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La localidad vallisoletana de Villanubla se convirtió de nuevo ayer en un típico pueblo castellano de hace un siglo, rememorando imágenes ya perdidas de la vida rural, en la edición número once de la “Feria de los Oficios: En tiempos de mis abuelos”.
Los vecinos del pueblo, de unos 2.300 habitantes, escenifican lo que era un día de mercado de hace un siglo, mostrando a los numerosos visitantes lo que eran antiguos oficios como los de herrero, cantero, barbero o guarnicionero.
Uno de los alicientes es que además se pueden degustar gratuitamente pastas, limonada, orujos, salchicas o té natural mientras se ve como se elaboran de forma artesanal en ese momento. Además, los niños pueden disfrutar de paseos en burro, de juegos de otra época como el de la rana o del viejo Tren Burra que hasta tampoco hace tanto surcaba el páramo.
Viejas aventadoras o carros acompañan esta escenificación en la que muchos vecinos sacan del baúl boinas y fajas, para recorrer con atuendos de otra época la calle Mayor al ritmo de dulzaina y tamboril, mientras observan el trabajo de cesteras, hilanderas, encajeras o del afilador.
Un campamento gitano, una pequeña granja, la enfermería o el carpintero son algunos del medio centenar de puestos que jalonan la calle, vigilada por guardias civiles de los de capa y tricornio, como los de antes.
La antigua escuela evoca también las enseñanzas de entonces, con libros y mapas cuyos contenidos y hasta su geografía queda ya solo en la memoria de los más mayores.
La feria la organiza el Ayuntamiento de Villanubla en colaboración con asociaciones, peñas, quintos y vecinos a título particular de este pueblo a tan solo diez kilómetros de Valladolid, dentro de las actividades previas a las fiestas patronales que tendrán lugar el próximo fin de semana.

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