
La falta de mano de obra se ha consolidado como uno de los mayores desafíos estructurales del sector agroalimentario en España. No se trata de un problema puntual ni coyuntural, sino de un fenómeno profundo, transversal y de largo recorrido que condiciona la sostenibilidad social, económica y territorial del sector. Junto al relevo generacional, la disponibilidad de trabajadores es hoy uno de los principales factores que ponen en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones y cooperativas.
Desde Cooperativas Agro-alimentarias de España, conscientes de la magnitud del desafío, se están impulsando diversas iniciativas orientadas tanto a comprender mejor el problema como a articular soluciones realistas, coordinadas y socialmente responsables, capaces de reforzar el papel estratégico de las cooperativas como motor del medio rural.
Un reto transversal que afecta a toda la cadena agroalimentaria
Aunque la escasez de mano de obra se percibe con mayor intensidad a nivel de explotación, su impacto se extiende a toda la cadena de valor: industria, comercialización y servicios auxiliares. Se trata, por tanto, de un problema horizontal, que afecta de lleno a las cooperativas agroalimentarias, actores clave del mercado agroalimentario español y europeo.
Este déficit de trabajadores condiciona directamente la capacidad productiva, la competitividad y, en última instancia, la sostenibilidad del medio rural, en un contexto marcado por décadas de despoblación y envejecimiento demográfico.
La transformación del empleo agrario: más asalariados, mayor dependencia
Para entender la dimensión del problema es imprescindible analizar la evolución del empleo en el sector. El informe Sector agroalimentario y trabajo. Una relación en transformación, elaborado por CAJAMAR, muestra un cambio estructural contundente: la asalarización es ya un fenómeno masivo.
La agricultura española ha pasado, desde mediados de los años setenta, de contar con tres ocupados familiares por cada asalariado a registrar en la actualidad dos asalariados por cada agricultor familiar. Este giro histórico ha reducido de forma notable el peso de la mano de obra familiar y ha incrementado la dependencia de trabajadores externos, cada vez más cualificados y difíciles de captar.
Este proceso no es exclusivo de España. El análisis coincide con las conclusiones del estudio Una agricultura sin agricultores, de Bertrand Hervieu y François Purseigle, que describe transformaciones similares en otros países europeos como Francia.
Un impacto social y económico de gran magnitud
El desafío es especialmente relevante para las cooperativas agroalimentarias, que emplean directamente a más de 122.000 personas en España, además de desempeñar un papel clave en la organización del trabajo en las explotaciones de sus socios. Estas cifras reflejan no solo el impacto económico del problema, sino también su dimensión social y territorial.
Abordar la falta de mano de obra no es, por tanto, una opción, sino una prioridad estratégica urgente para garantizar la continuidad del sector.
Un problema multifactorial: causas estructurales y coyunturales
No existe una única explicación para la escasez de trabajadores en el sector agroalimentario. Se trata de un fenómeno complejo, en el que confluyen múltiples factores:
| Factor | Impacto principal |
| Desinterés por el medio rural | Dificultad para atraer y fijar población |
| Imagen poco atractiva del sector | Falta de prestigio profesional |
| Salarios por debajo de la media UE | Menor competitividad laboral |
| Ausencia de relevo generacional | Explotaciones envejecidas y poco modernizadas |
| Baja digitalización | Escaso atractivo para perfiles técnicos |
| Alta temporalidad | Imposibilidad de proyectos de vida estables |
| Dependencia de población migrante | Vulnerabilidad y barreras administrativas |
Uno de los datos más relevantes del informe de CAJAMAR es que el sector primario español es un 57,9 % más productivo que la media de la UE-27, y un 53 % más competitivo en agricultura y pesca. Sin embargo, la remuneración media de los trabajadores es un 29 % inferior a la media europea, lo que evidencia un margen real para mejorar salarios sin comprometer la competitividad.
Migración y empleo agrario: una relación imprescindible pero frágil
El empleo agrario mantiene una estrecha relación con la población migrante. Según los datos disponibles, el 28 % del empleo agrario afiliado a la Seguridad Social es extranjero, con provincias como Almería (70 %) y Lleida (81 %) mostrando una dependencia muy elevada.
Pese a la evidente simbiosis entre el sector y la población migrante, persisten barreras administrativas, rigideces normativas y dificultades de inserción sociolaboral que generan situaciones de vulnerabilidad e irregularidad, perjudiciales tanto para los trabajadores como para las empresas y cooperativas.
Iniciativas en marcha desde el cooperativismo agroalimentario
Ante este escenario, Cooperativas Agro-alimentarias de España está impulsando un conjunto de actuaciones orientadas a ofrecer respuestas colectivas:
-
Creación de un Grupo de Trabajo interno sobre Mano de Obra, para identificar necesidades comunes y compartir experiencias de éxito.
-
Puesta en marcha, junto al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, de proyectos piloto de inserción sociolaboral de personas migrantes en protección internacional.
-
Exploración de convenios de contratación en origen y colaboración con entidades sociales especializadas.
-
Apoyo a programas como Wafira I y II, orientados a combinar empleo digno y necesidades reales del sector.
-
Impulso de ecosistemas institucionales que integren administraciones públicas, sector privado y tercer sector, con especial énfasis en formación y desarrollo de competencias.
Un desafío de país con respuesta colectiva
La falta de mano de obra no es solo un problema operativo. Es un desafío de país que afecta al relevo generacional, la cohesión territorial y el futuro del medio rural. Tras décadas de éxodo, el sector empieza a mostrar sus costuras, y la respuesta no puede ser fragmentada ni improvisada.
Las cooperativas, por su dimensión social, su arraigo territorial y su capacidad de articulación colectiva, están en una posición privilegiada para liderar soluciones que compatibilicen competitividad, calidad del empleo e integración social.
Mirar al futuro con ambición y realismo
Afrontar el reto de la mano de obra con visión estratégica, ambición y perspectiva a largo plazo será clave para garantizar que las cooperativas sigan siendo un pilar del sistema agroalimentario español y un motor de desarrollo y estabilidad en los territorios rurales.
El futuro del sector pasa, inevitablemente, por dignificar el empleo, modernizar estructuras, integrar talento y construir un relato que vuelva a situar a la agricultura y la ganadería como opciones profesionales viables, atractivas y esenciales para el conjunto de la sociedad.












