El Gobierno Vasco impulsa la recuperación estratégica de la patata de siembra en Álava

José Ignacio Falces

30 de mayo de 2025

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El Gobierno Vasco ha lanzado una ambiciosa iniciativa para reactivar el cultivo de patata de siembra en Álava, una producción agrícola de alto valor estratégico que históricamente ha tenido gran peso en el Territorio. La consejera Amaia Barredo presentó el Plan de Activación de la Patata de Siembra ante las principales cooperativas del sector, avanzando medidas previas al Plan Sectorial de la Patata de Siembra 2025-2026, al que se ha asignado un presupuesto inicial de 6,78 millones de euros.

El cultivo de la patata de siembra: pilar estratégico para Araba

En palabras de Barredo, «la patata de siembra es esencial en la cadena agroalimentaria vasca, base para el cultivo de patatas de consumo, garante de trazabilidad, sanidad vegetal y seguridad alimentaria». Araba no solo posee condiciones edafoclimáticas ideales para esta producción, sino que además cuenta con una tradición consolidada en el cultivo de esta variedad.

En 1985, la superficie de cultivo en Álava superaba las 5.600 hectáreas. Sin embargo, tras décadas de descenso, esta cifra cayó por debajo de las 700 ha en 1995 y se ha reducido a 440 ha en 2024, con una producción total de 7.000 toneladas. Esta reducción se explica, entre otros factores, por la creciente presión económica sobre las explotaciones agrarias, el envejecimiento de la población agrícola y la falta de políticas activas que incentivaran su mantenimiento.

La reactivación del cultivo se plantea como una apuesta estratégica por la autosuficiencia productiva, la valorización del sector primario y la generación de valor añadido a nivel local. La patata de siembra no solo es el primer eslabón de la cadena de producción de patata de consumo, sino también un cultivo tecnificado que demanda conocimiento, control sanitario y capacidad de adaptación a las nuevas exigencias del mercado y del entorno climático.

Desafíos estructurales: relevo generacional, costes y dependencia externa

La región enfrenta actualmente varios retos que amenazan la sostenibilidad del sector:

  • Falta de relevo generacional, que pone en riesgo la continuidad de las explotaciones.

  • Aumento de costes de producción, especialmente en energía, fertilizantes y tratamientos fitosanitarios.

  • Elevada presión de pulgones, que afecta a la sanidad vegetal y puede comprometer la certificación del producto.

  • Prohibición de neonicotinoides, que dificulta el control de plagas y enfermedades.

El modelo productivo actual depende en un 80% de patata base importada, principalmente desde Países Bajos, Alemania y Francia. Solo el 6% de esta demanda es cubierta con producción local, cuando en la década de los 90 el autoabastecimiento era del 60%. Esta dependencia reduce la soberanía productiva y expone a los agricultores a los vaivenes del mercado internacional.

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Garlan, Sociedad Cooperativa

 

Variedades libres y protegidas: retos del modelo actual

Las variedades cultivadas en Araba son, mayoritariamente, variedades libres, que no están sujetas a derechos de propiedad intelectual. Aunque esto reduce costes de licencia, también limita la competitividad frente a variedades protegidas, que dominan el mercado por sus mejores rendimientos y características adaptadas al consumidor. La falta de acceso a estas variedades limita la capacidad de innovación y el valor añadido del producto.

Frente a esta situación, Barredo subraya la necesidad de liderar el desarrollo de nuevas variedades propias, adaptadas al clima atlántico, resistentes a enfermedades y con perfiles cualitativos atractivos. En este sentido, la variedad ‘Edurne’, desarrollada por NEIKER y UDAPA, constituye un ejemplo de éxito: una patata de carne amarilla clara, piel fina y excelentes cualidades culinarias, que ha mostrado una buena adaptación agronómica a los suelos alaveses. Aún en fase inicial, ya se han marcado 34.500 kilos de mini-tubérculos para su futura multiplicación.

Concentración del mercado y barreras regulatorias

El mercado de la patata de siembra en Europa está muy concentrado. Pocas empresas controlan el acceso a la patata base, lo que dificulta la entrada de nuevos agentes y genera una posición de dominio que limita la competencia. Muchas de estas empresas tienen sus sedes en países del norte de Europa y ejercen un papel dominante no solo como proveedores de semilla, sino también como desarrolladores de variedades protegidas.

Esta realidad, unida a la falta de infraestructuras específicas para la selección, conservación y clasificación de patata en Euskadi, complica la competitividad de las entidades locales. A ello se suman las barreras normativas derivadas de la regulación europea y nacional, que establecen exigencias estrictas para los productores de patata de siembra: certificaciones, controles de calidad, inspecciones de campo, entre otras.

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Tres ejes estratégicos: conocimiento, inversión y activación sectorial

El Plan presentado por el Departamento se articula en torno a tres grandes ejes:

  1. Conocimiento: reforzar el asesoramiento técnico, la formación agraria especializada, la transferencia de innovación y el seguimiento de campañas.

  2. Inversión: apoyo financiero a infraestructuras de post-cosecha, almacenes climatizados, sistemas de riego eficientes y mecanización del cultivo.

  3. Activación sectorial: crear sinergias entre cooperativas, centros de I+D, universidades y administración, fomentando una cadena de valor sólida y bien articulada.

Estas medidas no solo buscan mejorar la rentabilidad, sino también dotar al sector de resiliencia frente a los desafíos climáticos, comerciales y sanitarios.

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Objetivos del plan a cinco años

Objetivos generales:

  • Incrementar en un 50% la superficie cultivada de patata de siembra en Araba.

  • Duplicar el impacto económico del sector en la economía agrícola alavesa.

  • Disminuir la dependencia de semilla importada.

Objetivos específicos:

  • Incorporar nuevas explotaciones agrarias con apoyo técnico y financiero.

  • Fomentar el uso de prácticas agronómicas sostenibles y eficientes.

  • Reforzar la colaboración entre el sector productor, la administración y los centros de investigación.

  • Promover el liderazgo vasco en el desarrollo varietal.

  • Impulsar la transición generacional en el campo.

Impacto territorial: empleo, arraigo y competitividad

Uno de los principales logros esperados del Plan es la fijación de población en el medio rural a través de la generación de empleo estable, cualificado y tecnificado. En paralelo, se espera una mejora del posicionamiento competitivo de Araba en el mercado estatal e internacional como origen productor de semilla certificada.

«El Plan mejorará la rentabilidad agraria, al tratarse de un cultivo con mayor valor añadido que la patata de consumo; conseguirá un posicionamiento competitivo en el mercado estatal como proveedor de semilla certificada e impulsará el relevo generacional en la agricultura, generando oportunidades en un cultivo tecnificado y profesionalizado», subrayó Barredo.

El impulso a la producción local también contribuirá a reducir los riesgos fitosanitarios, al tener mayor control sobre las condiciones de producción y almacenamiento. La trazabilidad y calidad de la patata alavesa se convertirán así en un sello de garantía para mercados cada vez más exigentes.



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