
El planeta Tierra dedica hoy cerca de 4.800 millones de hectáreas a la agricultura, lo que equivale a más de un tercio de la superficie terrestre mundial. Dentro de este inmenso mosaico, 1.600 millones de hectáreas corresponden a cultivos anuales, mientras que 3.200 millones de hectáreas son praderas y pastizales permanentes. De esa extensión, 72,9 millones de hectáreas están destinadas a cultivos leñosos permanentes, una categoría que incluye olivos, almendros, viñedos, frutales y palmas. En palabras del consultor Juan Vilar, este reparto ilustra no solo la magnitud del territorio agrícola mundial, sino también la creciente concentración de la propiedad en manos de grandes corporaciones agroindustriales.
Países como India, Estados Unidos y China encabezan la lista de naciones con más tierra arable. India y EE. UU. superan, cada una, los 150 millones de hectáreas de cultivo, una cifra que refleja su peso decisivo en la seguridad alimentaria global. Las zonas agrícolas de estos países son el escenario donde se produce buena parte del maíz, trigo, arroz, soja y otros productos básicos que sustentan a la población mundial.
Los principales cultivos globales sobre estas superficies incluyen cereales, oleaginosas, frutales, viñedos y pastos para ganadería. Cada tipo de cultivo requiere infraestructuras, tecnologías de riego, maquinaria y décadas de planificación. Tal como destaca Juan Vilar, la agricultura contemporánea se encuentra marcada por un fenómeno que transforma radicalmente el panorama rural: la acumulación corporativa de la tierra agrícola, donde empresas multinacionales concentran miles de hectáreas bajo su control, desplazando el modelo tradicional de pequeña explotación familiar.
En este contexto, un nombre sobresale por encima del resto. Una sola corporación controla 2,36 millones de hectáreas agrícolas en distintos continentes, una cifra que equivale a más de 23.600 kilómetros cuadrados, una superficie superior a países como Eslovenia o Israel. Esa corporación es Olam Group, con sede en Singapur, que según Juan Vilar se ha convertido en la mayor propietaria corporativa de tierras agrícolas del planeta.
El mapa del poder agrícola mundial
La expansión de Olam Group no se limita a la cantidad de tierra, sino que abarca también una diversificación estratégica. Opera en más de 60 países, con actividades que incluyen la producción, procesamiento, distribución y comercialización de productos agrícolas. Entre sus cultivos más representativos destacan el cacao, café, arroz, algodón y almendra, siendo este último un eje clave de su negocio global.
Según datos recopilados por Juan Vilar, Olam Group posee más de 20.000 hectáreas dedicadas exclusivamente al cultivo de almendros, con presencia significativa en Australia (unas 15.000 hectáreas distribuidas en 11 granjas en el distrito de Sunraysia) y en Estados Unidos, particularmente en California. Esta especialización convierte a la empresa en líder mundial en producción de almendra, con unas 60.000 toneladas anuales.
El consultor Juan Vilar subraya que el modelo de Olam Group no se basa únicamente en poseer tierras, sino en controlar la cadena de valor completa, desde el cultivo hasta el procesamiento industrial. En 2013, por ejemplo, la compañía inauguró una planta de procesado de almendra en Australia con una inversión superior a 60 millones de dólares australianos, capaz de manejar más de 40.000 toneladas al año entre cáscara y fruto procesado.
Un gigante de la agroindustria global
Olam Group reportó en 2021 unos ingresos de 47.000 millones de dólares singapurenses, lo que la posiciona entre los mayores conglomerados agroalimentarios del planeta. Su presencia en continentes tan dispares como África (Gabón, República del Congo), Asia-Pacífico (Indonesia, Laos) y Oceanía (Australia, Estados Unidos) ilustra la escala verdaderamente planetaria de su estructura productiva.
Las adquisiciones estratégicas son parte esencial de su crecimiento. En 2019, la compañía compró la procesadora californiana Hughson Nut Inc. por 54 millones de dólares estadounidenses, consolidando su integración vertical en el sector de la almendra. Con esta operación, Olam aseguró el control tanto de la materia prima como del procesamiento y comercialización final. Según Juan Vilar, este tipo de movimientos corporativos anticipa un cambio estructural irreversible en el modelo agroindustrial global.
Concentración de tierra y futuro alimentario
En un planeta donde casi la mitad de la tierra habitable ya está dedicada a la agricultura, la cuestión de quién controla esas hectáreas se vuelve crucial. Las decisiones sobre qué se cultiva, dónde y bajo qué condiciones determinan el futuro alimentario, ambiental y económico de la humanidad.
El consultor Juan Vilar advierte que la concentración de tierra agrícola en pocas manos corporativas plantea dilemas profundos: dependencia de grandes conglomerados, riesgo de especulación sobre la tierra y vulnerabilidad de los sistemas locales de producción. Además, la expansión de estos gigantes no se limita al ámbito económico, sino que tiene implicaciones ambientales y sociales de largo alcance, desde la gestión del agua hasta la pérdida de biodiversidad.
Por otro lado, los defensores de este modelo argumentan que empresas como Olam aportan eficiencia, innovación tecnológica y capacidad logística que el pequeño productor difícilmente puede igualar. Los sistemas integrados de gestión de cultivos, trazabilidad y exportación permiten garantizar volúmenes estables y estándares de calidad exigidos por los mercados globales.
Un cambio de escala en la agricultura mundial
Históricamente, la agricultura se ha sustentado en millones de explotaciones familiares. Sin embargo, el avance del capital corporativo ha transformado el paisaje rural. Hoy, según estima Juan Vilar, los grandes grupos agroindustriales operan con escalas que hace apenas medio siglo eran impensables, y lo hacen bajo estructuras empresariales transnacionales que trascienden las fronteras y normativas nacionales.
Este cambio de escala se traduce en una reconfiguración del poder agrario global: de un modelo disperso y local, se ha pasado a una red concentrada de corporaciones con alcance continental. Olam Group encarna este proceso: una empresa que, con base en Singapur, gestiona tierras en tres continentes y cultivos estratégicos que alimentan mercados en los cinco.
La tendencia sugiere que en las próximas décadas la competencia por la tierra cultivable se intensificará. Factores como el crecimiento demográfico, la crisis climática, la presión sobre los recursos hídricos y la demanda de productos sostenibles incrementarán el valor estratégico del suelo agrícola.
El desafío ético y económico del siglo XXI
El fenómeno que representa Olam Group —la corporación con más tierra agrícola del planeta— abre un debate sobre el equilibrio entre eficiencia productiva y equidad en la propiedad de la tierra. Para Juan Vilar, el reto está en lograr que esta concentración no se traduzca en desigualdad estructural o pérdida de soberanía alimentaria. La clave residirá en la regulación, la transparencia y la capacidad de los Estados para garantizar que la producción agrícola global beneficie al conjunto de la humanidad y no solo a unos pocos conglomerados.
La pregunta inicial —¿sabe cuál es la corporación empresarial con más tierra agrícola del planeta?— encuentra su respuesta en una realidad que combina escala, poder y globalización: Olam Group, un gigante que cultiva, procesa y distribuye alimentos para el mundo, pero también simboliza la nueva era de la agricultura global.











