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Oficios de siempre, artesanales, de los de “toda la vida”. Es un concepto que tenemos bien conocido pero al que la evolución de los tiempos parece ir relegando a un poco acomodado segundo plano, peleándose a codazos con la tecnología y los nuevos tiempos que marcan la evolución de la sociedad. 

Fuente: www.salamancartvaldia.es

Un planteamiento, que más que profesión es vocación, y que aún tiene grandes valedores en los pequeños municipios de nuestra provincia, quienes luchan a diario por mantener vivo un oficio que, en su gran mayoría, han recibido y conservado de generación en generación.

Un buen ejemplo lo encontramos en Macotera, donde aún se mantiene el cuidado con mimo de un producto que en el ayer era sustento de no pocas familias, la lana. Tejido natural a mas no poder y que hoy, en pleno siglo XXI se sigue tratándose y cuidándose con las mismas artes que lo hicieron los abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.

La empresa Rio Margañan sigue en pie en la Villa, con más de 40 años de historia, capitaneada por Victoriano Madrid García, hijo de experto lanero y que hoy, junto a su plantilla de trabajadores, continua en la labor aunque adaptándose a los nuevos tiempos.

Un ritual que lleva adelante cada día desde sus históricas instalaciones, lugar en el que sigue con el oficio que, tal y como explica, “llevo en el desde los 14 años que me salí de estudiar y me vine con mi padre a trabajar la lana. Una vez que el murió tome las riendas de la empresa ya que la lana ha sido y es mi vida y mi oficio” del que explica que consiste en “clasificarla desde que viene del campo, a través de los ganaderos, consiguiendo de ella hasta 9 clases, que luego se vende a diferentes clientes en función de sus necesidades o peticiones de confección”.

Una profesión que ha vivido también sus momentos de bonanza y sus caídas, pero que hoy en día, con la nueva realidad que dibuja el coronavirus, se resiste a abandonar. “Ahora mismo estamos dando trabajo a 8 personas, aunque en otros tiempos hemos estado 12 y hasta 14 trabajadores, pero la situación que está dejando el virus es muy mala”. 

“Para que te hagas una idea”,  explica, “la lana del año pasado, en la campaña del mes de junio, se estaba pagando hasta 2,30 euros el kilo. Este año, la misma fecha en junio, 40 céntimos, casi dos euros menos, así es muy difícil subsistir”.

Sobre las razones que han llevado al mercado a situar el precio en una situación tan al límite, Victoriano lo tiene claro, “se debe a que los chinos no compran lana y como no se la lleven ellos nadie la compra. Esta era la que antes se fabricaba aquí en España, había muchas fábricas, en Cataluña y en Bejar mayoritariamente, pero ya no queda ninguna. El cambio en el modelo de producción y compra ha roto todo el mercado que teníamos”.

Una situación mercantil que mantiene en la cuerda floja tanto a Victoriano como a las otras dos empresas familiares laneras que se encuentran en la localidad, cantidad muy alejada de los hasta 40 laneros que regaron con el oficio toda la comarca y buena parte de la provincia salmantina. 

Sobre el futuro más inmediato que puede esperar al oficio de lanero en Macotera, como en todo, mantiene todos los interrogantes abiertos. “Esto viene todo hilado a la pandemia. Por ejemplo gastamos mucha menos ropa, por tanto la producción es la mitad y todo ha caído. Mientras China no retome su actividad comercial como antes todo va a seguir así, y ellos no compran porque no los dejan comprar. Hasta que no terminen las existencias que tienen nos los dejan comprar fuera del país, por aranceles y otras muchas cosas”.

Sea como sea, Rio Margañan y sus lanas parecen tener asegurada cierta continuidad, al menos a nivel familiar, ya que  Víctor Madrid Cuesta, hijo de Victoriano, continuara al frente del negocio una vez jubilado Victoriano ya que, tal y como le paso a su padre, asegura que “la lana lleva siendo mi vida desde los 17 años”.

Ha día de hoy apenas quedaran media docena de laneros artesanos en toda España, un oficio que comienza mamándose y que continua por la profesionalización a la hora de saber escoger o “sortear” como ellos llaman, al producto. Hoy, con decenas de miles de kilos preparados para su salida al mercado, continúan capeando el temporal ya que, tal y como aseguran padre e hijo, “esta situación será algo pasajero. Vamos a salir de esta y el mundo seguirá teniendo lanas de calidad surgidas de Macotera y de nuestra empresa, en ello ponemos empeño y esfuerzo a diario”.

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