Elena Rodríguez - Corresponsal en León - Agronews CyL

 

  • El presidente de la Federación de Caza de León defiende una práctica que cree que más que una afición, es una pasión

En la provincia de León hay alrededor de 20.000 cazadores, este año se han dado unas 140 nuevas licencias, una cifra que no suple a los que se dan de baja de una práctica que, cada vez tiene menos seguidores. Miguel Fierro, presidente de la Delegación de León de la Federación de Caza de Castilla y León  cree que vivimos en la “cultura del Bambi” porque “el entorno es desfavorable, casi hay que pedir disculpas por el hecho de ser cazador. Si miras hacia atrás, los documentos históricos recogen cuando se gratificaba al que cazase alimañas”, había incluso una forma definida para esas gratificaciones, mientras que ahora es “al revés”, se lamenta. Hoy “en la sociedad  hay mucha dificultades desde el punto de vista de la aceptación, si desde chaval oyes que es malo”.

Su nieto, Yago, de 11 años, le acompaña en las jornadas de caza, la primera vez lo hizo con solo dos años, y él mismo explica que lo hace “de manera continuada desde los 6 años”. De esta “pasión” de su abuelo, que también le apasiona a él, destaca que “le gusta ver a los animales correr” y estar en contacto con la naturaleza, tiene claro que, cuando tenga la edad necesaria (16 años para ir acompañado y 18 para poder cazar en solitario) le “gustaría ser cazador sin pensarlo”. Sus amigos “no se creen” que él vaya a cazar porque “no saben lo que es” y Yago lo explica así: “cazar es una forma de controlar a los animales, no se exterminan, pero si hay exceso de población, hay que controlarlos”.

En el paraje de La Poza, en La Virgen del Camino, cerca de León capital, el exceso de conejo daña las siembras de cereal de invierno en las pocas fincas de labor que quedan en la zona. En la primera semana de apertura de la temporada de caza menor (que permite cazar liebre, perdiz, conejo, becada y  anátidas, si hay zona de aguas), éste es el lugar elegido para una jornada de caza de Miguel, Paco y el pequeño Yago. La temporada, que terminará a finales de enero, no se presenta mal, pero “la alegría no es total”, asegura Fierro porque “ya empieza a oírse que la liebre, que había recuperado población, empieza a padecer mixomatosis, una enfermedad se creyó que era solo de los conejos, pero hay una variante que afecta a la liebre”, pero, en general, hay más población de liebre, aunque “desigual”, lo mismo ocurre con el conejo, que “no termina de recuperar” y sí destaca el cambio en la perdiz que, casi “se daba por perdida”, pero que ha mejorado mucho su población.

 

Dos cazadores, seis perros y mucha documentación

La jornada comienza con la recogida de los perros, en esta ocasión seis en total, que serán los encargados de “mover” la caza, y de toda la documentación que acredita la sanidad de estos animales y que es obligatorio llevar encima. Papeles, asegura ¨Fierro, que parece casi “el atril de los músicos”, en ellos se acredita que están vacunados contra la rabia, algo que se hace cada año en Castilla y León, aunque en otras comunidades, explica, es cada dos años, por eso pide “mayor rigor científico”. Además también hay que “tenerlos desparasitados cada 6 meses y censados en el Ayuntamiento”.

Cuando los perros ya están en el coche, y la carpeta de la documentación en la guantera, comienza el viaje hacia el paraje de La Poza en busca de conejos. Para cazar hay que madrugar, aunque en el caso de especies como el conejo, explica Fierro, “no habría que madrugar, habría que dejarlo que cuando hay sol y templa el día, suelen encamar a partir de media mañana, pero se madruga porque si no, otros te mueven la caza y no das con ella”. El conejo, a primera hora “sale a a comer y les ves, pero luego cuando ya no comen,  si hay tranquilidad, en cualquier zona se encaman, es decir, se acuestan”, y es ahí cuando, los perros los buscan, los mueven y es más fácil la caza.

Los cazadores salen al campo “de luz a luz”, lo más importante, para Fierro, no es el número de piezas que se llevan a casa, sino el disfrute de la naturaleza y de la compañía de los que comparten que esto no es una afición, sino una gran pasión.

 

 

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