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No sin un apasionado debate, lo cierto es que son cada vez las voces que apuestan por los beneficios médicos y terapéuticos, aquí puedes conocer alguno de ellos,  que el cannabis ofrece en el tratamiento de determinados enfermedades o dolencias, siendo especialmente significativos la mejoría que ofrece en problemas como la epilepsia (aquí puedes descubrirlos de primera mano).

Si bien cada vez son más conocidos esos valores, quizás la gran desconocida de todo ese proceso es la propia planta y sus semillas que, además, presentan importantes variedades y diferencias que la hacen especialmente atractivas aunque sólo sea por su valor botánico.

Quizás sea poca gente la que conozca que el cannabis ofrece tres tipos de semilla claramente diferenciados que ofrecen características muy diferentes lo que hace que una u otras sean especialmente útiles en unos temas u otros.

La primera de estos tipos de semillas son las que se podrán denominar como regulares son aquellas en las que no se ha llevado a cabo ningún tipo de manipulación química, es decir, que son las que se desarrollan de una forma que podíamos calificar como natural. Como todas las plantas la de la marihuana tiene una parte femenina y masculina, aquí conviene subrayar que es la primera la que contiene los componentes químicos psicoactivos que son la principal característica botánica de esta especie, mientras que la parte masculina tiene, apenas, una labor que podíamos calificar como de abono, de simple fertilizante, que fecunda las partes femeninas para dar origen a nuevas plantas, cuando estas llegan a su completa madurez.

Una segunda clase de semilla, son la que distintos expertos han dado en denominar como feminizantes, que son las que dan más posibilidades de producción ya que sólo produce plantas femeninas que como ya hemos comentado son las que tienen las sustancias psicoactivas. Pero ¿cómo es que la reproducción se puede llevar sin la participación de esa parte masculina? La respuesta a esa pregunta es relativamente sencilla, en el proceso de desarrollo y evolución de la planta, distintos botánicos, descubrieron que la planta del cannabis o la marihuana, en situaciones extremas como puede ser el mismo invierno o por el contrario la falta de agua, busca la supervivencia de la especie para lo que sufre una importante transformación que la hace convertirse en hermafrodita, logrando de esta manera la fecundación y asegurar la continuidad de la especie. Este tipo de semillas tienen la gran ventaja, para el productor, que se puede “jugar” con ellas en lo que a producción se refiere ya que esta se puede lanzar o frenar en virtud de las horas de luz que las podamos aportar

Finalmente, tenemos un tercer tipo de semilla que se ha dado en llamar de autofloración, y que es fruto de la mano del hombre que ha logrado sobre la base de cruzar semillas comunes con las del “cannabis ruderalis” una planta que es capaz de florecer en cualquier condición de luz que se pueda presentar, lo que le permite tener un desarrollo industrial de este tipo de plantas para su posterior comercialización. Conviene aquí señalar que este tipo de planta necesita una cantidad de luz para su desarrollo que en ocasiones llega a superar las 18 horas diarias.

Lógicamente este último tipo de semilla es el que más se emplean pues ofrecen algunas ventajas más que significativas. La primera de ellas es que crecen de una forma rápida, apenas necesitan 2-4 semanas para su desarrollo y, además, inician la floración casi de forma automática sin depender de las horas de luz que reciban, precisamente esa velocidad de crecimiento hace que su altura no supere los 100 centímetros lo que hace que sea cómodo el trabajo con ellas. Además, el desarrollo de las cosechas, como ya hemos comentado es rápido, pudiendo incluso desarrollar una cosecha hasta tres veces al año, siendo extremadamente sencillos sus cuidados ya que están muy poco expuestas a plagas, insectos u hongos.

Por último, destacar que aunque se trata de plantas relativamente resistentes lo cierto es que la bajada de las temperaturas es, sin lugar a dudas, uno de sus principales enemigos en el desarrollo de las mismas ya que, a duras penas, son capaces de resistir por debajo de los 15 grados centígrados, por lo que una de las principales preocupaciones de quien se dedica a esta actividad es mantener el ambiente siempre por encima de esa cifra.

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