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Los bioestimulantes son una serie de microorganismos y sustancias que consiguen estimular los procesos de absorción y posterior asimilación de nutrientes de una planta cuya función es la de mejorar los procesos de absorción de esos nutrientes, aumentando su eficiencia, lo cual  genera una gran ventaja debido a que disminuye la cantidad de fertilizantes necesarios, consiguiendo así uno de los objetivos más importantes dentro de la estrategia Europea conocida como «De la granja a la mesa», consistente en una reducción del 20% en el uso de fertilizantes.

Algunos de los tipos de bioestimulantes que hay serían los extractos de algas y plantas, los biopolímeros, los hongos y bacterias, los compuestos no orgánicos, los ácidos fúlvicos y húmicos y los aminoácidos y péptidos.

Uno de los retos más importantes del sector agrícola es su sostenibilidad. El nacimiento de ciertas iniciativas a nivel europeo como la conocida «De la granja a la mesa» la cual pretende fomentar un cambio en el sistema alimentario europeo para un modelo más sostenible, hacen que el uso de los bioestimulantes tenga un mayor protagonismo durante el proceso de cultivo. Además, su uso ayuda a conseguir una serie de objetivos marcados por esta estrategia europea como son un menor uso de plaguicidas o fertilizantes.

La mayor parte de los alimentos se producen en suelo, por tanto, mantener la salud de estos para una mayor sostenibilidad y una mejor producción, es fundamental.

Los bioestimulantes agrícolas aumentan la tolerancia de las plantas frente a efectos adversos de estrés abiótico, ayudando a proteger y mejorar la salud del suelo, fomentando el desarrollo de microorganismos benéficos del suelo. Un suelo saludable retiene el agua de manera más eficaz y resiste mejor la erosión.

Por otra parte, los bioestimulantes agrícolas pueden mejorar parámetros de calidad de frutas y verduras. Una mayor calidad significa mayores beneficios para los agricultores y alimentos más sanos y nutritivos para los consumidores.

Los bioestimulantes no reemplazan a los fertilizantes, son herramientas que desencadenan ciertos tipos de respuesta en el cultivo, ya sea para atenuar efectos de un estrés o asimilar mejor los nutrientes y fotosintatos de la planta.

Cuando se decide utilizarlos para atenuar efectos de estrés, los productos pueden ejercer una influencia positiva evidente, por ejemplo, al corregir la fitotoxicidad causada por un herbicida. En este caso el efecto se verá aun cuando el cultivo no esté en su nivel óptimo de fertilización. Pero si el bioestimulante se usa para inducir respuestas en un proceso fisiológico, cuanto mejor nutrida esté la planta mejor será la respuesta. Y cuando hablamos de productos que mejoran el rendimiento por mejor aprovechamiento de los nutrientes asimilados, el uso de esta tecnología en cultivos que no reciben fertilización adecuada, no darán buenos resultados. Concluyendo, usar estos productos en un cultivo que no está debidamente fertilizado es una erogación de dinero que no producirá los beneficios esperados.

Los principales objetivos de la Estrategia “De la granja a la mesa” son: garantizar suficientes alimentos, y que sean asequibles y nutritivos, sin superar los límites del planeta; reducir a la mitad el uso de plaguicidas y fertilizantes y la venta de antimicrobianos; aumentar la cantidad de tierra dedicada a la agricultura ecológica; promover un consumo de alimentos más sostenible y unas dietas saludables; reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos; luchar contra el fraude alimentario en la cadena de suministro y mejorar el bienestar de los animales.

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