Me he reservado la semana de trabajo para pensar sobre la futura PAC y para avanzar en las propuestas y posiciones desde las Illes Balears. Me planifiqué la inmersión Fernando Fernández. Experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural. Jefe de Gabinete Consellería de Agricultura, Pesca y Alimentación del Govern Balearde lecturas, y a media semana, cuando ya había vuelto a leer los diagnósticos de cada uno de los objetivos, las necesidades priorizadas, los documentos de condicionalidad ambiental y la propuesta de ECOESQUEMAS, me volví a leer la “Estrategia de la Granja a la Mesa” y me quedé sorprendido. La verdad es que me ha gustado mucho más que la primera vez. NO solo me gustó, sino que me generó esperanza e ilusión

En primer lugar, me ha gustado porque la “Estrategia de la Granja a la Mesa”, nos encamina hacia una Política Agroalimentaria. Se trata de una estrategia sobre el futuro del sistema agroalimentario. En una política agroalimentaria se ponen en juego las necesidades e intereses de agricultores, ganaderos y pescadores, de la industria agroalimentaria, del resto de los eslabones de la cadena, de los consumidores, pero también de las organizaciones de acción social, y de las organizaciones ecologistas. En los últimos años voces autorizadas en relación a las políticas agrarias han pedido que la PAC fuera girando hacia una política agroalimentaria. Este documento es un paso importante. Pero, además, no recoge una visión cualquier del sistema alimentario, recoge la visión de un sistema alimentario claramente sostenible, saludable y lleno de referencias éticas. No me parece que esto sea ninguna tontería.

En segundo lugar. El documento recoge de manera muy certera tendencias sociales que son claras y evidentes sobre todo entre la población joven. Cualquiera que tenga hijos creciditos lo sabe. Yo tengo 3 hijos y cada uno en su nivel tiene una conciencia política formada. Estoy absolutamente seguro que los tres estarían de acuerdo con lo que plantea el documento. Pero, además, cualquier agricultor o ganadera que esté en contacto con el mercado lo sabe. El otro día sin ir más lejos, un agricultor de los que podemos considerar “grandes” me dijo que se había leído el documento, y que estaba claro que, si la sociedad va por aquí, el tenía que moverse. Esta conexión del documento con una parte cada vez más numerosa de la sociedad europea, tampoco es ninguna tontería.

En tercer lugar. Me he pasado mi vida activa reivindicando la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación, y leo el documento, y me siento identificado. Hace 25 años no me hubiera imaginado ni por el forro, que un documento de la Comisión Europea expresara todo lo que dice este. El documento permite ese salto de escala en los sistemas agroalimentarios sostenibles en el que mucha gente lleva trabajando desde hace años, incluyendo a productores y productoras.

En cuarto lugar. El documento está lleno de objetivos medibles, de acciones concretas, de medidas legislativas, de instrumentos que se habilitan para impulsar la estrategia. Es decir, no se le puede acusar al documento, que no sea concreto. Es verdad que algunos de los objetivos pueden ser demasiado ambiciosos, pero ya nos viene bien que tengamos un documento así. La verdad es que el planeta no está para muchas bromas. Junto al documento, hay un anexo de la estrategia, en el que, de manera ordenada, aparecen todos y cada uno de los compromisos.

Por último. El documento es perfectamente compatible con la futura PAC. El documento encaja a la perfección en los 9 objetivos específicos de la PAC y en la arquitectura ambiental de la futura PAC. Si aprovechamos el instrumento de los ECOESQUEMAS de forma ambiciosa, y diseñamos de forma complementaria las medidas agroambientales de las CCAA, podemos poner los peldaños de la escalera de forma muy sólida. 

¿Qué es lo que falla en el documento?

En primer lugar, falla estrepitosamente el análisis del sistema agroalimentario global. En este punto, la Unión Europea patina constantemente. Quiero dejar claro que no soy de ninguna manera ingenuo. No me sitúo en contra de los mercados ni del comercio internacional. Soy consciente de que la exportación de alimentos es una opción válida y una fortaleza del sector agroalimentario español, y, por último, tengo clarísimo que cuando hablamos de mercado interior, hablamos de toda la Unión Europea. Pero es evidente que el mercado internacional de alimentos funciona de manera radicalmente injusta, y por ello considero que hay que regularlo poniendo normas justas. El documento dedica un punto de una página y media a “Promover la Transición Global” Este punto es justo el más suave e “ingenuo” de todo el documento. El documento apunta algún objetivo de reciprocidad en las normas ambientales y sociales, pero de forma tan sutil, que al final, lo único que sacas como conclusión es que simplemente, no se ha querido alarmar a los socios comerciales. El problema es que la Unión Europea tranquiliza a los socios comerciales de MERCOSUR, Canadá o Japón, pero a costa de alarmar a sus propios conciudadanos agricultores y ganaderos que se ven absolutamente desprotegidos. Sin clarificar este punto, la estrategia de la Granja a la Mesa sin duda puede dar mucho miedo.

Segundo problema. Este documento, junto a la arquitectura ambiental de la futura PAC, requiere un PRESUPUESTO de la PAC fuerte y amplio que garantice lo que últimamente hemos llamado, UNA TRANSICIÓN JUSTA.  Por el contrario, lo que hemos sabido es que la Estrategia aportará 15.000 millones a euros constantes (unos 16.400 millones a euros corrientes) lo que equivale a un 2% del Presupuesto del Fondo de Reconstrucción. Esto, unido al recorte en el presupuesto de la PAC, no da mucha tranquilidad, ni garantiza que la estrategia pueda llevarse hasta el final sin sacrificar a otros cientos de miles de agricultores y ganaderos de Europa.

Tiene también cierta importancia el hecho de que en algunos párrafos del texto “se cuelen” ciertos tópicos sectarios respecto a la cuestión del consumo de carne que, sin matices, acaban siendo injustas. Parece evidente que los europeos nos hemos pasado y hoy en día, una familia media acaba no sabiendo que comer, sino consume carne todos los días. Pero hay que matizarlo mejor. ¿Qué tipo de ganadería? ¿Qué tipo de carne? No todo es lo mismo, y, sin embargo, en algún momento el documento cae en el error de generalizar y esto, vuelve a generar miedo y rechazo

NO necesitamos un documento que genere rechazo y miedo. Necesitamos un documento estimulante. En definitiva. ¿Cómo puede la Unión Europea convertir el rechazo y el miedo a la estrategia de la Granja a la Mesa en esperanza e ilusión para el sector agrario y pesquero? En primer lugar, empezando a dar señales firmes y claras en las relaciones comerciales internacionales. En segundo lugar, con recursos suficientes que garanticen la transición justa que plantea la estrategia. En tercer lugar, convenciendo con los hechos de que esto va en serio

Fernando Fernández. Experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural. Jefe de Gabinete Consellería de Agricultura, Pesca y Alimentación del Govern Balear

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