Agronews Castilla y León

Alguien decía aquello de que todo lo que es susceptible de ir a peor… va a peor y esto es lo que está sucediendo con la campaña de remolacha 2020. Si ya durante todo el verano se anunciaba que iba a ser un mal año como consecuencia fundamentalmente del ataque de “amarillez” que estaban soportando la inmensa mayoría de las parcelas que incluso ha llevado al Gobierno galo a autorizar para este cultivo y por dos años el uso de los neonicotinoides, a lo que se sumó también la sequía vivida, en el momento de la recogida, cuando ya los datos son reales y no previsiones, sólo se ha confirmado ese hecho.

La propia confederación de remolacheros franceses, la CGB, ha calificado como “catastrófica” la situación actual, con unos rendimientos que pueden situarse al final de la campaña, y una vez que se normalizan las entregas a 16 grados de riqueza sacárica, la media hasta el momento se está situando en el entorno de los 17,2, en el entono de las 65 toneladas por hectárea, que son casi siete toneladas menos de las que se esperaba en septiembre.

Conviene señalar aquí, que a estas fechas de noviembre y cuando ya se han entregado aproximadamente 2/3 de la raíz producida, la media de toneladas obtenidas por hectárea se sitúa, según la CGB, en las 61/61, y aunque se espera que pueda crecer, no es menos cierto, que la debilidad a la que la enfermedad ha llevado a las hojas está complicando que se pueda realizar de forma correcta la fotosíntesis por lo que la remolacha no acaba “de hacerse”. Esa cifra actual supone una caída del 27% de los rendimientos medios alcanzados en el último quinquenio por los agricultores galos.

Esos resultados, subrayan desde la Confederación, son muy dispares según las zonas de tal forma que se pasa de las 30 toneladas de Souppes – sur Loing (Seine – et – Marne) a las 84 de Fontaine – le – Dun (Seine – Maritime)

 

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