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  • La clave para que mantengan prácticamente intactas sus propiedades es que se cosechan en su punto óptimo de maduración, cuando su valor nutritivo es mayor, y se ultracongelan directamente, permitiendo mantener la mayoría de sus nutrientes.

La Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados (ASEVEC) recuerda que la principal diferencia entre las verduras frescas y las congeladas es el proceso de ultracongelación al que son sometidas.

Se recogen en su mejor momento de maduración, con todo su valor nutritivo y, “al minimizar al máximo el tiempo desde que se recolectan hasta que se ultracongelan, o pasan a producción, se consigue que las verduras se conserven como si estuviesen prácticamente recién recogidas”, señala Álvaro Aguilar, secretario general de ASEVEC.  Por lo que, las verduras congeladas llegan a la mesa con las mismas propiedades y la misma calidad con la que son recolectadas en la huerta. Además, vienen limpias y troceadas, listas para ser cocinadas, evitando así el desperdicio alimentario.

En torno a la categoría de las verduras congeladas siempre han girado muchos mitos, “desde la Asociación, trabajamos para ampliar el conocimiento de la sociedad sobre este tipo de productos y avanzar en la mejora de los hábitos alimentarios”, afirma Aguilar. Son un producto que, además de su indiscutible valor nutricional, es más económico a la hora de hacer la cesta de la compra, ya que “se recolecta en épocas de mayor oferta o abundancia, por lo que su precio es más competitivo”, añade.

Para reforzar la información sobre esta categoría, la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados ha desarrollado una guía con diez ventajas que aúnan las verduras congeladas:

Frescas: gracias a la ultracongelación, se mantiene la frescura en el tiempo.

Sanas y nutritivas: son igual de nutritivas que las frescas, conservando sus propiedades organolépticas y nutricionales

De temporada disponibles todo el año: se recolectan en campaña, en su momento óptimo de maduración, pero pueden consumirse en cualquier momento del año.

Perdurables: manteniendo la cadena de frío, estos productos tienen una larga vida útil.

Seguras: durante el proceso, cumplen exigentes controles de calidad y seguridad alimentaria y, la ultracongelación, evita la proliferación de patógenos o degradación, y el posible deterioro causado por microrganismos.

Cómodas: suponen un ahorro de tiempo y son fáciles de preparar ya que vienen lavadas, cortadas y listas para cocinar. Además, se puede consumir la cantidad deseada y el resto se mantienen en el congelador.

Naturales: directas del campo a la mesa, sin conservantes ni aditivos. Solo frío.

Asequibles: se recolectan en el momento de mayor oferta, por lo que su precio es más competitivo y estable.

Sostenibles: su proceso productivo favorece el ahorro energético y el máximo respecto al medio ambiente.

Reducen el desperdicio alimentario, ya que son un producto libre de mermas, listo para cocinar.

Por último, Aguilar ha querido destacar la importancia de llevar una dieta equilibrada y poner en valor “la variedad y la riqueza de las verduras y hortalizas que se producen en nuestro país, destacando su importancia como productos sostenibles en una dieta saludable”.

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