José Ignacio Falces Yoldi - Agronews CyL

Ahora que ha finalizado la campaña de contratación de remolacha 22/23 en la Zona Norte es un buen momento para analizar, junto a Salomé Santos, responsable del departamento agrícola, como ha discurrido la misma para Azucarera, así como para repasar otros temas de interés: evolución del mercado del azúcar, la problemática del agua y el riego, la competencia que otros cultivos hacen a la remolacha.

  1. La campaña de contratación casi ha finalizado que valoración hacen de la misma ¿Cuántas hectáreas han contratado? ¿En qué zonas las incrementan?

Hacemos un balance positivo de la contratación en el norte que ha alcanzado las 10.200 has. Hemos crecido 1000 hectáreas, repartidas de forma bastante equilibrada entre nuestras tres fábricas de La Bañeza, Toro y Miranda.  Para nosotros es un buen resultado teniendo en cuenta el contexto extraordinariamente complejo que estamos viviendo. En estos últimos meses, los precios de los insumos y de la energía se han disparado, y los precios de los cultivos alternativos que compiten con la remolacha, también. A pesar de estas circunstancias, gracias a nuestra capacidad de adaptarnos al mercado con una oferta de contratos diversificada y aterrizada en las características y necesidades de cada agricultor, hemos conseguido crecer. Afortunadamente, el precio del azúcar también está subiendo, y esto nos ha permitido ser muy ambiciosos en nuestra oferta comercial, para ser atractivos frente a los cultivos competidores.

  1. ¿Ha sido el agua uno de los principales condicionantes de la elección de la remolacha por los agricultores de esta campaña? Les preocupa lo que pueda suceder durante la campaña. ¿Es el uso eficiente del agua uno de los retos más importantes que tiene el sector agrario en general y el remolachero en particular?

La escasez de agua ha sido un condicionante importante en algunas de las zonas remolacheras cercanas a nuestra fábrica de Toro y Miranda. A estos agricultores les hemos ofrecido modelos que apuestan por un riego y unas producciones más modestas, y por un manejo del cultivo adaptado a estas circunstancias. De este modo, aunque las producciones no sean tan altas como las de un contexto de abundancia de agua, los costes también son más bajos, y el neto es que la rentabilidad del cultivo sigue siendo atractiva.  Sin duda el manejo del riego seguirá siendo un aspecto estratégico de cara a futuras campañas. Es fundamental invertir en eficiencia energética y en el uso del agua, tanto por las exigencias medioambientales que cada vez son mayores, como por la responsabilidad que tenemos como sector frente a la sociedad.

  1. La competencia de otros cultivos es cada vez más fuerte con un mercado con precios disparados. ¿Creen que será un tema puntual o que ha llegado para quedarse? ¿Qué pueden ofrecer ante esta situación?

La competencia del maíz y del girasol este año ha sido extraordinaria, con precios nunca vistos. Creemos que estos precios disparados se deben fundamentalmente al contexto de guerra en el que estamos. Ucrania era un gran exportador de cereales y la guerra ha retirado su producción del mercado, generando un efecto inflacionista sin precedentes en los últimos años. Cuando la guerra termine, es de esperar que se produzcan correcciones a la baja en los precios de estos cultivos. En el caso de la remolacha, nosotros ofrecemos no solo una rentabilidad suficientemente atractiva frente a cultivos competidores, sino también seguridad y comodidad. Tenemos modelos de contrato en los que aseguramos al agricultor un ingreso mínimo y nos encargamos de parte de las labores y de la compra de insumos a través de nuestras empresas de servicio. Estos modelos están teniendo mucho éxito, porque le damos al agricultor una combinación de rentabilidad, seguridad y comodidad que no encuentran en otros cultivos.

  1. Las heladas han golpeado las primeras siembras ¿Han cuantificado la superficie resembrada? Les preocupa la evolución de esas parcelas.

Las heladas han golpeado algunas primeras siembras, sobre todo en la zona de Toro. Hemos tenido que resembrar aproximadamente 180 hectáreas. Son por tanto parcelas de siembras tardías, que tendremos que dejar para el final de la campaña en la medida de lo posible, para que puedan alcanzar producciones razonables. Tenemos una herramienta que nos calcula la evolución de la sacarosa de las parcelas, y ordena los arranques en función de esa evolución. Esto nos permite maximizar producciones en beneficio del agricultor y de las fábricas.

  1. Otro tema clave, es el precio del azúcar ¿Confían en que se mantenga la tendencia alcista?

El precio del azúcar está alcanzando niveles que no nos imaginábamos tras la liberalización del mercado del azúcar con la desaparición de las cuotas. Esto demuestra que los modelos predictivos pueden fallar porque no tienen en cuenta acontecimientos extraordinarios como los que estamos viviendo con el Covid, la invasión de Ucrania o el aceleramiento del cambio climático. Por tanto, lo importante para nosotros es estar preparados para adaptarnos con flexibilidad a las circunstancias del mercado en cada momento. Dicho esto, es claro que la tendencia alcista se va a mantener un tiempo, porque los factores inflacionistas, lejos de estabilizarse, se están acentuando.

  1. El agricultor sufre la elevación de los costes de producción, pero también la industria, especialmente en lo que se refiere a la energía ¿Cómo valoran la situación actual?

Efectivamente, el incremento de costes se está produciendo en toda la cadena de valor, desde el campo hasta el consumidor final, pasando por la industria y por la logística. El coste de la energía tendrá un fuerte impacto la próxima campaña en las fábricas. Somos intensivos en el uso de gas natural. Estamos desarrollando una estrategia de diversificación de riesgos para mitigar en todo lo posible este impacto en el corto y medio plazo, que va desde la negociación de contratos de suministro hasta la inversión en eficiencia energética y búsqueda de alternativas. También confiamos en que la Unión Europea y las autoridades nacionales tomen medidas para proteger el tejido industrial en la Unión Europea y en España si los niveles extraordinariamente altos del precio del gas natural continúan.

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