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Por fin, subrayan desde ASAJA Palencia, se han publicado los datos regionales sobre la incidencia de la tularemia en el año 2019, último año en que los topillos inundaron los campos de la provincia de Palencia y realizaron cuantiosos daños, tanto en los cultivos como en las personas. Dos años más tarde, la Consejería de Sanidad ha publicado los datos de las enfermedades de declaración obligatoria, donde se incluye la tularemia. El Instituto Carlos III publica con diligencia los datos nacionales, que incluyen un desglose autonómico, pero se desconocian los datos provinciales hasta ahora, destacan desde la organización agraria.

Las investigaciones de la Universidad de Valladolid corroboran lo observado por las personas del sector agrario y es que los topillos son el principal transmisor de la tularemia que hay en Palencia. La tularemia pervive en los topillos, entre otras especies, y en momentos de mucha población la incidencia de la enfermedad también aumenta, es decir, cuantos más topillos hay mayor porcentaje de ellos tiene tularemia.

En los años 1997 y 1998 la tularemia se manifestó en las liebres y en Palencia existieron 151 casos -589 casos en toda Castilla y León-. Pasaron diez años y en 2007 hubo la mayor explosión de topillos conocida hasta ahora, que se saldó con 320 casos en Palencia, sumando los datos de 2007 y 2008 -660 casos en Castilla y León-. En 2014 volvió a producirse una elevada incidencia de tularemia asociada a la presencia masiva de topillos y en Palencia se alcanzaron los 67 casos -95 a nivel regional-. Finalmente, acabamos de conocer que en 2019 se han producido en Palencia 161 casos -180 en Castilla y León y 184 en toda España-.

Cuando se estudian los datos de incidencia se calculan en referencia a la población de la provincia pero a día de hoy a nadie se le escapa que donde reside el problema es en las zonas más afectadas por topillos, principalmente la comarca de Campos  de Palencia. Si se realizara dicha acotación se magnificaría el dato de incidencia y si además se tuviera en cuenta el número de agricultores y ganaderos infectados en estos años respecto del total de los existentes, se vería la realidad de la dimensión del problema y tendría todo el sentido que la tularemia fuera declarada enfermedad profesional en el gremio agrario.

Además, hay que tener en cuenta que hay muchas personas que han pasado la tularemia siendo diagnosticados de otra enfermedad y que también hay casos en los que ni siquiera el enfermo ha acudido al médico. Si a esto le añadimos que los anticuerpos generados tras la infección suelen ser muy persistentes, podemos ver que la tularemia tiene una dimensión importante y que no se está valorando suficientemente, máxime cuando es una enfermedad que no se cura en un plazo corto, generalmente los infectados tienen recaídas durante años con fiebre, dolores articulares y falta de fuerza en las extremidades.

Ya en 2019 ASAJA-Palencia valoró las pérdidas de la provincia en 18 millones de euros.