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Pese a que el tratado de la UE con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) se anunció el 28 de junio, aún hoy ni la Comisión ni el Gobierno español han aclarado al sector citrícola las condiciones concretas del mismo. El Ministerio de Agricultura de Brasil, sin embargo, ya lo ha hecho: los aranceles al zumo de naranja concentrado brasileño desaparecerán progresivamente en 10 años y los del zumo 100% exprimido -que es estratégico para la industria española- lo harán antes, en 7. Los derechos aduaneros para las importaciones de naranjas y mandarinas en fresco, a falta de mayor detalle sobre los pla-zos, también se eliminarán. Con tales parámetros, el Comité de Gestión de Cítricos (CGC) --la asociación que aglutina a los principales exportadores de España-- alerta del “impacto directo” que a medio plazo este acuerdo provocará en la actividad de las plantas procesadoras de zumo del país, lo que a su vez repercutirá mermando los ingresos de los citricultores. La falta de un destino cierto para las, entre 650.000 y 800.000 toneladas (Tm) de naranjas no aptas para el mercado en fresco que cada año se cosechan y que se valorizan con el zumo no sólo tendrá graves repercusiones económicas para el productor sino que amenaza con dege-nerar en un “problema medioambiental añadido” derivado de la gestión de los lixiviados de la fruta.

La competencia en Europa entre dos citriculturas líderes pero antagónicas como la brasileña –de-dicada casi en exclusiva a la industria de zumos- y la española –que trabaja para el mercado en fresco- sin los aranceles que hasta hoy protegían a duras penas a los productores europeos es, a juicio del CGC, “muy complicada”. Nuestro país, siendo el cuarto/quinto mayor productor de cítricos (unos 7,5 millones de Tm) y el sexto en naranja concretamente, comercializa en fresco hasta 5,6 millones de Tm y con 3,7-4,2 millones de Tm por temporada es el primer exportador en fresco. Pero lo es gracias al mercado comunitario, donde dirige el 91-93% de sus ventas exteriores y también la práctica totalidad de lo que transforma en zumo. Bra-sil, por contra, pese a ser el segundo productor de cítricos y el primero en naranjas, apenas las exporta en fresco pero sí es con mucha diferencia el gran procesador de zumos del planeta (transforma una media de 12 millones de Tm). El mercado europeo, en cuanto al zumo ‘100% exprimido’ se refiere, ya tiene un reparto desigual: España aglutina ventas por un volumen de 250.000/300.000 Tm pero Brasil casi triplica ésas cifras.

Los costes del modelo agrario brasileño basado en el zumo –con inmensas explotaciones en manos de unos pocos propietarios y con un sistema de producción que es mucho menos exigente que el fresco- son inalcanzables para la citricultura española: producir una naranja en el país sudamericano es al menos tres veces más barato y recogerla hasta diez. Con este sistema en el campo, a su vez, se generan economías de escala en el proceso de transformación y en la logística para su venta (un 95% del zumo brasileño se exporta). Las tres grandes corporaciones brasileñas que controlan las tierras y más aún las plantas de zumo –Citrosuco, Cutrale y Louis Dreyfus- tienen en propiedad flotas con grandes buques y situar su producto en los puertos de Rotterdam (Holanda) o Gante (Bélgica), les cuesta hoy casi lo mismo que les supone a las procesadoras españolas transportar su zumo de Andalucía, Murcia o la Comunidad Valenciana a Francia en camión cister-na. En tales condiciones de oligopolio, la actuación efectiva como cartel a la hora de fijar precios, los de su oferta y los internacionales, es una tentación “que con este tratado será más fuerte”, a juicio del CGC.

 Reforzar las posiciones en Europa de la oferta brasileña ya mayoritaria de zumos (tanto en el ‘100% exprimido’ como, más aún, en el concentrado) gracias a la eliminación de los aranceles, permitirá bajar si cabe más los precios, lo que inevitablemente arrastraría a la industria española. La nueva ganancia de cuota de mercado de los tres gigantes brasileños tendrá como consecuencia directa que ésas naranjas que antes se aprovechaban para ser transformadas se irán quedando en los campos porque su valor no cubrirá ni los costes de recolección y menos aún los de procesado, lo que inevitablemente repercutirá muy seriamente sobre la renta del citricultor.

  Los requerimientos medioambientales, fitosanitarios y sociales de Brasil son mucho menos exigentes que en la UE. Su citricultura, además, es conocida por los altos niveles de afección de las enfermedades más temidas: ‘mancha negra’ (Citrus Black Spot, CBS), la Clorosis Variegada de los Cítricos (CVC), el Citrus canker o el Citrus greening (HLB). Para frenar la expansión del insecto que extiende esta última bacteria, los grandes productores recurren a entre 18 y 24 pulverizaciones aéreas (práctica prohibida en la UE) con productos   –neonicotinoides- de uso muy restringido o prohibidos en Europa por su toxicidad e impacto ambiental.

“La eliminación de los aranceles perjudicará a la industria española transformadora, afectando a de-cenas de miles de citricultores españoles; mientras que en Brasil tan solo favorecerá a tres multinacionales, no a los pequeños/medianos productores brasileños”, explica gráfico el presidente del CGC, Manuel Arrufat.

Lixiviados

El CGC, además, alerta sobre el problema medioambiental que supondría que los citricultores no puedan desviar a la industria de zumos la fruta con defectos en la piel o con falta de calibre pero buena calidad or-ganoléptica. Ese porcentaje de entre el 15 y el 20% de la cosecha que no se podrá, en su caso, recolectar se podría convertir en residuos sin aprovechamiento generando lixiviados, que pueden contaminar los suelos y las aguas cuando no multiplicar la presencia de hongos y plagas en el campo.

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