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La Unió de Llauradors de Valencia ha pedido a la Dirección General de Catastro, dependiente del Ministerio de Hacienda, una revisión de la tipología de los invernaderos ya que los valora catastralmente como una construcción de uso industrial y los clasifica como nave de fabricación y almacenamiento cuando no es el caso porque se trata de estructuras ligeras e inherentes al cultivo.

Tras la modificación del procedimiento de valoración de construcciones en suelo rústico del año 2007  se cambia la tipología y la categoría de todos los invernaderos (se consideran como tales cualquier tipo de estructura sea malla, plástico o construcción), lo que provoca un aumento de sus valores catastrales y que los agricultores deban pagar cantidades desorbitadas tal y como vienen detectándose en las nuevas revisiones catastrales. Esta situación afecta en la Comunitat Valenciana a productores de hortalizas, nísperos, cultivos tropicales (kiwi, aguacate, etc.,.) e incluso a los cítricos pues hay muchos protegidos con mallas. 

De todas las definiciones técnicas y comunes se deriva que los invernaderos de uso más común en el sector agrario, sobretodo el mediterráneo, son una estructura ligera y sin forjado, por lo que no son una construcción para estar clasificada como de uso industrial y nave de fabricación y almacenamiento. Por las características de la actividad, su uso no tiene como objetivo fabricar ningún bien o servicio ni mucho menos como construcción para uso de almacenamiento. 

En este sentido, La Unió argumenta en el informe remitido al Ministerio de Hacienda que los invernaderos son simplemente la herramienta necesaria para el control de determinados parámetros productivos, como: temperatura ambiental y del suelo, humedad relativa, concentración de anhídrido carbónico en el aire, luz, etc., en lo más cercano posible al óptimo para el desarrollo de los cultivos que se establezca y en ningún caso se trata de una instalación de almacenamiento al destinarse al cultivo y desarrollo de bienes perecederos, alimentos. También la normativa existente respecto a la valoración de las construcciones que determinan el valor catastral de los bienes inmuebles de naturaleza urbana certifica la petición de LA UNIÓ sobre esta modificación.

La tipología de invernaderos en la agricultura mediterránea es muy variada, destacando los siguientes: capilla y doble capilla, parral, a dos aguas, tunel y multi-tunel. Sus materiales en la cubierta son plásticos o mallas de hilo de plástico y la estructura de hierro galvanizado o sin galvanizar y alambre galvanizado. Se trata de estructuras con un peso tan bajo por la tipología de la estructura y cubierta no se puede considerar como una construcción industrial, además de su facilidad para el desmontaje y montaje en otra parcela. 

Las consecuencias económicas de esta tipificación de los invernaderos como construcción industrial realizada por la Dirección General de Catastro son dañinas para los agricultores que realizan inversiones elevadas en un medio de producción agrícola de carácter absolutamente provisional, desmontable, con cubierta permeable y con una estructura frágil. 

Carlos Parrado, responsable del departamento de ingeniería de LA UNIÓ, indica que “al ser un medio de producción, la tipificación de un invernadero es inherente al cultivo y al suelo y, por tanto, quedando claro que no se trata de una construcción, es al suelo a quien aporta una característica de igual manera que un cultivo. Es decir, igual que se diferencian los suelos en función del tipo de cultivo que alberga cada uno de ellos, se debería ampliar y diferenciar esta información, por ejemplo a cítricos al aire libre o con cubierta, hortalizas al aire libre o bajo malla, nísperos, etc. Pero nunca considerar a los invernaderos como construcciones, ya que su definición dista mucho de ello”. 

Parrado señala que “considerar esto último provoca una desigualdad manifiesta sobre los agricultores, incrementando de manera ficticia su patrimonio, con las consecuencias fiscales que esto tiene, y generando unos impuestos injustos que descapitalizan el bien en pocos años”.

La Unió está presentando recursos ya ante algunas Gerencias Territoriales de Catastro. A modo de ejemplo destaca el caso de una estructura de hierro con una malla (denominada antitrip para evitar que estos insectos, Trips, entren en contacto con los cultivos y por tanto, es un sistema de lucha biológica) al que la Gerencia Territorial de Catastro le establece un precio de más de 443.000 euros, totalmente desmesurado, y a niveles de construcciones urbanas situadas en edificios céntricos de una gran ciudad. 

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