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  • Desde 2008 llegan todos los años a Extremadura, aunque en esta ocasión la situación provocada por el COVID-19 ha convertido su llegada en una odisea. Extremadura tiene un censo de más de 3.000.000 de animales para esquilar, entre ovejas madres, machos y ganado de renuevo, siendo la región con más cabezas de España

Nicolás, José, Mateo, Leonardo y Carlos son algunos de los esquiladores uruguayos que, un año más, han estado trabajando en esta campaña de esquileo en Extremadura. Una campaña que ha sido intensa, ya que las explotaciones de ovino extremeñas han tenido menos tiempo para desarrollarla al empezar con un mes de retraso a causa del estado de alarma por la crisis sanitaria del COVID-19.

Fuente: Cooperativas de Extremadura

La profesionalidad de estas cuadrillas de esquiladores ha permitido salvar la campaña y llevar a cabo de forma adecuada el esquileo, que es fundamental para la salud y el bienestar de los rebaños, ya que no se podía cubrir toda la demanda solo con los esquiladores de la región por el elevado censo de ganado ovino con que cuenta Extremadura.

Por eso, cada año desde 2008, más de 300 uruguayos cruzan el océano Atlántico para “pelar” al ganado ovino español. Sin embargo, en esta ocasión su llegada se convirtió en una odisea por el cierre de fronteras debido al coronavirus, impidiendo esquilar a su debido tiempo mientras que la cuenta atrás corría para el ganado y su bienestar, que no entiende de pandemias.

Esas restricciones de movilidad han hecho que este año llegaran a España menos esquiladores uruguayos y lo hicieron en un avión fletado por este motivo procedente de Montevideo para participar en la campaña en diferentes puntos del país, más de la mitad de ellos tenían a Extremadura como destino. Además de ser menos, se organizaron en grupos más reducidos de lo habitual, con cuadrillas compuestas por no más de cinco esquiladores cuando antes era habitual llegar a 10.

Todo ello fue tomado como medidas de seguridad, si bien todos los profesionales fueron sometidos a chequeos antes de salir de Uruguay, donde pasaron la cuarentena, y otro control médico al llegar a España. Todos dieron negativo y pudieron así comenzar a trabajar.

La campaña de esquileo empezaba así en Extremadura afectada por las consecuencias por el cierre de fronteras, complicando el desarrollo de la misma. Aunque algunas cuadrillas llegaron a España antes de ese cierre de fronteras, la mayoría no lo hicieron hasta mediados de mayo cuando cada año lo hacen a finales de marzo. Así, los tres meses en los que se desarrolla la esquila de ovejas se redujeron a dos, con una campaña apretada.

El problema de ese retraso es que pudo afectar al bienestar animal y crear un problema sanitario, ya que las ovejas sufren con el manto de lana cuando hace calor. Finalmente, con un intenso trabajo diario de los esquiladores y una impecable organización del mismo por parte de las cooperativas extremeñas de ovino, se ha cubierto todo el ganado y se ha cuadrado el calendario de esquila en Extremadura.

Además, no se han registrado mermas en la producción y se ha mantenido la cadena de la lana, ya que al disponer de ella en el momento óptimo no ha perdido sus cualidades ni valor del tejido en el mercado.

Poca mano de obra

Las cuadrillas de esquiladores de Uruguay, donde existen escuelas en las que se enseña este oficio, son esenciales para el sector ovino ya que en España no hay suficiente mano de obra especializada para atender toda la cabaña ganadera en los meses que dura la campaña.

“De ahí que necesitemos traer más profesionales, porque los que tenemos en España no son suficientes para quitar la lana a los más de 13 millones de cabezas de ovino que tenemos en todo el país, la mayoría de las cuales –más de tres millones- están en Extremadura, que tiene el mayor censo de España”, explica Marco Calderón, presidente de la Sectorial de Ovino y Caprino de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura.

Una tarea que debe realizarse además entre abril y junio, para asegurar el bienestar animal de las ovejas. “Es inimaginable que las ovejas estén aún con lana en pleno agosto, por ejemplo, porque se crearía un grave problema sanitario y de bienestar animal”, agrega Calderón.

Por eso, llegan a España, desde hace años y con su contrato de trabajo, para realizar una tarea que es esencial para los ganaderos, con una técnica y profesionalidad que permite atender toda la cabaña en los meses que dura la campaña.

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