
El cierre de la planta azucarera de Jerez en 2026 marca un punto de no retorno para el cultivo de la remolacha en Andalucía. Lo que durante décadas fue un motor económico y social para comarcas como Cádiz y Sevilla se convierte ahora en un símbolo del abandono agrícola. COAG Andalucía ha denunciado que la industria ha optado por importar remolacha de terceros países en lugar de garantizar la continuidad de un sector estratégico para el territorio.
Diego Bellido, responsable de Remolacha de COAG Andalucía, ha sido contundente: “Si cierra la fábrica, desaparece el cultivo”. Su afirmación refleja una realidad que afecta no solo a los agricultores, sino también al tejido económico y social que giraba en torno a este cultivo.
Una muerte anunciada para el cultivo
La situación actual no ha llegado de manera inesperada. En la última campaña apenas se sembraron 6.000 hectáreas en Andalucía, de las cuales 3.600 correspondieron a Cádiz y 2.200 a Sevilla. Estas cifras están muy lejos de las 9.000 o 10.000 hectáreas de años anteriores, lo que evidencia un progresivo retroceso del sector.
La caída de los precios ofrecidos por la industria y las condiciones climáticas adversas agravaron aún más la crisis. Las lluvias de octubre retrasaron la siembra y las de marzo favorecieron la aparición de enfermedades como la cercospora, que impidieron realizar tratamientos a tiempo y causaron daños graves. A ello se sumaron plagas de chinches, que elevaron los costes de producción.

Una campaña ruinosa
Los resultados productivos confirmaron el deterioro. En las parcelas de riego a pie apenas se alcanzaron entre 50 y 60 toneladas por hectárea, cuando en campañas anteriores se superaban con facilidad las 100 toneladas. Solo en secano, gracias a las lluvias, los rendimientos fueron algo mejores, aunque sin ofrecer alternativas reales para las ayudas agroambientales, ya que en esas tierras no se cultiva algodón.
El resultado fue un escenario de baja rentabilidad y falta de incentivos para continuar sembrando. Bellido recuerda que “la remolacha fue, junto con el algodón, uno de los cultivos que impulsaron el despegue económico de nuestras localidades”, pero ahora se ha convertido en un cultivo residual, sin relevo generacional y sin planificación industrial.
El precedente de 2005
COAG Andalucía compara esta situación con la reconversión de 2005, cuando miles de agricultores tuvieron que abandonar el cultivo ante la falta de apoyo y la apertura a mercados exteriores. Para la organización, se trata de un sinsentido económico, social y ambiental que repite la historia de hace dos décadas, pero con consecuencias aún más graves debido a la actual crisis de rentabilidad en el campo.
Importaciones frente a producción local
Uno de los puntos más críticos de la denuncia de COAG es que la industria haya optado por importar remolacha desde la otra punta del mundo en lugar de mantener la producción en Andalucía. Esto supone que barcos cargados de materia prima lleguen a puertos españoles mientras las tierras locales quedan abandonadas.
Este modelo, según la organización, destruye un sistema productivo arraigado en el territorio y lo sustituye por la dependencia de multinacionales, dejando a los agricultores andaluces en una situación de abandono.
Consecuencias sociales y medioambientales
El cierre de la planta no solo afecta a los agricultores. Las comarcas productoras pierden una actividad que generaba empleo, mantenía viva la economía rural y ayudaba a fijar población en zonas con riesgo de despoblación.
Desde el punto de vista ambiental, el abandono del cultivo de la remolacha conlleva la pérdida de prácticas agroambientales que hasta ahora eran sostenibles en tierras de secano. Además, la importación desde largas distancias implica un mayor impacto ambiental en términos de transporte y huella de carbono.
La petición de COAG Andalucía
Ante esta grave situación, COAG Andalucía exige la implicación inmediata de las Administraciones Públicas para salvar lo que queda del sector remolachero. Entre sus demandas destacan:
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Mantener las ayudas agroambientales que han permitido la viabilidad de la remolacha en secano.
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Impulsar medidas de protección frente a la entrada masiva de importaciones.
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Diseñar una estrategia de apoyo que evite la desaparición de un cultivo histórico.
Para COAG, la prioridad debe ser proteger el territorio, evitar la pérdida de un cultivo social y garantizar la sostenibilidad de la producción local.
Un futuro incierto para las tierras de secano
El interrogante que queda abierto es qué hacer con las tierras que durante décadas se dedicaron a la remolacha. Según Bellido, “se está destruyendo un modelo productivo que daba vida al territorio para ponerlo en manos de multinacionales”. La falta de alternativas agrícolas claras agrava la incertidumbre para los agricultores andaluces.
Conclusión
El cierre de la fábrica de Jerez en 2026 representa el fin de la remolacha en Andalucía. Lo que durante años fue un motor económico, social y ambiental se extingue ante la falta de planificación y el predominio de las importaciones. El sector agrario andaluz se enfrenta así a un nuevo episodio de reconversión que amenaza con dejar tierras abandonadas, agricultores sin futuro y un territorio más dependiente de las decisiones de grandes industrias y mercados internacionales.










