Los ataques de lobo se intensifican por momentos en la comarca de Vitigudino.  Al ataque denunciado ayer domingo en Olmedo de Camaces se suma este lunes otro en la localidad de Bañobárez, municipio en el que semana tras semana se registran este tipo de hechos. En esta ocasión la víctima ha sido de nuevo un becerro de unos 200 kilos, ahora propiedad de Ángel Manuel García Hernández, el mismo ganadero que ya sufriera dos ataques más meses pasados, aunque entonces sobre sus ovejas.

Ahora, el ataque se producía en una parcela próxima a la zona conocida como Los Propios y donde el ganadero tenía “tres becerros para quitar”, si bien uno de ellos ya no será posible. Los daños se estiman en unos 650 euros, aunque casi lo peor para estos ganaderos de la zona del Abadengo es pasar la noche pensando en lo que pueden encontrarse a la mañana siguiente.

Ángel Manuel García explica que la patrulla de control del lobo está haciendo esperas, pero de momento sin resultados. Lo que sabe con certeza es que otra vez deberá reclamar a la Junta de Castilla y León unos daños que no resarcen las pérdidas reales de su explotación, y ni mucho menos palían el estado de tensión en el que vive él y su familia, y como ellos otros muchos en esta zona.

Por otro lado, en la zona de Encinasola de los Comendadores ayer se denunciaba otro ataque, como ya informó este diario. Aún no se ha podido certificar el causante de la muerte de ocho ovejas y otras tantas heridas. En principio, el primer análisis apunta a perros, pero a los ganaderos no se les escapa que no muy lejos ha sido visto por varias personas un ejemplar de lobo, por lo que tampoco se puede descartar a este cánido como autor, pues en ocasiones resulta muy difícil discernir las heridas que provocan grandes perros con las de un lobo.

De lo que no hay duda es de que los nervios están a flor de piel, por lo que no sería extraño algún altercado con quienes no tienen otro cometido que cumplir con su trabajo, muy complicado en estos momentos. Decir que no ha sido el lobo es en estos momentos una decisión difícil de escuchar, especialmente por parte de quien pierde parte de su ganado y se encuentra indefenso por no saber qué hacer para evitarlo. Pero quizá lo peor llega después, en la noche, cuando al acostarse surge el temor de ver la misma imagen, dantesca, al día siguiente. -

Miguel Corral - www.salamancartvaldia.es

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