La remolacha no vive sus mejores tiempos. Fue un cultivo importantísimo en la provincia, donde llegaron a sembrarse 9.000 hectáreas, pero en la campaña 2018-19 no hemos llegado a 2.000. Una crisis a la que no es ajena Europa, debido principalmente a la liberalización del sector tras la desaparición del sistema de cuotas desde octubre de 2017 -que hasta entonces había regulado la producción- y al bajo precio del azúcar de los últimos años en los mercados internacionales.

Si nos centramos en la campaña agrícola, decir que el cultivo se ha resentido mucho por las enfermedades y la climatología. Se sembró más tarde de lo habitual por las lluvias. A ello se unieron problemas como el de la cercospora, una enfermedad foliar que ha obligado a los agricultores a aplicar varios tratamientos, que incrementaron los costes de producción.

Con todos estos antecedentes se puede hablar de unos rendimientos bastante más bajos de lo habitual. En muchos casos ni siquiera alcanzaron las 90 toneladas por hectárea, cuando lo normal es que superen las 120, mientras que la riqueza ha sido inferior, de media, a lo conseguido en las últimas campañas.

A los problemas agronómicos se ha sumado el anuncio de Azucarera de romper el Acuerdo Marco Interprofesional, bajando 6,5 euros la tonelada –lo que haría inviable la rentabilidad del cultivo- con la excusa del descenso de los precios internacionales. Ante la gravedad de este asunto, ASAJA acudirá a la Corte de Arbitraje de Madrid de la Cámara Oficial de Comercio e Industria para dirimir las diferencias sobre la contratación, dado que nos han modificado las condiciones unilateralmente por parte de Azucarera.

Desde Asaja estamos convencidos de la importancia del sector remolachero para la región y la provincia, tanto para la agricultura -ya que sigue siendo una apuesta firme como cultivo alternativo- como para el medio rural en su conjunto, puesto que es fuente de empleo para numerosas familias, tanto para las que trabajan en el campo o las fábricas azucareras como en empleos indirectos relacionados. Hay que apostar por este sector que genera riqueza en la provincia y está formado por un colectivo muy profesional. Pero para ello es necesario que se respete el compromiso firmado por la industria en el Acuerdo Marco Inteprofesional.

El futuro del sector remolachero pasa por tener un precio justo que haga rentable la actividad y unos costes moderados y asumibles para las explotaciones. Y por supuesto, las administraciones y la industria deben apostar por el cultivo, manteniendo su política de ayudas, porque el precio de la remolacha sin esas ayudas sólo sirve para cubrir los costes de producción.

Llamamiento
Por último quieron hacer un llamamiento al colectivo de remolacheros de ASAJA. Hace cinco años la Junta decidía suprimir la ayuda de 3 euros a la remolacha que se había comprometido a pagar. Fueron siete los agricultores que acudieron a los tribunales para reclamar, con los consiguientes gastos en defensa jurídica.

Finalmente la sentencia fue favorable a los remolacheros, aunque la Junta ha dilatado todo lo posible el pago de esa deuda. Agotadas todas las vías administrativas y judiciales, la Consejería se va a ver obligada a pagar. La buena noticia es que la ayuda adeudada la recibirán no sólo los siete agricultores que emprendieron la batalla en los tribunales, sino que la sentencia beneficia todo el sector remolachero.

Desde aquí hago un llamamiento a la solidaridad de todos los miembros del colectivo de remolacha de ASAJA (y a los que lo eran en 2011) para contribuir a sufragar los gastos que asumieron los siete agricultores que acudieron a los juzgados y que gracias a ellos cobraremos el resto de remolacheros. Para ello, desde ASAJA Palencia hemos habilitado una cuenta solidaria en Unicaja para los remolacheros que quieran colaborar.

Por Honorato Meneses, presidente ASAJA PALENCIA

Sección: