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La mayoría de las parcelas destinadas a cereal, leguminosas y crucíferas se encuentran sembradas, según se destaca desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía, pero con dificultad para su nascencia y posterior desarrollo, debido a la grave falta de humedad del terreno, principalmente ante la falta de precipitaciones de este otoño, uno de los más secos que se recuerda en muchos años. De hecho, se ha declarado de situación excepcional de sequía extraordinaria en el 80% de la cuenca del Guadalquivir por parte la CHG. Por tanto, dichos cultivos se enfrentan a una situación muy complicada, pudiendo sufrir un descenso significativo de producción en la superficie sembrada. Ante esta situación de sequía y también por la subida generalizada del precio de los fertilizantes, una buena parte de los agricultores no han abonado de fondo a la espera de la evolución de la meteorología.

Las zonas habituales de siembra de leguminosas de consumo humano, como judías, habas, lentejas, garbanzos e incluso soja, han reducido la superficie por la misma falta de lluvias, estando la tierra extremadamente seca. Las lluvias en dichas zonas apenas han superado los 81 litros por metro cuadrado, cuando en 2020 durante el mismo periodo las precipitaciones alcanzaron los 238 litros por metro cuadrado. Así, atendiendo a este descenso, las previsiones apuntan a que la producción de leguminosas se reduzca un 25%.

Las pocas parcelas donde se ha aplicado un abonado de fondo, lo han realizado usando complejos 15-15-15 o fosfato diamónico (DAP), y generalmente con menos dosis de lo habitual debido al alto precio que alcanzan éstos, otro inconveniente añadido a esta campaña y sin perspectivas de cambio de tendencia a corto plazo, en cuanto a dichos precios. En muchos casos no se está abonando de fondo por la falta de lluvias, y se espera a las mismas para abonar en cobertera.

Ante esta tesitura, es muy probable que se opte por cultivos con escasas necesidades hídricas, que sean más rústicos y con tolerancia a plagas y enfermedades. A este respecto podrían crecer en superficie cultivos como el triticale y el trigo blando, así como la cebada o el girasol. También otros cultivos que se siembran previo contrato con precios fijados al inicio de la campaña, como la remolacha, la quinoa, cártamo o incluso podrían predominar los barbechos.

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