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Desde la Geografía profesional de Castilla y León han recibido con escepticismo la prohibición de la caza del lobo, ya que, aunque reconocen que la convivencia con el lobo es el camino a seguir, entienden que es incompatible con el actual modelo de ganadería.

“La convivencia con el lobo debe ser un objetivo a alcanzar, incluso su exclusión cinegética, pero debe realizarse a partir de un plan de gestión y una transformación ganadera que entienda la convivencia como un beneficio, no una imposición” señala Alberto Merino, profesor asociado en el departamento de Geografía de la Universidad de Valladolid. Además reconoce que en estas circunstancias puede tener un efecto negativo en la lucha contra la despoblación “Resulta paradójica la radical prohibición por el ministerio de Transición ecológica y el reto demográfico” apunta.

Por su parte Raúl Gutiérrez, geógrafo miembro de la Junta de gobierno del colegio profesional de Geografía de Castilla y León, recuerda que el problema viene “desde que en los años 70 se cambia el status del lobo de alimaña a especie cinegética, el crecimiento del número de individuos ha llevado a que comience a haber manadas al Sur del Duero protegidas por la Directiva Hábitats de la UE, mientras que al norte se permitieran cazas selectivas”  y apunta que la ganadería deberá seguir evolucionando  “en estos 50 años se ha pasado de una actividad casi de subsistencia  a explotaciones de extensivo en régimen de semilibertad, con vigilancia relativa y un terreno amplio de movimiento. Debe continuar cambiando y adaptarse, en vez de depender del carácter tan determinante de la caza, debido a que es un sector muy rígido”

Ambos profesionales ponen el énfasis en trabajar en fórmulas que permitan la convivencia del lobo con la actividad ganadera como la puesta en marcha de marcas de garantía de sostenibilidad como las “Reservas de la Biosfera” UNESCO o las marcas “Parque Natural Regional” franceses, que, según Merino “pueden ser una oportunidad para transformar las practicas agropecuarias, aportando un valor añadido a los productos elaborados bajo estas prácticas de convivencia con el medio natural”. Además reclaman una mayor adaptación y profesionalización, mayor vigilancia, con uso de perros pastor, así como nuevas tendencias. “Hay experiencias positivas, como el uso de burros, que se ha llevado en Sayago” concluye Gutiérrez.

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