Antes de nada, quiero aclarar que soy titular de una explotación familiar y defiendo este modelo de explotaciones que crecen buscando la viabilidad o la unión de varias granjas. Puede suceder que el buen hacer y el número de socios que integran una granja por formar parte de ella varios familiares, o porque unieron sus recursos varias explotaciones, haya llevado a que lo que pudo comenzar como una pequeña explotación familiar se haya convertido hoy en una ganadería de dimensión considerable. No es a eso a lo que voy a dedicar este artículo, sino a un concepto mucho más peligroso para nuestro sistema productivo: las macrogranjas, en concreto al proyecto Noviercas.

Y es que por primera vez en Castilla y León somos pioneros en algo, aunque no en algo positivo. Somos punta de lanza de la sinrazón y de que nuestra Administración haga oídos sordos a los peligros que entraña la puesta en marcha de la macrogranja de Noviercas. Si esta explotación iniciara su actividad con las 23.520 vacas que anunció en su día, produciría 200.000.000 litros de leche al año, cantidad que echaría del mercado a 432 explotaciones de su entorno (más de un tercio de las explotaciones de Castilla y León) y destruiría 726 puestos de trabajo directos en el medio rural.

Cuando Europa nos presenta una PAC cada vez más verde, con más condicionamientos medioambientales y más respetuosa con el medio ambiente, nosotros respondemos con proyectos faraónicos que no hacen otra cosa que poner al filo del abismo a las explotaciones de Castilla y León y de la cornisa cantábrica. Resulta curioso ver cómo se tratan de imponer normativas absurdas para la aplicación de purines a las ganaderías en activo, mientras se extiende una alfombra roja a la producción de abono de esta “megagranja”.

Hay quien no entiende el empeño que la COAG ha puesto en combatir el proyecto, pero si hay alguna guerra que merece la pena es esta. Esta lucha encarna todo lo que nos inspira como organización agraria, porque muchas son las agresiones que afronta nuestro sector, pero esta es de las grandes: pretende ocupar el mercado mediante la eliminación de los más pequeños, que somos todos los demás. ¿Cómo no oponernos con todas nuestras fuerzas?

Dejar pasar este proyecto sin combatirlo sería dar nuestra conformidad a un cambio de modelo productivo en el que las explotaciones familiares de pequeña y mediana dimensión no caben, y donde más pronto que tarde aparecerían nuevas megaexplotaciones que concentrarían miles de terneros u ovejas, pero también miles de hectáreas de cultivo. Unas pocas explotaciones, apoyadas por fondos de inversión nacional y/o internacional, harían toda la producción agraria. Sería una sentencia de muerte para el modelo social agrario que COAG defiende. Rechazamos la sustitución de una alimentación de calidad y cercanía por alimentos de “fábrica”. Es la uberización del campo. Son ellos o nosotros.

¿Qué impacto tendría en el sector lácteo español la instalación de una explotación como la proyectada en Noviercas? En un escenario de crisis del sector como el actual en COAG nos parece completamente inaceptable una instalación de estas dimensiones.

Desde el fin de las cuotas lácteas, en España ha disminuido el número de entregas de leche en un 10 %. Este descenso ha estado vinculado a la caída en el precio pagado por la leche y al aumento del volumen entregado. Castilla y León registró en el primer año sin cuotas una redistribución de sus explotaciones hacia los estratos más productivos tras haber perdido 138 explotaciones de menos de 1.000.000 de kg de leche al año y haber incorporado 67 explotaciones de más de 1.000.000. Conociendo estos datos, no resulta comprensible que se baraje siquiera la posibilidad de introducir una nueva explotación de dimensiones como las que se prevén en Noviercas. Ya existen dificultades para recoger toda la leche que se produce en España a un precio rentable, pero en cuanto entren en el circuito los 200 millones de litros de leche al año de la explotación, la estabilidad del sector se verá nuevamente comprometida.

El número medio de animales por explotación en la UE apenas supera las 150 vacas. En el Reino Unido (media por explotación de 132 vacas), se intentó instalar una explotación con alrededor de 8.000, pero el intento fracasó por la posibilidad de contaminar el agua potable. Una de las explotaciones lácteas más grandes del Reino Unido está en Gales y cuenta con 2.000 vacas: es 10 veces inferior a la prevista en Noviercas. En Francia se instaló una explotación con cerca de 1.000 vacas (23 veces menor que la de Noviercas) hasta que, también por la presión social y la intervención judicial, se desestimó la idea. En ese país el tamaño máximo de una explotación láctea no puede ser mayor de quinientas vacas. ¿Por qué mientras países como Francia o Inglaterra imponen limitaciones al tamaño de las granjas aquí nos hacemos los “suecos”? ¿Pretendemos ser más liberales o solo tenemos gobernantes más inconscientes?

Las cuestiones medioambientales parecen haber sido la clave de la falta de éxito en estos intentos de apertura de macrogranjas. Una explotación como la planteada consumiría entre 4 y 6,35 millones de litros de agua al día, cantidad superior al consumo de toda la población de la ciudad de Soria, unos 6,15 millones al día. La producción de residuos orgánicos como purines y estiércol de una cantidad tan elevada de animales puede generar serios problemas ambientales y de salud pública. Esta explotación produciría unas 368.000 toneladas de estiércol al año, el equivalente a una población de unos 4,4 millones de personas. Las 23.520 vacas producirían casi el doble de residuos orgánicos que toda la población de Castilla y León y casi 50 veces los generados por todos los habitantes de la provincia de Soria. El almacenamiento y tratamiento de tal cantidad de residuos orgánicos plantearía riesgos de vertidos y fugas. Los cauces, el agua potable, la salud pública, la fauna y otras actividades económicas, como el turismo, podrían verse gravemente afectadas.

El proyecto planteado implicaría el trasiego de grandes vehículos industriales para abastecer de alimento y otros insumos a la explotación y transportar la leche y los terneros. Cada día se producirían 600.000 kilos de leche en la explotación. Sería necesario que 20 camiones cisterna circularan cada día, ida y vuelta, por la carretera que une Noviercas con Ólvega. La entrada de los 600.000 kilos de forraje necesarios para alimentar a las vacas podría suponer la llegada de otros 60 camiones diarios.

Existen importantes peligros en el proyecto de macrogranja para la sanidad agropecuaria de la cabaña de Castilla y León. La mejora en la calificación por parte de Soria conlleva una flexibilización de los movimientos de animales y una mejor comercialización. Con un solo animal positivo, hecho factible en una explotación de 23.520 vacas de distintos orígenes, se tendrían que sacrificar todas las cabezas de ganado. Si tenemos en cuenta los baremos de indemnización de los programas nacionales, la media por sacrificio sería de 822 euros por vaca. En una explotación de 23.520 vacas el coste total por indemnización ascendería a 19,3 millones de euros, cinco veces más que el presupuesto anual para las campañas de saneamiento de toda Castilla y León.

El riesgo sanitario más grave de una granja de estas dimensiones sería el de la fiebre aftosa, enfermedad vírica grave, sumamente contagiosa y de repercusiones económicas considerables. La morbilidad es de casi un 100 %. En países oficialmente libres de la enfermedad, como España y la UE, en caso de confirmación de un brote, todos los animales susceptibles deberían sacrificarse y las canales eliminarse. El brote de fiebre aftosa en el Reino Unido en 2001 costó al país 16.000 millones de libras y obligó a sacrificar 10 millones de ovejas y vacas.

En definitiva, hay cada vez más interés por parte de los consumidores en saber cómo se produce la leche. ¿Cómo creéis que entenderán este proyecto? ¿En qué medida contribuirá a que nuestros detractores tengan aún más herramientas para atacar al sector?



Por Jorge Hernández, responsable del Sector Lácteo de COAG CASTILLA Y LEÓN

(Publicado en revista “VACA PINTA” Nº 22, febrero 2021)

 

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