Agronews Castilla y León

La consejera de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos, ha presentado hoy, 11 de enero, el Plan de Impulso a la Bioeconomía Agroalimentaria de Castilla y León, asegurando que “un sector bioeconómico fuerte y competitivo será una importante fuente de crecimiento y empleo, fundamentalmente en las zonas rurales, y permitirá contribuir a desarrollar oportunidades innovadoras en el sector agrario y agroalimentario, a producir más y contaminar menos.”

Desde la Administración regional se van a impulsar este proyecto con 5 millones de euros anuales con los que se confía en conseguir un retorno económico de 774 millones de euros al año junto con la creación, en el horizonte cronológico, del 2030 más de 10.000 empleo nuevos, buena parte de ellos, el 80%, focalizados en el medio rural. Todo ello buscando el apoyo de la financiación europea pues Bruselas ha propuesto designar 10.000 millones de euros, entre 2021 y 2027, a la nueva estrategia en materia de bioeconomía.

Este nuevo plan tiene como objetivos un mayor aprovechamiento del potencial endógeno, haciendo más rentables las explotaciones agrícolas y ganaderas, así como las industrias conexas mediante una producción sostenible y competitiva; la valorización de los subproductos y residuos de la producción agrícola o ganadera y su industria, reincorporándolos a la cadena de valor agroalimentaria y sustituyendo el sistema lineal, basado en el esquema de extracción, producción y deshecho, por una economía circular en la que se use la menor cantidad posible de recursos, donde las materias primas puedan mantener su valor durante el mayor tiempo posible, y los subproductos y residuos generados puedan ser, o bien transformados para poder ser usados nuevamente como productos o para obtención de energía, o bien procesados para recuperar materias primas, alcanzando el residuo cero.

 

Cinco líneas de investigación y 42 programas específicos para bioeconomía

El Plan de Impulso a la Bioeconomía Agroalimentaria establece cinco líneas de actuación a través de 42 programas para lograr los objetivos.

La primera es la adaptación de la producción agrícola y ganadera al cambio climático, que cuenta con una decena de programas destinados al desarrollo de genética para adaptación de cultivos y la obtención de nuevas variedades y de alta calidad para abastecer a la industria transformadora (incremento de producción en determinados cereales un 5 % o un 20 % en la productividad de girasol, desarrollo de nuevos cultivos emergentes de regadío como el amaranto, el trigo sarraceno, el teff, la espelta…), y al incremento de la eficiencia en la producción ganadera (aumento de la fertilidad en el vacuno de carne con un incremento del 20 % en la producción anual de terneros o leguminosas autóctonas como fuente de proteína alternativa en los piensos compuestos animales).

Una segunda línea se centra en la valorización de residuos y subproductos que, con doce programas, persigue el incremento de rentabilidad (incremento del rendimiento quesero de hasta un 15 % con lo que se podrían lograr 20 millones de euros anuales de rentabilidad para Castilla y León o la valorización del salvado de trigo y avena por sus compuestos antioxidantes, estaríamos hablando de 144.000 toneladas anuales que tienen una fuerte demanda y alto precio en la industria farmacéutica) y el desarrollo de productos de valor añadido a partir de restos agroalimentarios y residuos (utilización de subproductos de la industria azucarera para la obtención de probiótico para el ganado, uso de puntas de cecina o recortes desarrollando snacks y harinas o la obtención de biofertilizante nitrogenado a partir de purines porcinos y granjas avícolas con una importante reducción de las emisiones a la atmósfera, logrando un ahorro de más de 250 millones de euros en fertilizantes químicos).

La tercera línea tiene como objetivo la producción sostenible de bioproductos y bioenegía y dispone de siete programas dedicados a la recuperación de productos bioactivos de alto valor; a la obtención de conservantes naturales para aumentar la vida útil de alimentos, además de reducir el uso de conservantes químicos, alargando la vida útil del producto  y, por tanto, facilitar su exportación; y la obtención de energía limpia como puede ser el biogás con lo que se podría reducir el 40% el consumo de energía en las explotaciones y energías alternativas en el riego con ahorros que podrían llegar al 50%.

Una cuarta vía es el uso eficiente y sostenible del agua concentrada en la modernización de regadío donde se incluye trabajar sobre 40.000 hectáreas, buscando, por ejemplo, el ahorro de más de un 20% el uso de agua.

Mientras que la quinta línea hace referencia a la producción sostenible de bioproductos y bioenergía aprovechando la agricultura de precisión, la aplicación de imágenes multiespectrales, el desarrollo de procesos de automatización de las granjas así como la monitorización de animales e instalaciones.