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El sector ganadero de la UE tiene consecuencias medioambientales, económicas y sociales de gran alcance. Aumentar la sostenibilidad de los sistemas alimentarios europeas, aseguran desde la Comisión, requiere observar los tres ángulos, donde un enfoque sistémico es clave. El impacto ambiental del sector ganadero es significativo, tanto negativo, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), por ejemplo, como positivo, en lo que respecta, por ejemplo, al mantenimiento de pastizales permanentes, que beneficia la biodiversidad y representa un importante sumidero de carbono. Si bien se ha hecho mucho para reducir los impactos negativos, se puede hacer mucho más, aseguran desde Bruselas en un comunicado de prensa. Estos son algunos de los hallazgos clave del ' Estudio sobre el futuro de la ganadería de la UE: ¿Cómo contribuir a un sector agrícola sostenible?', publicado hoy, 14 de octubre, por la Comisión Europea. Elaborado por dos expertos independientes, este estudio fue solicitado por la Comisión para contribuir al debate sobre la sostenibilidad del sector ganadero.



Importancia económica y social

En toda la UE, el sector ganadero desempeña un papel económico y social importante. Por ejemplo, en 2017, el valor de la producción ganadera y los productos pecuarios en la UE-28 fue de 170 000 millones de euros, lo que representa el 40% de la actividad agrícola total. Además, las explotaciones ganaderas europeas emplean a unos 4 millones de personas, con una media de 1 a 2 trabajadores por explotación ganadera.

En términos de consumo, la proteína de origen animal cubre más del 50% del contenido proteico total de las dietas europeas. En 2020, se espera que cada europeo consuma 69,5 kilogramos de carne y 236 litros de leche. En los últimos años, el consumo de carne y productos lácteos de la UE ha comenzado a disminuir, y se espera que el consumo de carne disminuya aún más para 2030. También es notable un cambio en la canasta de productos comprados por los consumidores promedio, con una disminución en el consumo de carne de res y un reemplazo de carne de cerdo con carne de ave.

La ganadería juega un papel clave en la producción agrícola europea, la economía y la vida rural. El valor de la producción y los productos ganaderos en 2017 en la EU-28 fue de 170 000 millones de euros , lo que representa el 40% de la actividad agrícola total . El 58% de las explotaciones de la UE tienen animales y alrededor de 4 millones de personas están empleadas en el sector ganadero en toda la UE.

47 millones de toneladas de carne se han producido en 2017 en la UE, compuestos por carne de cerdo (50%) , carne de ave (31%), carne de vacuno (17%) y carne de ovino y caprino (2%) . La UE es ahora el segundo productor mundial de carne , muy por detrás de China pero por delante de Estados Unidos.

En términos de consumo, la proteína de origen animal cubre más del 50% del contenido proteico total de las dietas europeas. En 2020, se espera que cada europeo consuma 69,5 kilogramos de carne y 236 litros de leche. El cerdo ocupa el primer lugar (31,3 kg) seguido de las aves de corral (25,6 kg) y la carne de rumiantes (10,8 para la carne de vacuno y 1,8 kg para la carne de ovino).

 

Retos ambientales

El estudio describe el importante impacto ambiental del sector ganadero tanto en términos positivos como negativos. En 2017, el sector agrícola de la EU-28 produjo el 10% de las emisiones totales de Gases Efectos Invernadero de la zona, menos que la industria (38%) o el transporte (21%). Una vez que se incluyen las emisiones relacionadas con la producción, el transporte y el procesamiento de piensos, el sector ganadero es responsable del 81-86% del total de emisiones de GEI agrícolas. Además, la ganadería contribuye a la presencia de excedentes de nitrógeno en los medios acuáticos europeos y, al mismo tiempo, es un emisor principal de amoníaco, lo que provoca daños ambientales considerables, como la eutrofización.

Sin embargo, las emisiones de GEI agrícolas de la EU-28 disminuyeron un 24% entre 1990 y 2013. A medida que se han logrado avances técnicos, aún es posible un progreso significativo para mitigar las emisiones de GEI: cambios en la producción de piensos (uso de leguminosas), uso inteligente del estiércol (recolección, almacenamiento instalaciones), mejor gestión del rebaño, mejora de la salud animal, alimentación de precisión o uso de aditivos alimentarios.

El sector ganadero contribuye a las emisiones de GEI de la UE a través de sus efectos sobre las reservas de carbono del suelo. Por ejemplo, la conversión de tierras arables en pastizales o bosques conduce a un mayor almacenamiento de carbono, mientras que la conversión de bosques y pastizales en tierras arables tiene el efecto opuesto, lo que genera emisiones de carbono. La ganadería juega un papel clave en el uso de la tierra, que puede ser positivo o negativo a nivel local y global, con, por ejemplo, el cambio de uso de la tierra movilizado para la alimentación animal y el manejo del estiércol.

El ganado, especialmente los rumiantes, puede tener un impacto positivo sobre la biodiversidad y el carbono del suelo mediante el mantenimiento de pastizales y setos permanentes y el uso optimizado del estiércol. Estos efectos positivos dependen en gran medida del tipo de ganadería y de las condiciones locales en las que se basan. El estudio concluye que no es posible considerar la ganadería como un todo.

Incrementar la sostenibilidad en el sector ganadero

El estudio invita al lector a evitar una simplificación excesiva del debate en torno al sector ganadero y su impacto.

El informe destaca la eficiencia de la producción ganadera de la UE. Si la producción se reduce en la UE, el riesgo, si la demanda mundial de carne se mantiene o aumenta, es que la producción y los impactos asociados se desplacen de la UE a otras partes del mundo. Además, la simple reducción de la producción ganadera de la UE podría no conducir a cadenas agroalimentarias más sostenibles. El estudio subraya la importancia de tener en cuenta los diferentes sistemas de producción, que tienen diferentes comportamientos ambientales positivos y negativos. Finalmente, los expertos señalan que en la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles, no se puede ignorar la importancia económica y sociocultural del sector. La ganadería es más que solo producción de alimentos.

El sector ganadero puede jugar un papel clave en esta transición, según el estudio. El estudio sugiere que los sistemas ganaderos deberían evolucionar para proporcionar una gama de bienes y servicios, en lugar de guiarse únicamente por el objetivo de la producción. El clima, la salud y el bienestar animal deben estar en el centro de la innovación de los sistemas ganaderos del mañana.

La innovación será crucial para reducir los impactos negativos del sector, incluido el uso de enfoques agroecológicos, tecnología y una mayor circularidad. Se debe aumentar la eficiencia productiva, al tiempo que se implementa una combinación de nuevas tecnologías y prácticas agroecológicas. Por ejemplo, los enfoques agroecológicos que integran los cultivos y el ganado más estrechamente y maximizan la capacidad del ganado para utilizar biomasa no comestible para el hombre como alimento pueden proporcionar un margen para reducir el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos mientras se mantiene la productividad y se asegura la preservación de los recursos naturales.

Por último, el estudio también señala la importancia de la gobernanza para garantizar la continuidad de las empresas agrícolas y evitar poner en riesgo el empleo durante la transición a sistemas ganaderos sostenibles. La migración a estos sistemas deberá ser impulsada por políticas públicas y recompensada con visibilidad y beneficios económicos.

El papel de la PAC y la estrategia de la granja a la mesa

Presentada en mayo de 2020 por la Comisión Europea y como parte del Green Deal, la "estrategia de la granja a la mesa" tiene como objetivo hacer que los sistemas alimentarios europeos sean sostenibles. Esta transición salvaguardará la seguridad alimentaria, garantizará el acceso a dietas saludables, reducirá la huella ambiental y climática de los sistemas alimentarios de la UE, al tiempo que garantizará los medios de vida de todos los operadores de la cadena de suministro de alimentos. Para lograrlo, la estrategia tradujo este objetivo en metas concretas para 2030: llegar al 25% de las tierras agrícolas bajo cultivo orgánico, reducir en un 50% el uso y riesgo de pesticidas, una reducción de al menos un 20% del uso de fertilizantes y reducir ventas de antimicrobianos utilizados para animales de granja y acuicultura en un 50%.

La política agrícola común (PAC) será una herramienta clave en esta transición y en la consecución de estos objetivos. En la futura PAC, cada Estado miembro deberá diseñar un plan estratégico de la PAC. Los Estados miembros explicarán en sus planes cómo utilizarán los instrumentos de la PAC para contribuir al logro de los objetivos de la estrategia "De la granja a la mesa", en función de sus condiciones y necesidades locales. Además, la futura PAC ofrece herramientas para promover aún más las prácticas agrícolas sostenibles. Estas herramientas incluyen los eco-esquemas, disponibles en el marco de pagos directos, y los compromisos de gestión ambiental y climática, disponibles en el marco de desarrollo rural. Ambos tienen como objetivo recompensar a los agricultores por avanzar en la implementación de prácticas agrícolas sostenibles, como el uso de agricultura de precisión, enfoques agroecológicos y agricultura orgánica.

Enlaces relacionados: Informe de ganadería

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