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Es indudable que todo lo que tiene que ver en el cambio climático o que influye en el mismo se ha convertido en objeto de análisis y debate en el conjunto de la sociedad y no sólo en la comunidad científica.

Uno de los aspectos que más incertidumbres levantó y sigue levantando en la actualidad fueron las imágenes de satélites NOAA que, en 1974, revelaron un significativo fenómeno como era una apertura de 250.000 km2 en el mar de Weddell, un mar de hielo que surge al sur de América del sur.

La citada apertura, conocido científicamente con el nombre de polinia, persistió durante tres inviernos, con amplías zonas sin hielo en esa masa de agua, e incluso alguna de pequeño tamaño todavía se ha registrado el año pasado.

En un nuevo análisis de los modelos climáticos, los investigadores de la Universidad de Pennsylvania, los del Instituto de Ciencias Marinas de España y la Universidad Johns Hopkins revelaron las consecuencias climáticas que ese tipo de polinias pueden tener en el conjunto del clima pues el calor que “se escapa” desde el océano a través de esas aperturas tiene claras consecuencias en el mar, en las temperaturas atmosféricas, en los patrones del viento del mundo e incluso en las precipitaciones que se producen alrededor de los trópicos

Irina Marinov, un autor del estudio sobre este tema y profesor asistente en Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Pennsilvania ha señalado que la presencia de esa polinias aunque sean de pequeño tamaño tienen una clara incidencia en la paulatina desaparición, casi llegando a la extinción, de especies como por ejemplo el celacanto

Este estudio apareció publicado en la revista Clima, en un trabajo junto a otros científicos como Anna Cabre, en la actualidad con el Instituto de Ciencias Marinas en Barcelona, y Anand Gnanadesikan, profesor del Departamento de la Tierra y las Ciencias Terrestres  del Johns Hopkins.

Históricamente, el Océano meridional se cubre en hielo durante el invierno del hemisferio sur. La aparición de las citadas “polinias” ocurren cuando las aguas cálidas subsuperficiales del Atlántico Norte y las que tienen un  origen ecuatorial se mezclan con aguas de frías superficiales en un proceso conocido como convección.

Hasta hace poco, los científicos del clima y los oceanógrafos creían que las condiciones atmosféricas y oceánicas alrededor de los trópicos eran los principales factores que afectaban las condiciones fuera de los trópicos. Pero en los últimos años, distintos estudios dirigido por Marinov y distintos colaboradores han demostrado que lo contrario también es cierto: de tal forma que el océano Austral tiene un papel importante en los climas tropicales y del hemisferio norte.

Su modelo indicó que la aparición de esas polinias y la convección oceánica se producen de forma abrupta cada 75 años., actuando como una válvula de liberación para el calor del océano. En este proceso no sólo las zonas más cercanas sino que también hay aumentos en las temperaturas totales de la superficie del mar y de la atmósfera de todo el hemisferio sur y, en menor medida, del hemisferio norte.

Entre estos cambios, destaca el que se produce en el cinturón ecuatorial donde convergen los vientos alisios, teniendo como resultado la presencia de intensas precipitaciones. Cuando aparece una polinia, esta corriente de lluvia se mueve al sur unos pocos grados y permanece allí por 20 a 30 años antes de cambiar de nuevo. “Esto afecta los recursos hídricos, por ejemplo, en Indonesia, América del sur y África” dijo Marinov. “Tenemos una variación natural en el clima que puede ser, entre otros efectos, impactando la producción agrícola en las regiones densamente pobladas del mundo”

Dadas estas implicaciones a gran escala de un fenómeno del océano Austral, Marinov subraya la necesidad de aumentar el monitoreo en la región. Ella es parte de un esfuerzo llamado SOCCOM, para las observaciones y el modelado del océano y del clima del sur, colocando flotadores robóticos en el Océano meridional para recolectar datos sobre temperatura del océano, salinidad, nutrientes y oxígeno.

El trabajo plantea nuevas cuestiones, como la forma en que una disminución del nivel de hielo del mar, incluyendo la reciente ruptura de un trozo masivo de la Península Antártica, afectará a la frecuencia de la aparición de las polinias y cómo la presencia o ausencia de las mismas afectará, en general, al clima.

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