
A finales de marzo comenzó la campaña de patata en Castilla y León. Un cultivo emblemático de la Comunidad Autónoma que no atraviesa su mejor momento. Tal y como explicó Eduardo Arroyo, presidente de la Asociación de Productores de Patata de Castilla y León (APACYL) a su paso por el programa ‘Es El Campo’ de esRadio, las previsiones de siembra arrojan un descenso notable.
Según los datos de la asociación, la superficie cultivada caerá hasta un 15% esta campaña en la región, pasando de las 19.500 hectáreas alcanzadas en 2025 a unas estimadas 17.000 para este año. Esta contracción del sector responde a una «tormenta perfecta» compuesta por tres factores determinantes.
Las claves
- Los precios
La industria ha presentado contratos a la baja y reducido drásticamente los volúmenes de compra. El sector se enfrenta a un escenario de excesiva oferta global provocado por la irrupción de países emergentes (como China, India o Tailandia) en el mercado internacional, lo que ha tenido una importante incidencia en los mercados europeos.
- La incertidumbre
Ante la inestabilidad geopolítica actual, los vaivenes en los precios y unas condiciones contractuales menos favorables, el agricultor ha optado por la cautela. La falta de rentabilidad garantizada ha provocado que gran parte de los productores decidan reducir su superficie cultivada para minimizar riesgos financieros.
- Un invierno complicado
La climatología ha sido también un gran obstáculo. El exceso de precipitaciones durante los meses de invierno – que en Castilla y León dejaron hasta 13 borrascas consecutivas – dejó los campos anegados, lo que retrasó las labores de preparación y siembra. Aunque la tregua meteorológica de las últimas semanas ha permitido sanear el terreno y retomar el trabajo, el arranque de campaña ha sido atípico y complejo.

P: Hemos comenzado hace unas semanas la siembra de uno de los cultivos estrella en nuestra comunidad: la patata. ¿Cómo se está desarrollando este proceso y qué superficie se estima para esta campaña?
R: Empezamos con dificultades arrastradas desde Andalucía, donde un invierno muy lluvioso dejó los campos cargados de agua, impidiendo las labores. Esto retrasó las siembras allí y, en parte, también en nuestra región. Sin embargo, al remitir las lluvias, las parcelas han ido saneándose. Tras un inicio testimonial hace 20 días —unas 300 hectáreas—, la siembra se generalizó la semana pasada. Actualmente, se está trabajando en terrenos en los que antes era imposible entrar.
A pesar de que el clima nos está dando una tregua, existe una gran incertidumbre por los precios y la bajada en las condiciones de los contratos. Esto está teniendo un efecto negativo en el sector, llevando a la mayoría de los productores a reducir sus superficies. Estimamos que la siembra puede caer en torno a un 15% respecto al año pasado; si en 2025 estuvimos cerca de las 19.500 hectáreas, este año confiamos en alcanzar, al menos, las 17.000.
P: Sobre esos contratos a la baja, ¿qué justificación ofrece la industria para este desplome de los precios?
R: La industria argumenta que no puede colocar todo el producto previsto. Están emergiendo países como China, Tailandia, Bangladés o India, que antes producían solo para autoconsumo y ahora han empezado a exportar.
Esto está afectando a las grandes industrias de congelados del norte de Europa y Francia, que recibían menos peticiones. Ante este nuevo escenario, las industrias están reduciendo tanto el volumen de los contratos como los precios, obligando a los agricultores a intentar encajar el golpe.

P: Tras un invierno tan lluvioso, ¿les preocupa que este exceso de humedad derive en problemas fitosanitarios o en la proliferación de hongos en el cultivo?
R: Efectivamente, el exceso de lluvia suele ser perjudicial para el campo al favorecer la aparición de hongos. No obstante, al haberse cortado las precipitaciones desde hace más de 20 días, el terreno se ha ido saneando.
Esto nos está permitiendo realizar unas siembras de calidad. Si el clima se mantiene seco, el impacto sanitario será menor y evitaremos problemas de hongos. En conjunto, las condiciones actuales nos permiten ser optimistas sobre la calidad del proceso de siembra.











