
El vacuno de carne gallego afronta un futuro incierto si no logra mejorar su eficiencia y reducir su dependencia de las ayudas públicas, especialmente de las que proceden de la Política Agraria Común (PAC). Así lo pone de manifiesto el estudio de costes elaborado por la Fundación Juana de Vega, presentado en una jornada técnica del Grupo Operativo Rede Galega de Granxas Modelo, que analizó los resultados económicos de 17 explotaciones de vacas nodrizas en Galicia durante 2024. El informe ofrece una radiografía precisa de la situación actual del sector, evidenciando tanto su relevancia territorial y social como su fragilidad económica estructural.
Radiografía del modelo productivo gallego
El estudio, desarrollado con la colaboración del Consejo Regulador de las IXP Ternera Gallega y Vaca Galega-Boi Galego, la Cooperativa A Carqueixa y el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM) —dependiente de la AGACAL—, detalla que las explotaciones analizadas presentan un modelo típico de pequeña o mediana dimensión. Cada una cuenta con un rebaño medio de 56 vacas nodrizas y una base territorial de unas 60 hectáreas, sustentadas principalmente en mano de obra familiar con una dedicación equivalente a 1,12 Unidades de Trabajo Agrario (UTA).
De acuerdo con los datos de 2024, cada ganadería comercializa 34 terneros al año, además de animales de desecho y ejemplares destinados a la reproducción, lo que equivale a una producción anual de 10.460 kilogramos de carne por explotación. Este volumen, aunque modesto, representa una parte esencial del tejido agroganadero de montaña, configurando un modelo productivo profundamente arraigado al territorio.
Un sector con márgenes mínimos y alta dependencia de las ayudas
Desde el punto de vista económico, los resultados confirman la estrecha rentabilidad del vacuno de carne gallego. Los costes medios anuales por explotación ascienden a 85.950 euros, incluyendo el salario imputado a los titulares, mientras que los ingresos alcanzan los 88.615 euros. La diferencia deja un margen de beneficio medio de apenas 2.665 euros anuales, una cifra que, traducida a términos de producción, representa solo 0,25 euros por kilogramo de carne.
Si se descuenta el salario imputado a los ganaderos, la renta disponible real ascendería a unos 29.400 euros por explotación, pero únicamente sobre el papel. En la práctica, sin el apoyo de la Política Agraria Común (PAC), este margen desaparecería por completo.
El coste medio de producción se sitúa en 8,22 euros por kilogramo, frente a unos ingresos medios de 8,47 euros/kg, lo que deja escaso margen para amortiguar fluctuaciones de precios o imprevistos. Las ayudas de la PAC aportan, de media, 29.000 euros por explotación, lo que supone un 34,2% de los ingresos totales. En otras palabras, sin la PAC, las granjas no serían rentables.
Estructura de costes: alimentación y trabajo, los grandes desafíos
El análisis detallado de la estructura de gastos revela que la alimentación constituye la principal partida, con una media de 33.193 euros por explotación, equivalente al 39% del total de costes. Le sigue la retribución imputada al trabajo de los propietarios (31,1%), calculada a razón de 1,5 veces el salario mínimo interprofesional, reflejando el peso del trabajo familiar no remunerado directamente.
Otros costes relevantes son las amortizaciones (8,4%), los arrendamientos (6%) y partidas menores como sanidad, reproducción, seguros, tributos y gastos financieros. Este esquema evidencia la dificultad de reducir costes sin comprometer la sostenibilidad técnica o el bienestar animal.
Por el lado de los ingresos, el 67,4% procede de la venta de animales, principalmente terneros y vacas de desecho, mientras que el resto (34,2%) deriva de subvenciones públicas. Este desequilibrio refuerza la idea de que la PAC no es un complemento, sino un pilar esencial de la economía ganadera gallega.
La voz del sector: vulnerabilidad y necesidad de transformación
Durante la presentación, José Manuel Andrade, director de la Fundación Juana de Vega, subrayó que “las ayudas públicas equivalen prácticamente a la renta disponible de las granjas”, lo que evidencia una vulnerabilidad estructural. Andrade insistió en que “para garantizar el futuro del vacuno de carne gallego es imprescindible mejorar la eficiencia productiva, reforzar la estabilidad económica y valorizar la carne gallega en los mercados”.
La dependencia de las subvenciones no solo refleja debilidad financiera, sino también limitaciones en la capacidad de reinversión, innovación y relevo generacional. Muchos jóvenes rurales no encuentran incentivos suficientes para continuar con explotaciones donde los márgenes son tan reducidos y la rentabilidad depende de políticas cambiantes.
Un sector estratégico para el territorio rural
Más allá de su función económica, el vacuno de carne gallego cumple un papel ambiental y social crucial. Estas explotaciones gestionan más de 200.000 hectáreas de superficie agraria útil (SAU), contribuyendo a mantener el paisaje en mosaico agroforestal, característico de Galicia. Además, su actividad ayuda a prevenir incendios forestales, a conservar los pastos comunales y a mantener la biodiversidad en zonas de montaña donde la agricultura intensiva resulta inviable.
Sin embargo, el mantenimiento de este equilibrio depende de la rentabilidad de las explotaciones. Si no se logra garantizar ingresos estables y suficientes, la abandono de tierras y el declive del pastoreo extensivo podrían acarrear graves consecuencias ambientales y sociales a medio plazo.
Claves coyunturales: precios, enfermedades y conflicto bélico
El técnico de la Fundación Juana de Vega, Adrián Sánchez, analizó los factores coyunturales que explican el aumento de los precios de la carne de vacuno en los últimos años. Entre ellos destacó la reducción del censo ganadero entre 2021 y 2022, motivada por la caída de precios y el encarecimiento de los insumos, agravados posteriormente por la guerra de Ucrania.
Asimismo, la aparición de enfermedades como la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) y el largo período de reposición del ganado —que requiere más de dos años para incorporar nuevas vacas nodrizas—, han afectado significativamente la capacidad productiva y la estabilidad del mercado.
Iniciativas de valor añadido y venta directa
Entre las experiencias inspiradoras, Lucía Fernández, responsable de proyectos de la Cooperativa A Carqueixa, explicó su modelo de negocio basado en la venta directa. La cooperativa gestiona una carnicería propia en la Plaza de Abastos de Lugo y comercializa también platos precocinados, acercando al consumidor urbano productos de origen certificado y trazabilidad garantizada. Este tipo de estrategias, orientadas al valor añadido y al contacto directo con el consumidor, pueden marcar una vía de diversificación y estabilidad para el futuro del sector.
Por su parte, Antonio Delpueblo, presidente de A Carqueixa, y Ceferino López, presidente de la Comunidad de Montes de Moreira, destacaron la función social y ambiental del vacuno extensivo, especialmente en zonas de alta montaña, donde las explotaciones desempeñan un papel esencial en la conservación de los pastos comunales y la gestión sostenible del territorio.
Conclusiones y perspectivas
El informe de la Fundación Juana de Vega confirma una realidad que el sector lleva años denunciando: la supervivencia del vacuno de carne en Galicia depende directamente de la PAC. Sin un sistema de ayudas robusto y estable, el modelo de granjas familiares corre el riesgo de desaparecer. No obstante, el estudio también ofrece un camino de salida: profesionalización, eficiencia y valorización.
La mejora de la gestión económica y técnica de las explotaciones, el fomento de canales de comercialización alternativos y la formación de los ganaderos y técnicos son factores decisivos para asegurar la viabilidad futura del sector. La combinación de innovación, sostenibilidad y proximidad al consumidor podría ser la clave para transformar la vulnerabilidad en fortaleza.
La jornada técnica celebrada en Cervantes reunió a más de setenta participantes, entre ganaderos, técnicos, investigadores y representantes del sector, además de una comitiva de treinta ganaderos cántabros que visitaron Galicia para conocer experiencias de referencia. Un encuentro que no solo sirvió para presentar un estudio, sino también para abrir un debate necesario sobre cómo garantizar el futuro del vacuno gallego sin depender en exceso de las subvenciones.











