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La inseminación artificial es la herramienta idónea para avanzar en la mejora genética, pero ¿existen subvenciones o ayudas en nuestro país que fomenten su empleo? Esta cuestión fue una de las abordadas en la tertulia virtual ‘Rentabilidad en ovino: Sin inseminación artificial, nada’, organizada por el grupo operativo Reprovi.

En ella, Roberto Gallego, secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Ganado Ovino Selecto de Raza Manchega (Agrama), recordó que la Unión Europea tiene prohibido dar ayudas a la inseminación artificial, porque “no la considera una práctica innovadora”.

En el caso de Agrama, “no establecemos directamente un precio por la dosis para todas aquellas ganaderías que son colaboradoras del programa de mejora genética. Sí para terceros. Una ganadería que quiera inseminar a sus animales y que quiera disponer de dosis puede comprarlas, pero evidentemente no está obligada a dejar reposición”, señala Gallego. “Por tanto, al final eso se considera un comercio de dosis y como tal se trata. Los demás ganaderos, los que están implicados en un programa de mejora, están obligados a reponer esas corderas y a controlarlas precisamente para testar esos animales. Y como consecuencia no se establece un precio por dosis, aunque indirectamente es un servicio que pueda estar soportado económicamente en buena medida por la administración o por alguna empresa privada”.

“A mí me encantaría que hubiera ayudas directas”, apunta Fernando Freire, gerente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino de Raza Assaf (Assafe).“Si las hay a la compra de machos, ¿por qué no a la inseminación? Incluso que parte de las ayudas de la PAC se vincularan a hacer una determinada cantidad de inseminaciones. Hay que democratizar la inseminación, generalizarla”.

Sobre Reprovi, apunta Freire que “si este proyecto, cuyo objetivo es fomentar la inseminación, está financiado por el Ministerio a través del PNDR, ¿por qué se fomenta de esta manera y no de la otra? Ojalá hubiera ayudas directas para que el ganadero pudiera probar el producto y se diera cuenta de las ventajas que tiene”.

Lourdes Mintegi, representante de la Confederación de Asociaciones de Criadores de Ovino de las Razas Latxa y Carranza (Confelac), considera, por su parte, que deberían premiarse los resultados, “el producto final de la inseminación, que son esas corderas y esos machos reproductores que queremos dejar como futuro”, más que dar ayudas directas a la aplicación de dosis seminales.

“Creo que ayudar directamente a la aplicación de la dosis puede derivar en un uso masivo de la inseminación, e inseminar demasiadas ovejas de un mismo rebaño, y ovejas que quizá no tengan tanto interés, se puede traducir en malos resultados que frustran mucho a los ganaderos y a los técnicos, puesto que es un trabajo que requiere mucha mano de obra”, opina.

Para Mintegi, además, “podría ser una herramienta no solo para los rebaños que forman parte de las asociaciones, sino también para comercializar corderas de alto valor genético a otros rebaños que quizá no pueden usar la IA debido al manejo muy extensivo”.

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