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Desde el pasado 1 de enero de 2022 se ha implantado en Estados Unidos un nuevo etiquetado promovido desde el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA) para los alimentos modificados genéticamente a través de procesos biotecnológicos. El objetivo de este etiquetado es determinar y unificar las diferentes etiquetas de alimentos e ingredientes que han sido modificados científicamente. 

Fuente: www.fundacion-antama.org 

Los alimentos que antes se etiquetaban como que contenían “organismos modificados genéticamente” o con “ingredientes modificados genéticamente” ahora pasarán a etiquetarse con la distinción de “Bioingeniería”. Además, contarán en la etiqueta con un número de teléfono y un código QR para ayudar al consumidor para obtener más información sobre la tecnología que hay tras ese alimento y así poder hacer una compra lo más informada posible.

Los cambios son parte de las nuevas reglas del USDA sobre cultivos e ingredientes modificados genéticamente. Los requisitos de etiquetado anteriores se regían de manera diferente según el estado en el que se vendiera. A partir de ahora se contará con un estándar nacional uniforme para el etiquetado de alimentos de bioingeniería, “evitando un complejo mosaico de regulaciones estatales de etiquetado”, han explicado desde el USDA.

Comer alimentos obtenidos por biotecnología no representa ningún riesgo para la salud humana, así lo han declarado la Academia Nacional de Ciencias y la Administración de Alimentos y Medicamentos, además de numerosos órganos internacionales. Pese a ello este sistema de etiquetado está recibiendo bastantes críticas por el uso del término “Bioingeniería”, ya que no es un término con el que el consumidor esté familiarizado y que en muchos casos no identifica con biotecnología ni mejora genética.

“La peor parte de esta ley es el uso del término ‘bioingeniería’ porque ese no es un término con el que la mayoría de los consumidores estén familiarizados”, explicó Gregory Jaffe, director del proyecto sobre biotecnología para el Centro para la Ciencia en el Interés Público (Washington D. C., Estados Unidos). Desde su punto de vista se ha elegido este término para huir del clásico “organismo modificado genéticamente” sobre el que pesan ya demasiados mitos.

La nueva etiqueta también ha recibido críticas sobre ese código QR disponible en la etiqueta, ya que se considera que hay un alto porcentaje de la población estadounidense no tienen teléfonos lo suficientemente avanzados como para escanear dichos códigos. La nueva etiqueta requiere que los fabricantes, importadores y minoristas de alimentos ofrezcan información sobre si los alimentos son obtenidos por biotecnología o si utilizan ingredientes obtenidos de esa forma. Los fabricantes de suplementos dietéticos también deben cumplir este etiquetado, pero los restaurantes y otros establecimientos de servicio de alimentos no tienen que indicarlo.

Las empresas de alimentos han dicho que el momento de implantación no es bueno. Consideran que instituir este cambio en medio de una pandemia supone una carga indebida para una industria que ya se tambalea, según grupos comerciales de empresas y fabricantes de alimentos. Critican el momento, no la medida, ya que consideran que es importantísimo tener un marco uniforme en todo el país para etiquetar e informar sobre estos alimentos.

Desde el USDA sostienen que la medida pretende equilibrar la necesidad de brindar información a los consumidores sobre estos alimentos, intentando minimizar los costes para las empresas y por tanto al consumidor final. Más información en el artículo de The Washington Post.

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