
El inicio de la campaña vitivinícola 2025/26 se caracteriza por un conjunto de indicadores que, aunque pueden parecer contradictorios a primera vista, dibujan una fotografía muy precisa del momento que atraviesa el sector del vino en España. La producción crece ligeramente, las existencias se reducen, el consumo interno vuelve a descender y las dinámicas comerciales muestran un mercado internacional que responde de forma desigual en volumen y valor. Todo ello ocurre en un contexto marcado por fenómenos meteorológicos adversos que han llevado a revisar a la baja la previsión global de cosecha, y por la continuidad de tendencias estructurales que se arrastran desde hace varias campañas.
Según los datos aportados por el INFOVI y por la Agencia Tributaria, el arranque de la campaña deja cifras que conviene analizar con profundidad para comprender mejor hacia dónde se dirige el mercado. La producción en los dos primeros meses alcanza 23,3 millones de hectolitros, un +1,1% más que en el periodo equivalente anterior, aunque ello no implica necesariamente que la campaña vaya a cerrar al alza. Las existencias se sitúan en 53,64 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 2018, mientras que el consumo cae hasta 9,53 millones de hectolitros, encadenando otro año de retroceso. A estos movimientos se suma un comportamiento mixto en el comercio exterior: más volumen exportado pero menor valor generado.
A continuación se desarrolla de forma ampliada cada uno de estos pilares.
Producción: crecimiento puntual, pero previsiones condicionadas
La producción de los dos primeros meses de la campaña 2025/26 asciende a 23,3 millones de hectolitros, lo que supone un aumento del +1,1% respecto al mismo periodo del año anterior. Este incremento, aunque relevante, debe interpretarse en su correcto contexto: se trata solo de una parte inicial de la campaña y está influido por el calendario de vendimia de algunas regiones.
Durante septiembre de 2025, la producción registrada fue de 18,6 millones de hectolitros, apenas un -0,1% por debajo de septiembre de 2024. Aunque este dato confirma cierta estabilidad, no elimina la preocupación por el efecto que los fenómenos meteorológicos han tenido y seguirán teniendo en la producción final. Según el avance del MAPA con datos hasta el 30 de junio, la previsión inicial era de 29,4 millones de hectolitros de vino y 5,6 millones de hectolitros de mosto, cifras que ya se han rebajado debido a las condiciones climáticas adversas.
Por colores, se contabilizan 13,6 millones de hectolitros de vino blanco (+0,5%) y 9,7 millones de tintos y rosados (+2%). La producción de uva en los dos primeros meses asciende a 3.731,3 millones de kilos, un +0,3% más que los 3.691,3 millones del mismo periodo previo. Este ligero crecimiento en uva indica que, al menos en términos de volumen, la variación es mínima y las diferencias de campaña dependerán más del rendimiento final y de las mermas ocasionadas por el clima.
Existencias: el nivel más bajo en siete años
Las existencias finales de vino y mosto sin concentrar a 30 de septiembre de 2025 se sitúan en 53,64 millones de hectolitros, una disminución de 611.183 hectolitros y un -1,1% respecto a septiembre de 2024. Es necesario retroceder hasta 2018 para encontrar un nivel inferior, lo que subraya la importancia de este ajuste.
Del total, 47,5 millones de hectolitros corresponden a vino (-1,3%) y 6,15 millones a mosto sin concentrar (prácticamente estable). Dentro de las existencias de vino, se observan movimientos internos significativos: los vinos tintos y rosados se sitúan en 25,1 millones de hectolitros tras perder 1,9 millones, mientras que los vinos blancos ascienden a 22,4 millones, lo que supone un aumento de 1,3 millones.
En el caso del mosto sin concentrar, 1,9 millones de hectolitros corresponden a mostos tintos y rosados (+4,2%) y 4,2 millones a mostos blancos (-1,9%). Este reequilibrio entre categorías ilustra diferencias de comportamiento del mercado y de disponibilidad que pueden influir en la evolución de precios y en las decisiones comerciales de los operadores.
Consumo nacional: continúa la tendencia descendente
El consumo nacional de vino cierra el interanual a septiembre de 2025 con 9,53 millones de hectolitros, un -1,8% menos. Este descenso se suma a la progresiva disminución que el mercado interno viene experimentando desde 2018. La pérdida interanual respecto a septiembre de 2024 es de aproximadamente 175.000 hectolitros, lo que confirma el debilitamiento estructural del consumo doméstico.
Septiembre de 2025, en particular, registra un comportamiento negativo que contribuye de forma significativa al cierre a la baja. Esta caída se enmarca dentro de tendencias más amplias relacionadas con cambios de hábitos, aumento del consumo en categorías alternativas y presiones económicas que afectan al gasto en bebidas.
Destinos industriales: desplome en destilación y descenso en elaborados aromatizados
En los dos primeros meses de campaña, 67.730 hectolitros se destinaron a destilería y vinagrería, un -66,2% menos que en el mismo periodo anterior. La destilación es la principal responsable de este retroceso: cae un -85%, quedando en 24.591 hectolitros, lo que supone 140.803 hectolitros menos. En contraste, el vino destinado a la producción de vinagre aumenta un +23%, alcanzando 43.139 hectolitros.
Asimismo, la elaboración de bebidas aromatizadas, vermuts y sangrías se reduce hasta 184.856 hectolitros, un -12,9% o 27.260 hectolitros menos que el año anterior.
Comercio exterior: sube el volumen exportado, baja el valor generado
Los datos del INFOVI muestran un aumento del +8,5% en el volumen exportado durante los dos primeros meses de campaña, alcanzando 2,7 millones de hectolitros. Por su parte, la AEAT confirma hasta agosto un crecimiento del +8,1% en volumen, con 1,3 millones de hectolitros, pero un descenso del -1,7% en valor, situándose en 191,5 millones de euros.
Las importaciones, en cambio, sufren un fuerte retroceso: -45,6% en volumen hasta 56.089 hectolitros, y -8% en valor, con 18,6 millones de euros. La caída se concentra en los vinos a granel.













