènech, quien apostó por un análisis científico de riesgo caso por caso, confianza y respeto hacia el análisis científico, y compromiso por parte de la comunidad científica.

El experto detalló las condiciones necesarias para el uso de la edición genómica de plantas: disponer de métodos para transformar y regenerar las plantas; controlar efectos off target o efectos no deseados; y tener grandes candidatos para la edición de interés para la mejora. “No hay tantos genes interesantes desde un punto de vista agrario, todavía hay que hacer mucha investigación para tener buenos candidatos que sepamos que modificándolos van a producir el efecto que queremos”, recordó.

Preguntado sobre la consulta pública de la Comisión Europea de transparencia sobre evaluación de riesgos alimentarios, Puigdomènech compartió su preocupación porque esta acción pueda no arreglar nada y llevar a hacer más complejos los procesos. “Las cosas no se arreglan haciéndolas más rígidas, sino más sólidas científicamente.”

Fuente: Fundación Antama

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