Se nos abren las llagas de dolor cuando se ven en TV las noticias del juicio de Igor el ruso, asesino (todavía presunto) del joven ganadero y compañero de COAG, José Luis Iranzo y de los dos guardias civiles que murieron en aquella fatídica tarde del 14 de diciembre de 2017.

Y se nos abren con más virulencia cundo se nos muere como el rayo un compañero de toda la vida, otro hombre bueno, nuestro responsable del sector remolachero, Fernando García.

Por tanto dolor, estos días somos, llorando, sus hortelanos.

Fernando García fue mucho más que un gran profesional. Se convirtió en referente indiscutible del sector de la remolacha por su defensa de los productores frente a la industria azucarera. Sin él no puede entenderse el sector remolachero español de los últimos treinta años. Una lucha constante que sostuvo a todos los niveles: su contribución siempre resultó clave en beneficio de los remolacheros, acuerdos marco, ayudas asociadas o sentencias que obligaron a la Consejería y a la empresa a pagar lo que estaba comprometido.

José Luis Iranzo era la persona en la que creíamos muchos compañeros de COAG para ser el máximo dirigente de la organización, una persona comprometida y luchadora, una persona sencilla, muy preparada académicamente, enamorada de su trabajo como lo fue su abuelo: el pastor de Teruel, conocido en todo el mundo como el mejor cantaor de la jota aragonesa.

Cuando ves entrar en la audiencia provincial de Teruel a un asesino, con gesto altanero y montaraz, con rasgos de sonrisa interna y haciendo la V de victoria, no puedo por menos que reconocer un cierto odio a este personaje que por ser un delincuente en un país democrático goza     de todos los derechos. Y me cuesta entender que haya abogados dispuestos a defender a este individuo cuando podrían negarse por cuestiones de ética profesional.

En su época de dirigente de las Juventudes Agrarias de COAG, en Bruselas, en Madrid defendió como nadie la incorporación de jóvenes a la actividad agraria. Conocedor de la necesidad del relevo generacional en la agricultura como base fundamental para frenar la despoblación en el medio rural.

Si en determinadas zonas de España, entre ellas la comarca de Andorra en Teruel, se hubiera trabajado políticamente para evitar que se convirtieran en desiertos demográficos, es posible que no hubiera servido como escondite para Igor el ruso. Quizá los Cuerpos de Seguridad del Estado hubieran tenido más medios para hacer su trabajo. Porque algo falló para no poner en marcha un dispositivo especial a pesar de las circunstancias que se dieron: un asesinato en Italia, al autor lo buscaba la Interpol en España, y una agresión con intento de asesinato en la misma comarca de Teruel. Pero la despoblación hizo que la búsqueda fuera como buscar una aguja en un pajar.

Ahora le toca a la justicia contar toda la verdad. No parece muy razonable que el dispositivo de búsqueda estuviera compuesto por dos guardias civiles y un ganadero como conocedor del terreno. Y que éste volviera solo a su granja cuando ya empezaba a oscurecer.

Allá donde estés José Luis espero que puedas encontrarte con tu abuelo y puedas escuchar La Palomica:

Palomica, palomica

No levantes tanto el vuelo

Que te vas a salir de España      

Y no sabrás volver luego.

 

Por Aurelio Pérez Sánchez, Coordinador de COAG CASTILLA Y LEÓN

Tags: 

Sección: