Un estudio reciente del Credit Suisse estima que un 1% de la población es dueña de cerca de la mitad de la riqueza mundial, mientras que, en el otro extremo, la mitad más pobre de la población mundial solo posee un 1% de la riqueza. Esta desigualdad se manifiesta a nivel étnico, territorial e incluso en función de ciertas características como el género o la edad.

Las cooperativas ofrecen una respuesta a este reto ya que la igualdad es uno de sus rasgos esenciales, asumido desde su propia aparición, allá por la primera mitad del siglo XIX, aún antes que las primeras experiencias de igualdad de los derechos civiles. El modelo de jerarquía horizontal favorece una cultura del colaboración en equipo en la que se privilegia el talento frente al espíritu competitivo.

¿Cómo nos afecta la desigualdad?

Todos los seres humanos tienen derecho a la dignidad y a ser respetados. El incumplimiento de este derecho, provoca consecuencias negativas importantes sobre la autoestima y la percepción de la justicia así como en el ámbito socio-económico.

La desigualdad es mala para la economía, pues reduce el crecimiento del PIB y con ello la inversión en materia educativa y sanitaria, lo que perjudica especialmente a los más desfavorecidos. Y es mala para la sociedad en general, pues la exclusión social impide contribuir con el protagonismo personal en las estructuras de la sociedad: empleo, formación, vivienda, salud, así como en la misma participación política. En este sentido, la inequidad erosiona la legitimidad de las instituciones democráticas, desalienta el protagonismo personal y en la vida social y política y favorece la corrupción, lo que es desastroso para la democracia. Y todo ello, genera una degradación personal que puede degenerar en conflictividad social y violencia.

 

¿Cómo ayudan las cooperativas?

El modelo cooperativo, afirman desde URCACyL, contribuye decisivamente a aportar soluciones, ya sea en el ámbito social, político o económico, gracias a sus características más esenciales:

Las cooperativas son propiedad de todos. La gestión comunitaria de la propiedad en las cooperativas las ha convertido en una herramienta probada de inclusión económica y social. Además su principio de puertas abiertas permite que  cualquier persona –hombre o mujer, viejo o joven- pueda formar  parte activa y protagonista en ellas. Y el poder de decisión es independiente de la riqueza de cada uno, en la medida que cada socio de la cooperativa tiene derecho a un voto, más allá del volumen de su aporte de capital.

La equidad significa un acceso equitativo a los bienes y servicios básicos, especialmente para los sectores de población generalmente excluidos. La ONU reconoce el papel de las cooperativas pues se centran en satisfacer las necesidades de sus socios y no en la obtención de un resultado financiero favorable.

Por todo lo dicho, el movimiento cooperativo presenta una combinación única de modelo con alcance mundial y de conducta empresarial enfocada en las personas, desde donde se puede jugar un papel importante en el combate por la reducción de la pobreza y las desigualdades. Las cooperativas contribuyen a reducir la inequidad al dar protagonismo a las personas y al ofrecerles una forma digna y sostenible de ganarse la vida.

Desde Urcacyl se qiere hacer llegar a la sociedad la importancia de la contribución real, presente y futura, de las cooperativas, en todos los aspectos de la vida de las personas, aprovechando la celebración del Día Internacional de las Cooperativas este sábado 4 de julio.

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